A las grandes civilizaciones se les reconoce por la majestuosidad de sus obras y a la barbarie por la magnitud de su destrucción.

Las obras maestras del arte universal, representadas en pinturas, esculturas, objetos y monumentos, son las más valiosas expresiones de la creatividad humana. Las culturas más antiguas han dejado legados milenarios invaluables que pertenecen no solo a su población o a su país, en realidad son piezas que nos pertenecen como raza y como especie, razón por la cual todo ser humano, sin distinción de origen o forma de pensar, está obligado a su cuidado, respeto y conservación.

El turismo da la oportunidad para que personas de distintas regiones y tradiciones recorran diversas partes del mundo y se despojen temporalmente de sus costumbres rutinarias para estar inmersos en una vivencia novedosa que enriquecerá la visión del mundo que les rodea.

Adicionalmente, el turismo es una de las actividades económicas que tiene una derrama directa por los gastos en alojamiento, transporte, alimentación, entretenimiento, y compras de productos y servicios locales que dejan un beneficio directo a las comunidades que se visitan.

En nuestros días, la mejor forma de apreciar las grandes obras de la humanidad es asistir de manera presencial a conocer y reconocer su magnitud y su dimensión histórica y cultural.

Nada tiene de gracioso el hecho de dañar una obra de arte.

Atacar obras de arte ha sido un desplante recurrente de personas que, con algún pretexto inverosímil, lastiman obras y ofenden a la sociedad.

Las imágenes en video que le han dado la vuelta al mundo de un turista que decidió rayar un tabique en una pared del Coliseo de Roma, con su nombre y el de su pareja, así como un número al parecer alusivo al año de la visita, es un ejemplo vergonzoso de su primitiva mediocridad.

Otras personas han vandalizado obras maestras de Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Picasso, Rubens Mondrian y otras más.

Las razones y reclamos no justifican el daño temporal o permanente que estas agresiones dejan en piezas de museos o plaza públicas, como tampoco las repetidas ocasiones donde los turistas que ignoran las restricciones deciden escalar la pirámide de Chichen Itzá o subir a la roca sagrada de Uluru en Australia.

Los actos de vandalismo exhibicionista tienen en realidad una semilla de barbarie que ha obligado a cerrar o limitar el acceso del público a sitios de excepcional belleza.

No obstante, hay alicientes en la mayoría de las personas que dedican sus viajes a conocer testimonios históricos de alto valor cultural; así como el valor creciente que tienen las obras de arte universal, como quedó de manifiesto el día de ayer cuando la empresa británica Sotheby’s subastó la obra titulada “Dame mit Fächer” (Dama con abanico) de Gustav Klimt por un precio récord de 74 millones de libras esterlinas (aproximadamente 94.3 millones de dólares más comisiones).

La sociedad del siglo XXI expresa como uno de sus principales anhelos viajar como forma de satisfacción y entretenimiento, lo cual es muy valioso, pues la persona que viaja aprende a tener una actitud tolerante, respetuosa y congruente que fortalece, ante todo, la convivencia pacífica.

Rúbrica. Temporada de tapados y destapes. Vaya dilema que tendrá México para elegir entre “corcholatas” y “taparroscas”.

Suscríbete aquí para recibir directo en tu correo nuestras newsletters sobre noticias del día, opinión, y muchas opciones más.
Google News

TEMAS RELACIONADOS