Uno de los temas más impactantes en los días recientes fueron los incendios que se dieron en la región del Amazonas. Miles de hectáreas de selva se han dañado debido al fuego; de hecho, se estima que en lo que va del año se han generado más de 75 mil incendios.

Aunque no hay un consenso sobre cuáles son las causas que originaron estos siniestros, las que mayor aceptación tienen son la deforestación y el cambio climático.

Además, existen análisis más detallados que señalan que la explotación agrícola y ganadera de tierras altamente transformadas, la minería y la extracción de petróleos son elementos que han contribuido a un desequilibrio ecológico en la región.

Por supuesto, es importante hacer investigaciones más profundas sobre las causas y consecuencias de estos eventos en la región, tanto en lo referente al ecosistema como en lo económico y lo social.

No obstante, esta catástrofe es en sí misma un recordatorio para todo el mundo de lo importante que son los eventos locales y del fuerte impacto que éstos pueden tener en las economías nacionales y globales.

Durante las últimas cinco o seis décadas se ha analizado con esmero cómo la llamada globalización ha transformado al mundo, desde los procesos de comercio exterior que han generalizado y profundizado la dependencia económica entre los países, hasta los procesos de deslocalización de las empresas y los criterios que éstas toman en cuenta para la realización de inversiones.

Cada uno de estos elementos ha tenido un impacto significativo en el modo de vida de las comunidades, en sus procesos productivos y en el desarrollo de las economías locales.

Sin embargo, a la luz de las estimaciones de crecimiento y desarrollo económico para México y la región Latinoamérica en los siguientes años, parece que las estrategias no han sido las adecuadas y no sólo eso, más allá de construir un mejor futuro, los eventos del Amazonas, la inseguridad que se percibe en zonas alejadas, la migración y el abandono de comunidades, son muestras de la necesidad de repensar la importancia del desarrollo local, y de la educación como un medio para avanzar en lo nacional y en lo regional.

El hecho es que, si bien hay una gran cantidad de literatura especializada, centros de estudios enfocados en la materia e incluso aparatos gubernamentales dedicados al desarrollo económico local, los esfuerzos resultan insuficientes.

En México es evidente que el desarrollo local es un tema pendiente considerando cuestiones como salud, educación, parque urbano, seguridad pública, ambiente adecuado para el emprendedurismo, el desarrollo de nuevas empresas y empleos bien remunerados.

De acuerdo con datos de Coneval, en 2018, en las comunidades rurales la pobreza tiene un componente mucho mayor de pobreza extrema, respecto de las comunidades urbanas, mientras que en el primer caso, 16.4% de las personas en situación de pobreza son pobres extremos, en las comunidades urbanas sólo 4.5%.

Si bien, en números absolutos y dada la concentración poblacional, el problema parece concentrarse en el ámbito urbano, lo cierto es que ha habido un relajamiento en cuanto a políticas públicas para poblaciones pequeñas.

Aun cuando muchas de estas localidades son las que contienen buena parte de los recursos naturales, las decisiones sobre su uso y explotación son tomadas de manera centralizada, en función de los objetivos nacionales y muy poco de los locales.

El respeto y cuidado de los recursos naturales, las prácticas sustentables en los procesos industriales y de extracción, deben ser prácticas reguladas con este enfoque, de tal manera que se genere certidumbre tanto para la comunidad receptora de una inversión como para los inversionistas mismos.

Es importante decirlo, hay un consenso generalizado en la importancia de preservar el medio ambiente y sus ecosistemas, de desarrollar a las comunidades y hacer mejorar su situación socioeconómica; ello requiere incluir a la educación en toda su expresión en la ecuación.

Recordemos que en 2015, los líderes mundiales adoptaron un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible, los llamados objetivos de desarrollo sostenible (ODS).

La planeación y la generación de planes de desarrollo son una práctica generalizada; sin embargo, la implementación ha tenido pocos resultados.

Los esfuerzos que se realizan en la materia deben complementarse con educación, así como con el apoyo de especialistas en la materia, instituciones y consultorías son los mejores aliados, para realizar el enfoque adecuado, alinearlo a los ODS y generar estrategias sólidas de seguimiento y cumplimiento.

Vicepresidente de Consultores
Internacionales S.C.

Google News

TEMAS RELACIONADOS