Detener la migración forzada

Maximiliano Reyes Zúñiga

Desde su campaña, el presidente Andrés Manuel López Obrador afirmó que “el plan es que nadie se vea obligado a emigrar” y con convicción, se ha avanzado para dar cumplimiento con el deber social hacia los migrantes, un enfoque que está siendo replicado por países vecinos.

No es coincidencia que su primer acto como presidente fuera la firma del Plan de Desarrollo Integral (PDI) en conjunto con sus homólogos de El Salvador, Guatemala y Honduras. La apuesta estaba clara: un desarrollo sostenible para aquellos que por necesidad migraran.

El Plan representaba un reto porque cambiaba el paradigma de la cooperación internacional, y el apoyo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) fue fundamental porque la propuesta reflejaba las causas del fenómeno migratorio y proponía proyectos concretos enfocados al desarrollo.

La implementación no tuvo precedente. Los programas exitosos de esta administración, Sembrando Vida y Jóvenes Construyendo el Futuro fueron replicados en El Salvador y Honduras, reflejó del compromiso real de México con las personas migrantes. En tan solo mes y medio, ya se tienen registrados más de 1,700 beneficiarios en dichos países, un acto de responsabilidad compartida que atrajo las miradas de la comunidad internacional hacia México.

El apoyo y respaldo de países, organizaciones internacionales y agencias de cooperación al PDI hizo que el paradigma migratorio cambiara a nivel mundial por una experiencia e implementación exitosa a nivel regional. La antigua concepción de que solo los países avanzados podrían ayudar a los demás países en desarrollo fue totalmente desechada gracias al claro y eficiente ejemplo del Plan que se difundió como un paradigma.

Los resultados concretos dan prueba de que el PDI funciona. La posibilidad de tener un empleo en sus regiones de origen, benefició directamente a los migrantes y a sus comunidades, creando oportunidades para su pleno desarrollo y empleo. Lo cual, también contribuyó a una reducción en los flujos migratorios provenientes de Centroamérica y como lo mencionó el presidente desde la campaña, los migrantes que decidieron venir han podido obtener oportunidades en territorio nacional.

El cambio de la política migratoria de México tuvo tres elementos decisivos: un enfoque de desarrollo sostenible, seguridad humana y responsabilidad compartida. Ellos fueron difundidos por México tanto en la elaboración del PDI como en el Pacto Global para una migración regular, ordenada y segura, aprobado en Marrakech.

La nueva forma de ver el tema migratorio ha permeado la relación de Estados Unidos con los países del norte de Centroamérica, por ello, ha elaborado un programa que en su título contiene dos palabras innovadoras a sus políticas del pasado: “crece” y “desarrollo”, ambas ejes centrales del paradigma transformador mexicano sobre migración. Dicho plan contiene un capítulo sobre seguridad, que ha sido la base de las acciones que en años pasados, nuestro vecino del norte han llevado a cabo con los centroamericanos, sin embargo, los demás capítulos se centran en el crecimiento de las sociedades de los países y en el desarrollo de nuevas oportunidades para sus ciudadanos.

Es claro que el enfoque mexicano ha sido retomado por que ha dado los resultados esperados en menos tiempo de lo esperado. Y de manera satisfactoria, contribuyó a desarrollar las comunidades del sur a través de la generación de oportunidades en sus lugares de origen, al tiempo que regularizó los flujos migratorios.

Subsecretario para América Latina y
el Caribe de la Secretaría de Relaciones
Exteriores

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