Nadie habla del futuro

Miguel Carbonell

Una de las consecuencias más obvias del enorme número de problemas por los que está atravesando el país, es que nos hemos quedado sin energía, sin tiempo y sin espacio para poder hablar del futuro que queremos construir. 

La pandemia nos ha atado a la coyuntura como hacía mucho tiempo que no había pasado. Además, desde el gobierno se han promovido multitud de discursos enfocados hacia el pasado (ya sea el pasado remoto, con el tema de la petición de disculpas a España por lo sucedido hace 500 años; o hacia el pasado más cercano, como ha sucedido con las críticas al “neoliberalismo”), pero poco se ha dicho del futuro. 

Se promueve el regreso a trompicones a las clases presenciales, pero poco se ha avanzado en los últimos 18 meses en el diseño de nuevos modelos pedagógicos, que sirvan para integrar conocimientos indispensables en los alumnos de hoy, que serán los profesionistas de mañana. La idea de impartir educación básica a través de la televisión será recordada como un error de proporciones históricas, solamente comparable con la ausencia de cualquier estrategia mínimamente racional para prevenir los contagios de COVID19. ¿Pero qué debería seguir en materia educativa para nuestros niños? ¿vamos a volver a las aulas para enseñarles la misma historia nacional de buenos y malos, o los vamos a preparar para el futuro digital que los espera cuando se integren al sector productivo nacional? ¿los capacitaremos para recordar el pasado y memorizar fechas o para hacer frente a los retos del futuro, a fin de que puedan poner su propio empeño en la construcción de un país mejor?.

Lo mismo sucede en materia de infraestructuras. Se ha hablado mucho de la construcción de una refinería, de un segundo aeropuerto para el Valle de México y de un tren en la península de Yucatán, pero en eso no se puede agotar la planeación de un país que está entre los más poblados del planeta. ¿Qué más podemos hacer para contar con los puertos, aeropuertos, carreteras e infraestructura hidráulica y redes digitales que el país necesita? La respuesta a esta pregunta tendrá profundas implicaciones económicas, laborales y ambientales. Deberíamos estar hablando de este tema todos los días, hasta obtener una respuesta por parte de las autoridades competentes. 

Un tercer tema: ¿cómo queremos que sea el futuro de la energía en México? Si se asoma uno a la prensa internacional, se observan a diarios comentarios y análisis sobre nuevas fuentes de energía. Hay grandes inversiones en generación de energía eólica, en coches eléctricos, en el uso de energías alternativas para el transporte aéreo, en el aprovechamiento de los movimientos marinos para generar electricidad (Google lleva años desarrollando un proyecto de gran envergadura en el tema). ¿Qué pasos estamos dando en México para sumarnos a ese futuro, en vez de estar pensando en el tema del petróleo que tiene sus días contados? ¿tenemos un plan energético nacional que nos dirija hacia el próximo siglo y que nos asegure las fuentes necesarias para poder seguir manteniendo el crecimiento del país?.

Hay naciones en las que sus gobernantes hablan a diario de cosas novedosas, de lo que planean hacer, de lo que viene, de los retos pendientes, de proyectos de investigación y desarrollo, etcétera. En México seguimos dedicando tiempo a pleitos con el pasado, a descalificaciones de los gobiernos anteriores y a publicitar comidas poco saludables. Estamos viendo el retrovisor, en vez de poner atención al camino que nos puede conducir hacia el futuro. 

Ciertamente hay una falta clara de visión, pero también hay una cierta complacencia social. Lo más fácil sería pensar que la responsabilidad completa le incumbe al gobierno federal (y vaya que la tiene), pero también es verdad que la ciudadanía puede hacer mucho más de lo que ha hecho. Para empezar y de manera urgente: un comportamiento responsable en la prevención de contagios, una actitud más cívica evitando aglomeraciones sociales cuando ello no sea indispensable, usando correctamente la mascarilla, guardando la distancia interpersonal de seguridad, etcétera. 

La construcción del país del futuro está en nuestras manos. Quejarnos de lo que hace o no hace el gobierno, cuando todos estamos conscientes de sus enormes limitaciones, es perder el tiempo. Pongamos de nuestra parte y demos nosotros los pasos hacia el futuro que queremos para México. 

 

Investigador del IIJ-UNAM.
@MiguelCarbonell

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