Así nació la colonia Santo Domingo al sur de la capital

Mochilazo en el tiempo

La colonia Pedregal de Santo Domingo cumple 50 años este 2021. Sus calles fueron planeadas sobre rocas volcánicas, producto de la erupción del Xitle hace mil 700 años. Los primeros pobladores dieron una lección de organización y resistencia en defensa de sus viviendas

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La colonia Pedregal de Santo Domingo, en 1972, cuando aún se veían “calles” de rocas volcánicas. Crédito: Jorge Soto. Archivo EL UNIVERSAL.

Texto: Melissa Damián

Al sur de la ciudad de México existen varias poblaciones que lograron desarrollarse donde alguna vez hubo lava volcánica, tal es el caso de las colonias Santa Úrsula, Jardines del Pedregal, Ciudad Universitaria, Copilco, Cuicuilco, Romero de Terreros y Pedregal de Santo Domingo.

La erupción del Xitle, uno de los ocho volcanes que hay en la capital, provocó que sus flujos de lava bajaran por las laderas del Ajusco hace mil 700 años. La topografía de los alrededores condujo a esos ríos incandescentes hacia las planicies del Valle de México, donde años más tarde se establecerían aquellos asentamientos humanos, de acuerdo con el investigador de Geofísica, Claus Siebe.

El avance de la lava fue lento, los animales y personas que habitaban la zona pudieron huir fácilmente del lugar que al enfriarse la lava quedó cubierto por rocas volcánicas.

Fue alrededor del año 700 d.C. que grupos de indígenas llegaron a estas zonas y se apropiaron de las tierras de forma comunal.

El nuevo terreno era árido, estéril y rasposo, resultó un tipo de suelo al que algunos llamaron “malpaís”. Siglos más tarde, el 28 de agosto de 1948, los comuneros de Santo Domingo de los Reyes solicitaron la titulación de sus bienes.

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Así lucía una zona del Pedregal en los años 70. Foto: Cortesía de Fernando Díaz Enciso.

Los pobladores de mayor edad narran que se encontraron papeles novohispanos que demostraban dicha propiedad y que estaban en un altar construido por la orden dominica.

“Un altar en medio de las piedras” que se convirtió en una capilla para Santo Domingo y San Francisco hacia 1957, según afirma el profesor Rafael Rojas, cuya abuela vivía en una de las pocas casas que hubo en aquellos años en el inhóspito pedregal.

Cuentan que la colonia ganó su nombre por esa primera capilla. Hoy, el altar se convirtió en La Parroquia de los Santos Fundadores Santo Domingo y San Francisco.

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Imagen de la Parroquia de los Santos Fundadores, lugar donde dicen los pobladores de mayor edad de la colonia, se encontraron papeles de la época de la Nueva España que demostraban la propiedad comunal de esos terrenos. Foto: Cortesía de Melissa Damián.

El pedregal de Santo Domingo era el malpaís: había pocas casas, el terreno estaba repleto de desniveles pedregosos. Víboras, alacranes, ratas y tarántulas hacían difícil la vida de sus pocos habitantes.

A pesar de ello, el terreno había sufrido intentos de invasión, por estar al lado de la Ciudad Universitaria y cerca de otras colonias. Juan Ramos, un líder de personas sin casa, intentó invadir el pedregal en 1968.

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La foto antigua es de 1972, cuando en los terrenos aún había presencia de roca volcánica. Archivo EL UNIVERSAL. La imagen actual es de la calle Canahuitli, una de la colonia Santo Domingo, cortesía de Melissa Damián.

Cuando Echeverría regularizó 63 colonias


En 1971, el presidente Luis Echeverría cargaba el fardo de las matanzas de Tlatelolco (1968) y del jueves de Corpus (1971), por lo que buscaba recuperar el apoyo popular.

Durante su primer informe de gobierno, el presidente dijo que había dado instrucciones para que se regularizaran 63 colonias populares en el entonces Distrito Federal y al interior de la República.

Estudiosos señalan que lo que dicho por Echeverría podría haber sido filtrado a ciertos líderes, como Juan Ramos, señalados por sus vínculos con la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) y con el PRI. Los líderes, de inmediato, se beneficiarían de ese discurso.

