Es notable cómo los comentaristas de radio y TV decidieron que la única razón por la que Trump intervino en Venezuela es para “llevarse el petróleo”. “No es otra cosa”, decía alegremente un locutor. Pero esta explicación es parcial y simplista, y hay mucho que precisar y agregar. Hay al menos cuatro grupos de razones que decidieron la intervención norteamericana:

La primera es por completo política: Trump sabe que las elecciones parlamentarias de noviembre en los EE. UU. son una amenaza a su hasta ahora ilimitado poder. El 56% de los votantes blancos que lo apoyaron de forma clara en 2024, hoy están en 47%. Otra encuesta (Silver Bulletin) pone esta cifra en 41% En cuanto al total de los votantes, sólo el 37% aprueba su gobierno (YouGov y The Economist) y la cifra baja hasta 32% según el NYT. Por otra parte, la proporción de jóvenes-Generación Z que lo apoyan es de 42% (datos de CNN).

En una declaración reciente, Trump dijo que sabía que si pierde el Congreso este fin de año, va a ser (de nuevo) judicialmente impugnado (impeached) y por eso ha apoyado la redistritación de regiones demócratas, una trampa electoral que le daría de forma artificial, más diputados de los que tuvo en las elecciones pasadas.

Por tanto, está obligado a redoblar su imagen de superpresidente que lucha por los intereses de America en todos los foros. ¿Qué mejor que tomar acciones efectivas contra enemigos externos, como los narcoterroristas latinoamericanos y los políticos que los apoyan?

La segunda razón es geopolítica: Los EE. UU. están compitiendo a nivel global – económicamente, tecnológicamente, diplomáticamente-- con China, la segunda economía del mundo. La operación contra Maduro fue un ejemplo decisivo de aplicación de la doctrina Donroe --antes Monroe—“América para los Norteamericanos”, sujeta a una concepción del orden internacional de esferas de influencia en un mundo multipolar que ya ha comenzado a desplazar al anterior orden internacional.

La estrategia de seguridad nacional de Trump de 2017 especifica claramente que no se permitirá la intervención en el “Hemisferio Occidental” de “competidores no hemisféricos”. Muy claro.

Venezuela lleva veinte años vendiendo petróleo a China (no a Rusia, que es exportador del energético), pero a precios descontados de $31 Dls. el barril. A cambio, China otorgó al régimen chavista créditos por entre 50 y 60 miles de millones de dólares desde 2007 (mmd). (No hay cifras oficiales. Datos de la revista Forbes). Los dos países han acordado que los créditos serán eventualmente pagados con petróleo. Por cierto, como pasa en todos los regímenes autoritarios, Venezuela dejó de publicar datos de su deuda en 2017.

En noviembre 2025, del total de entre 800 y 900 mil bpd que exportaba Venezuela, el 80% iba a China (otras fuentes dicen que es el 50%) a través de petroleros ilegales, la llamada Shadow Fleet, barcos sin registro o con registros falsos que no revelan sus rutas reales, y que a mitad del océano pacífico trasladan su carga a otro barco que si tenga registro y bandera.[1] Estos tanqueros se han especializado en transportar hidrocarburos para países petroleros con sanciones internacionales: Rusia, Irán y Venezuela. Bajo la ley marítima internacional, es posible decomisar legalmente esas embarcaciones, que es lo que empezó a hacer la flota naval de EE. UU. en el Caribe.

Para China, esas importaciones han representado sólo entre el 3 y el 4% de sus compras del energético, lo cual indica que en cierta forma podrán sustituir parte de lo que compraba a Venezuela con petróleo iraní (Center for Global Energy Policy).

En el nuevo status, el secretario de energía de Trump, Chris Wright, anunció que Estados Unidos controlará la venta del crudo de Venezuela por un tiempo “indefinido”. No queda claro el camino que seguirá China para cobrar los créditos a Venezuela. Seguramente tendrá que asumir pérdidas.

Por ahora, el petróleo venezolano que los EE. UU. ha decomisado a los tanqueros ilegales se venderá a su precio de mercado de $45 por barril, y luego los ingresos serán transferidos por Estados Unidos a Venezuela a través de una cuenta especial, probablemente con alguna comisión para el distribuidor. Incluso China podría comprar ese energético a los nuevos precios para alimentar a sus refinerías especializadas en crudos pesados. Claramente, este mecanismo deja abiertas muchas preguntas y temas prácticos y legales.

