A casi 20 días de su publicación en el portal del Sistema de Manifestación de Impacto Regulatorio (SIMIR) de la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria (Conamer), el anteproyecto de Plan Nacional para la Innovación (PNI) ha recibido cero comentarios.

¿Es de sorprenderse? Ante una sociedad que no ha dedicado tiempo a reflexionar, ni a aquilatar, sobre la innovación y sus beneficios, la respuesta sería un no. Ahora bien, si tomamos en cuenta que en los últimos años ha habido múltiples y diversas expresiones en torno al rezago que sufren la ciencia y tecnología, la respuesta es un definitivo sí. Sorprende que, ni siquiera aquellos que han alzado la voz, hayan formulado observación, objeción o mejora alguna.

El Conacyt en cumplimiento a la normatividad que le aplica y al Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, ha formulado y presentado el PNI, mismo que se ciñe a los principios rectores,prioridades, objetivos y estrategias para contribuir al desarrollo nacional. Con esto, y en concordancia con el Programa Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2021-2024, el PNI resulta en sí, innovador, pues de la tradicional triple hélice pasamos a un modelo de pentahélice.

A los tres actores de siempre –academia, sector productivo, autoridad– se suman la sociedad y el medio ambiente. Esta unión debe coordinarse en pro del desarrollo nacional, de disminuir la dependencia tecnológica y lograr el bienestar general. Esta unión va más allá de ideologías, tal o cual transformación o las malas o buenas prácticas de modelos del pasado. Un buen sistema de investigación e innovación, aquí, en Cuba o en China, generará el círculo virtuoso de generar conocimiento para explotarlo en beneficio de todos.

El PNI si bien representa un avance, no deja de ser un manual de buenas intenciones. En los objetivos, estrategias, líneas de acción, no faltan los tradicionales verbos: fortalecer, fomentar, vincular, articular y coordinar. Se necesita más que esto; se deben dar líneas concretas, nombrándolas y responsabilizando a actores determinables.

Lo anterior no hubiese sido difícil, y para muestra un botón. En el PNI se menciona que no es suficiente el generar conocimiento, sino que este se vea traducido en aplicaciones y soluciones. En este tenor, la revisión urgente del Sistema Nacional de Investigadores, en el cual las publicaciones científicas y tecnológicas prevalecen sobre el patentamiento, podría ser una línea de acción con nombre y apellido.

No puedo omitir aplaudir al PNI al haberle dado un rol estelar a la Propiedad Intelectual (PI) en la pentahélice. La protección de los frutos de la innovación, y su explotación, a través de patentes, modelos de utilidad, diseños, variades vegetales y otros, es vital. Así como el plan hace alusión a la innovación abierta y a su aprovechamiento, hace referencia a la exclusividad temporal que la PI otorga, y al beneficio general que implica el que pasado un tiempo el beneficio se generalice.

Este rol estelar se ve beneficiado con el hecho que el plan señala que es prioritario que la innovación atienda las necesidades reales que afronta el país. En este aspecto, en la implementación del PNI, se pueden tomar ejemplos como el de Jalisco, o el de la UNAM, en los cuales se da preferencia a solicitudes de patente que atiendan necesidades actuales.

Así, apurémonos a comentar el anteproyecto. Al hacerlo, seamos pragmáticos y positivos, dejando a un lado el hecho de ver la innovación desde la óptica neoliberal de competitividad y productividad, o de verla como un triunfo de la transformación. Tanto ella, como sus frutos, no distinguen ideología y siempre beneficiaran en lo general.

Consultor especialista en protección de innovación y propiedad intelectual, socio en Pérez Correa González Asociados 
Twitter: @MA_Margain 

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