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Mural de Santo Domingo, este año la colonia cumple 50 años de existencia. Cortesía Melissa Damián. 

Tres días después del informe, alrededor de 4 mil familias llegaron a Santo Domingo por los rumores de que estaban dando terrenos. La mayoría de los recién llegados era muy pobre. Muchos habían sido expulsados por la precariedad del campo; otros eran azotados por las rentas de la ciudad. 

“Mi padre y mi madre supieron que había terrenos y que estaban invadiendo en un lugar muy feo, les dijeron. Cuenta mi madre que a mi padre no le interesó mucho, pero mi mamá fue a ver ese lugar y se quedaron ese mismo día. Mi tía Sara le regaló el techito de su lavadero a mi mamá, se lo trajeron caminando desde la colonia Ruiz Cortines y fue nuestra primera casa”, cuenta Sixto Gerardo Sánchez, quien ahora ronda los 55 años.

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Imagen de la colonia Santo Domingo en décadas pasadas, “Venimos de todos lados” se alcanza a leer debajo de la fotografía.  Cortesía de Fernando Díaz Enciso.

Los líderes actuaron rápido. Cobraban a la gente una cuota por la asignación de terrenos y algunos fotografiaban a los jefes de familia y les daban una credencial. Periódicamente éstos debían pagar cierta cantidad de dinero para se reconociera el asentamiento y llegaran los servicios.

Con todo y cuotas, los colonos trabajaron el malpaís. Mujeres y niños de lunes a viernes; y hombres, sábados y domingos, picaron la piedra o la dinamitaron. Fueron construyendo sus casas, la mayoría de lámina de cartón o madera de huacal.

El terreno los exponía a todos a caer en un hoyo de piedra o lastimarse. Los huecos, que podían medir hasta cinco metros de profundidad, se llenaron con las rocas mismas que iban sacando, así como de llantas y mezcla.

“Poco a poco fueron desapareciendo las piedras volcánicas de las calles, poco a poco fueron extinguiéndose las biznagas, las lagartijas, las plantas con espinas. Poco a poco la colonia fue tragándose el pedregal”, escribió Jorge Pulat en el libro Las mil y un historias de Santo Domingo, escrito por el profesor Díaz Enciso.

Los líderes organizaban a los colonos para que cada familia aportara cierta cantidad de horas de trabajo en las faenas y si no podía, que le pagaran a alguien para que los cubriera.

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Una de muchas casas construidas sobre piedra volcánica en la coloniaSanto Domingo, 2021. Fotografía cortesía de Melissa Damián.

Los abusos al poco tiempo quedaron a la luz: “Juan Ramos dijo que iba a hacer un centro social pero solo nos sacó dinero para hacer su casa y nunca volvió. A veces me quedaba sin comer para no perder mi terreno. El señor éste, Juan Ramos, ha de estar tatemándose en el infierno”, narra María de Jesús Granados.

Y, en respuesta, la organización popular se fortaleció: “Nos sentábamos todos a comer frijoles y papas. Es la primera vez que supe lo que es la vida en común. Yo era una persona con una venda en los ojos hasta que viví en Santo Domingo. Poníamos una olla de café para todos”, cuenta Lucía Reyes, vecina de la zona, en el libro Las mil y una historias del Pedregal de Santo Domingo, autoría del profesor Díaz Enciso.

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Habitantes de la colonia Santo Domingo exigen servicios y vivir con dignidad ante las precariedades en la colonia. Foto: Cortesía Fernando Díaz Enciso.

Con el tiempo, las calles se fueron trazando. Las vías primero tuvieron nombres según sus características: Oaxaca se llamó la calle donde se instalaron muchas personas provenientes de ese estado; Promesas a donde llegaban líderes y políticos para pedir confianza y votos. Años después el gobierno del Distrito Federal otorgaría otros nombres a las vialidades.

Si alguna calle se superponía a la casa de alguien, había grupos que le buscaban un nuevo lote, aunque no fuera en Santo Domingo. El profesor Fernando Díaz Enciso, un universitario que también había encontrado un lote y que quería contribuir a esta nueva lucha por la tierra, era uno de ellos.