Los primeros decomisos ya fueron vendidos por 500 md, de los cuales el gobierno venezolano ya anunció que recibiría de inmediato $300 millones, con los que “cubrirá necesidades inmediatas”, declaró la presidenta Delcy Rodríguez. A su vez, el Presidente de la Asamblea Nacional Jorge Rodríguez hermano de la Presidenta, informó que trabajan en un proyecto para la creación de páginas web donde se publicará información detallada sobre los recursos económicos que ingresen por la venta de petróleo y otras riquezas minerales.

La tercera razón reside en el ámbito económico: Trump tiene la ilusión de que empresas petroleras norteamericanas van a entrar a Venezuela a extraer el crudo, por lo que el 9 de enero en la Casa Blanca propuso a las empresas de su país a entrar al país sudamericano para reconstruir su industria petrolera.[2]

Sin embargo. es más fácil comercializar el petróleo venezolano decomisado en el mar, que producirlo, debido a que la infraestructura petrolera del país está prácticamente destrozada por 26 años de chavismo: tanques corroídos, gasoductos averiados, pozos agotados, falta de equipo y de inversión. Su producción en barriles diarios, que llegó a 3,7 millones en los años setenta, hoy está en menos un millón de barriles diarios. La falta de inversión y mantenimiento ha dejado las instalaciones sujetas a fuegos, explosiones y derrames, y sus equipos se han canibalizado. La producción de las refinerías ha caído al 20% de capacidad. Una tercera parte de la capacidad de almacenaje está sin utilizar. Más de los 22 barcos del país necesitan reparaciones. El costo de modernizar todo esto es de alrededor de 90 mmd y tomaría años.

Por tanto, ninguna compañía internacional se arriesgaría a poner esas cantidades en la mesa. En la reunión con el Presidente, los líderes de Exxon Mobil, Chevron y otras petroleras recordaron que sus activos ya habían sido decomisados en dos ocasiones distintas en el país, por lo que volver a entrar ahí requeriría cambios significativos no sólo en la legislación del país, sino en la propia PDVSA. Uno de ellos declaró que era imposible por ahora invertir en el país. Un tema adicional es que el gobierno norteamericano ha dejado sin tocar las sanciones contra Venezuela, muchas de las cuales impiden a empresas del país hacer operaciones en el país.

En un contexto más amplio, los Estados Unidos son el primer productor mundial de petróleo y están en el proceso de explotar los yacimientos de Guyana, un promedio de 1,5 millones de barriles diarios, sin problemas políticos y a un costo de $35 por barril. Literalmente nadan en petróleo. No tendría sentido económico meterse en un país gobernado por ahora por la misma élite chavista, con un futuro incierto. Es decir: esta vez, el antiguo pensamiento “imperialista” de controlar los recursos de otro país está más en la Casa Blanca que en las empresas petroleras.

La cuarta razón, tal vez la menos importante, es la que oficialmente se dio para capturar a Maduro: detener el flujo de drogas a los Estados Unidos. Formalmente, Maduro, de 63 años, está acusado en una corte federal de Manhattan por narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína, posesión de armas y dispositivos destructivos, y conspiración para poseer esos armamentos contra Estados Unidos. Además “permitió que "la corrupción alimentada por la cocaína floreciera" en beneficio propio, de su familia y de altos funcionarios de su régimen (Revista El Tiempo, 9 de enero, 2026).

Y aún así, las más de cien lanchas bombardeadas durante cinco meses por aviones norteamericanos, en clara violación al derecho internacional, llevaban cocaína a Europa, y no fentanilo a los EE. UU.

Finalmente, conviene recordar que meses antes de la captura de Nicolás Maduro, la fiscal general de Estados Unidos reveló que múltiples bienes ligados al líder venezolano habían sido decomisados con un valor acumulado de 700 millones de dólares, y que el valor total del patrimonio vinculado a Maduro y sus allegados —hasta mayo de 2024— sería de 3 mil 826 millones dólares. Además, después de su captura, el gobierno de Suiza anunció que las cuentas bancarias de Maduro en el país quedaban congeladas, sin mencionar los montos de los depósitos.

Me pregunto si las personas que salieron a las calles de la CDMX la semana pasada para apoyar a Maduro saben que están defendiendo a un pillo que le robó una fortuna al pueblo de Venezuela.

[1] Ver en YouTubeThe Illicit Shipping Trade Hiding in Plain Sight”, video de Bloomberg Originals. Operan principalmente desde el Mar de China y el Estrecho de Malasia. Son miles de tanqueros antiguos, no asegurados, propensos a sufrir accidentes. Irán vende el 90% de su petróleo a China por esos medios. Rusia tiene su propia Shadow Fleet, y China no tiene interés alguno en aplicar sanciones decretadas por Occidente.

[2] Por cierto, la empresa Chevron nunca se fue de Venezuela y genera alrededor el 25% de producción del país.

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