Faltan pocos días para el inicio del año 2020 y mientras que en México seguimos instalados en nuestro debate público nacional (tan lleno de disputas y divisiones estériles, tan pobre si lo vemos en su conjunto), en el mundo las cosas se están moviendo a gran velocidad.

Las economías del mundo desarrollado (sobre todo en países como Alemania o Japón) están pasando a depender del trabajo de robots que sustituyen a una población cada vez más envejecida, que ya no es capaz de realizar trabajos físicos intensos. En el año 2020, el mundo tendrá por primera vez más personas mayores de 30 años que menores de esa edad.

El fenómeno del envejecimiento global supondrá un reto para nuestras sociedades. La generación de los llamados baby-boomers están llegando a la edad de la jubilación, luego de haber protagonizado varios cambios sociales profundos en la historia. Las próximas generaciones tendrán que enfrentar el desafío de una fuerza laboral con bajos salarios, que podrá ser sustituida por los avances tecnológicos (viviremos la llamada “uberización” del puesto de trabajo) y cuya más amplia esperanza de vida se verá amargada por la precaria situación de los esquemas jubilatorios.

En México nuestra clase política es incapaz de hacer planes más allá de la próxima semana. No tenemos la menor idea de qué vamos a hacer para el sostenimiento del sistema de pensiones y para asegurar la dignidad de las condiciones de jubilación para las próximas generaciones.

Mientras en México pensamos que el futuro está en construir refinerías de petróleo, en otros países están invirtiendo en el desarrollo de tecnologías del entretenimiento. Cada año se invierten a nivel mundial más de 600 mil millones de dólares en generar productos de entretenimiento (solamente Netflix habrá gastado 15 mil millones de dólares en producir nuevos programas, series y películas en 2019). Es un área de oportunidad a la que habrá que poner atención en la próxima década. Sobre la inteligencia artificial, se ha dicho que será el avance tecnológico que mayor impacto generará en la historia de la humanidad, rebasando incluso al cambio que ha producido internet en nuestras vidas.

El año 2020 traerá consigo una batalla electoral que seguramente será la más áspera y sucia de las que se tenga memoria en EU, en la que el pueblo norteamericano tendrá que decidir si ratifica o no a Donald Trump en la Casa Blanca. El sistema electoral que tienen nuestros vecinos del norte favorece al actual presidente y por eso es que las casas de apuestas le dan más del 40% de posibilidad de ser reelegido (recordemos que en 2016 Hillary Clinton obtuvo 2.5 millones de votos más que Donald Trump, pero fue derrotada en la suma de votos del llamado “Colegio Electoral” que le da un enorme peso a los Estados con menor publicación). Las propuestas extremistas de Bernie Sanders o de Elizabeth Warren, siendo interesantes en varios de los temas que abordan, no resultan asumibles por un electorado que cada vez es más conservador y que no quiere experimentos políticos como los que estamos viviendo (y padeciendo) en América Latina.

La economía no traerá noticias excepcionales en 2020. Los países más desarrollados seguirán viviendo con tasas bajísimas de interés y el crecimiento será bastante limitado. Las pronósticos señalan que tanto EU como Europa estarán creciendo por debajo del 2% anual, mientras que incluso China verá una tasa de crecimiento inferior a la de los años recientes, en torno a 6%. En México esa tendencia de bajo crecimiento también se hará presente, sumada a nuestros propios problemas de falta de impulso económico y de innovación de valor agregado.

2020 será un año que seguramente marcará el tono de la década y que nos ofrecerá además grandes espectáculos deportivos como los Juegos Olímpicos de Tokyo. Ojalá podamos disfrutarlo al máximo y lo aprovechemos para ser cada día mejores personas.


Investigador del IIJ-UNAM.
@MiguelC arbonell.
www.centro carbonell.mx

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