Los comuneros se aliaron con las autoridades para impedir que más personas invadieran. Granaderos y policías llegaron a rodear la zona. Los vecinos los acusaban de destruir y quemar sus casas. Algunos colonos fueron asesinados y otros fueron desaparecidos.

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Las poblaciones de estos lugares tuvieron que unirse contra las injusticias, los malos o nulos servicios y la inseguridad, entre otras problemáticas y servicios  Foto: Cortesía Fernando Díaz Enciso.

Las casas de la “ciudad perdida” contrastaban con la Ciudad Universitaria y el lujo del Pedregal de San Ángel.

“Estuvimos viviendo debajo de una piedra durante mucho tiempo, dispuestos a cualquier peligro de un animal. El agua la teníamos que ir a traer hasta la colonia Ajusco. No teníamos luz, nos alumbrábamos con un aparato de petróleo. No teníamos ni para comer porque no podíamos dejar solo, ni salir a trabajar porque de veras necesitábamos el pedazo de tierra para vivir”, cuenta la señora Ángela Aguilera, en el libro Las mil y una historias del Pedregal de Santo Domingo, autoría del profesor Díaz Enciso.

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La conocida calle de Delfín Madrigal, al sur de la capital, en los años 70 y 80. Fotos: Cortesía

El acceso al agua fue un problema por mucho tiempo y los colonos tenían que caminar hasta la colonia colindante, Ajusco, o esperar a que llegaran las pipas de agua y, claro, pagar por llenar sus contenedores. La luz llegó por la instalación de postes y cables que se colgaban de la electricidad del Ajusco.

Muy pronto también se abrieron sitios para la venta de abarrotes, farmacias, tlapalerías, madererías y mercados.

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La calle de Mixquilpolco esquina con Chaucingo, en la colonia Santo Domingo de la Ciudad de México, 2021. Foto: Melissa Damián.

Problemas entre líderes y comuneros


Los problemas entre comuneros, líderes y vecinos eran muy comunes. Muchos de ellos terminaban en actos violentos y, casi siempre, los colonos eran los más afectados.

Luego de un decreto expropiatorio se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 4 de diciembre de 1971, los terrenos pasaron a la propiedad del Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad y la Vivienda (Indeco).

Las autoridades buscaban, en apariencia, regularizar la propiedad y mediar entre la comunidad, los líderes y los comuneros, pero en el fondo, en realidad intentaban quedarse con un pedazo de tierra para construir viviendas para clase media y alta. Por ello, en 1972, personal del Indeco fue expulsado con violencia de la zona de Santo Domingo.

Los líderes que se habían aliado con esas autoridades empezaron a perder su credibilidad y, por tanto, su poder.

En 1973 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la constitución del Fideicomiso de Interés Social para el Desarrollo Urbano del Distrito Federal (Fideurbe), del cual pasó a formar parte la colonia Santo Domingo.

Fideurbe logró indemnizar y otorgar un lote a cada comunero y llegar a acuerdos con los colonos para la regularización.

Sin embargo, poco después, los propietarios originales reclamaron la propiedad de la tierra.

“Los comuneros en cuestión, encabezados por los señores Melesio Hernández y Francisco López Molina hicieron saber a las autoridades distritales que (...) los terrenos del Pedregal de Santo Domingo de Los Reyes estaban siendo invadidos, lo cual ponía en peligro los derechos que ellos tienen para ser reacomodados por Fideurbe”, reportó EL UNIVERSAL el 27 de julio de 1975.

El Departamento del Distrito Federal respondió que las invasiones serían sancionadas.

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Hemeroteca EL UNIVERSAL.

Los comuneros se ampararon y la Suprema Corte falló a su favor. Pero la lucha de los vecinos logró, años después, que los terrenos se reescrituraran a nombre de los habitantes que, mediante organización, coperachas y mucho trabajo, llevaron agua, luz y más servicios a la colonia.

Al término del sexenio de Echeverría Álvarez, la Comisión para el Desarrollo Urbano del Distrito Federal (Codeur) inició el proceso de regularización de las tierras, que continuó con la entrega masiva de escrituras en1988. 

