La piratería no se esconde. Tiene dirección conocida, ya sea física o digital. La más reciente revisión de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) sobre mercados de piratería y falsificación lo confirma: el comercio ilícito no solo persiste: se adapta.

La lista de mercados que destacan por piratería y falsificación identifica este año 37 sitios en línea y 32 físicos —tres de ellos mexicanos— que, según el reporte, facilitan la comercialización de productos apócrifos o contenidos pirateados. Más que un listado simbólico, el documento funciona como una radiografía del comercio ilícito contemporáneo: uno que combina calle y pantalla, bodega y plataforma digital.

El informe de este año pone especial atención en la piratería de transmisiones deportivas en vivo. No es casualidad. El mercado global de derechos de transmisión deportiva fue valuado en casi 62 mil millones de dólares en 2024, y su modelo económico tiene una característica particular: el valor del contenido se concentra en el momento mismo del evento. Cuando una señal se transmite ilegalmente en tiempo real, el daño económico se produce prácticamente de inmediato.

El énfasis en las transmisiones deportivas llega en un momento particularmente simbólico. Estados Unidos, México y Canadá serán sedes del Mundial 2026. La piratería de transmisiones deportivas —desde el streaming ilegal hasta los servicios de IPTV ilícitos (televisión por internet) o las retransmisiones en redes sociales— aparece como un desafío especialmente relevante para la región, y como un llamado a que los tres países refuercen sus esfuerzos de observancia ante el previsible aumento de la piratería que acompañará un evento de esa magnitud.

En el apartado de mercados físicos, en nuestro país figuran nuevamente tres nombres bien conocidos: el Mercado de San Juan de Dios y el barrio de El Santuario, en Guadalajara, y Tepito, en la Ciudad de México. Lo relevante no es que estos lugares vuelvan a mencionarse —desde hace años forman parte de este tipo de diagnósticos— sino la observación que acompaña a algunos de ellos: la ausencia de operativos relevantes contra estas actividades en 2025.

El contraste resulta inevitable. En nuestro país sabemos desde hace años dónde se venden productos piratas, software pirateado, consolas modificadas e incluso medicamentos ilícitos. No se trata de una economía clandestina imposible de identificar. Y cuando el Estado demuestra en otros ámbitos que puede articular inteligencia, tecnología e intercambio de información internacional para enfrentar fenómenos criminales complejos, la pregunta surge: ¿por qué esa misma determinación no se traduce de manera consistente en el combate a la piratería?

El informe incluye también una sección de “avances positivos” en la que se reconocen operativos realizados por autoridades de distintos países contra redes de piratería o falsificación, como Grecia, Argentina o Corea del Sur. Incluso países que enfrentan desafíos institucionales, como Venezuela, aparecen reconocidos por acciones concretas de observancia. La observancia efectiva, en otras palabras, sí puede generar resultados visibles.

En ese contexto, llama la atención que esfuerzos recientes en nuestro país no aparezcan reflejados. Particularmente, los operativos encabezados por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), que en los últimos años ha coordinado diversas acciones contra productos y contenidos pirateados en colaboración con otras autoridades.

La lista de la USTR no es un diagnóstico definitivo sobre el sistema de propiedad intelectual (PI) de cada país, pero sí es un recordatorio incómodo: cuando los lugares donde opera la piratería tienen dirección conocida y actividad pública, el problema ya no es saber dónde están. El verdadero desafío es convertir esa información en una política de observancia sostenida.

Y en esa tarea, vale decirlo con claridad: dentro del entramado institucional mexicano hay autoridades que han demostrado que sí es posible avanzar. Esa experiencia bien podría formar parte de las conversaciones que inevitablemente surgirán cuando llegue el momento de revisar el T-MEC en materia de PI.

Especialista en propiedad intelectual y protección de innovación

X: @MA_Margain

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