Muestras de organización popular


Desde los primeros años de la colonia Santo Domingo, los vecinos fueron improvisando clases para los niños. Los asientos eran rocas y el techo, el cielo mismo.

El joven Fernando Díaz Enciso, quien también participaba en la organización de los lotes, quería que las letras llegaran a más, por eso invitaba a todos, siempre creyó que el que supiera leer podía ser maestro.

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Imagen de la primera escuela de la colonia Santo Domingo. Los asientos eran rocas. Cortesía Fernando Díaz Enciso.

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Así luce hoy la Escuelita Emiliano Zapata. Cortesía de Melissa Damián.

Gracias a la cooperación de los habitantes y de los ahorros, la comunidad pudo fincar la Escuelita Emiliano Zapata, que fue un faro de cultura: con un museo hexagonal que traía a “la ciudad perdida” elementos que se exponían en otros espacios de prestigio, con su taller de teatro de barrio, su librería y su mural. Las clases siempre fueron gratuitas.

También se hizo  un comedor comunitario que, 50 años después, sigue dando desayunos y comidas a solo 11 pesos.

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Varios problemas entre pandillas del lugar se solucionaron a través de conciertos y diálogo. En la imagen, el comedor comunitario con más de 50 años en servicio. Especial.

“Para combatir la drogadicción hicimos ‘La Granja’, el ‘Centro de Oficios’ y el ‘Laboratorio de Teatro’ con María Alicia Medrano. Ayudó mucho a recomponer a los jóvenes, pero lo que más les impactó fue ver a muchos compañeros de su cuadra desaparecer por problemas de droga. O los metían a la cárcel o los mataban”, cuenta el profe Díaz Enciso.

El profesor se volvió el cronista de la colonia. En 2021 el MUAC prepara una reedición de su libro testimonial Las mil y una historias del Pedregal de Santo Domingo.

El Parque y Deportivo "El Copete" es el único espacio verde que la invasión dejó. Debido a la pandemia, se permite la entrada sólo de lunes a viernes por las mañanas. En el deportivo hay una alberca y se imparten clases de yoga.

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El profesor Fernando Díaz Enciso en entrevista con este diario. Foto cortesía de Melissa Damián.

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Perspectiva del Parque y Deportivo "El Copete", única área verde que dejó la invasión. Cortesía Melissa Damián.

Actualmente, la colonia ya cuenta con electricidad, agua y alcantarillado. Las calles resultaron más rectas y espaciosas hacia el norte y más caóticas y angostas hacia el sur; sin embargo, Santo Domingo registra problemas de violencia y delincuencia; por ello, aún falta mucho por hacer.

Pero también Santo Domingo deja una lección de organización popular que alguna vez hizo posible todo en esta colonia.

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Calle de Canahuitli, en la colonia Santo Domingo, al sur de la capital, 2021. Foto cortesía de Melissa Damián.
 

  • Fuentes:
  • Azuela, Antonio; Tomas, François, El acceso de los pobres al suelo urbano, Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1996. Consultado en: https://books.openedition.org/cemca/903
  • García Jiménez, Plutarco Emilio, Cien años de lucha por la tierra y libertad… y Zapata sigue cabalgando, La Jornada del Campo, 17 de abril de 2010, Num. 31.
  • Rodríguez, Nadia, Recorre los túneles de lava del volcán Xitle en el Ajusco, EL UNIVERSAL, 02/07/2021. Consultado en: https://www.eluniversal.com.mx/destinos/recorre-los-tuneles-de-lava-del-volcan-xitle-en-el-ajusco
  • Siebe, Claus, La erupción del volcán Xitle del Pedregal hace 1670 +/-35 años AP y sus implicaciones. Consultado en:  http://www.repsa.unam.mx/documentos/Siebe_2009_volcan_xitle.pdf
  • Los testimonios fueron tomados de:
  • Díaz Enciso, Fernando, Las mil y una historias del Pedregal de Santo Domingo. México: Conaculta, 2002.
  • Díaz Enciso y pobladores, Las mil y una historias del Pedregal de Santo Domingo II. México: Fonca, 2009.

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