Como es natural, muchos textos están siendo escritos en estos días acerca de la operación estadounidense sobre Venezuela y es muy fácil perderse entre tantos factores operando a la vez. Resalto, sin embargo, las siguientes claves que podrían contribuir a entender tanto lo que sucede y lo que viene para Venezuela como para otros sitios.
1. El contexto es, lo repito de nuevo acá, el declive del orden de arreglos e instituciones internacionales que, si no resolvían todo, cuando menos limitaban o contenían la conducta de los Estados-Nación. Se trata de un orden construido después de la Segunda Guerra mundial, el cual tuvo eficacia relativa en mayor o menor grado, pero que especialmente después de la Guerra Fría cobró mayor relevancia, no porque ese orden hubiese cambiado, sino porque los estados estuvieron dispuestos durante cierto tiempo a contribuir a su eficacia relativa, a fortalecer instituciones, acuerdos y tratados como por ejemplo en materia de control de armas, cambio climático o comercio, entre otros. El hecho de que hoy varios de esos asuntos estén siendo desmantelados o simplemente no funcionen, no es algo que ocurrió de la noche a la mañana. La ineficacia de instituciones multilaterales para dirimir conflictos ha venido creciendo desde hace muchos años y se hizo muy patente durante la década pasada en temas como la guerra en Siria por señalar solo un caso.
2. El resultado de lo anterior es que muchos estados están concluyendo que solo poseer la fuerza necesaria, desplegarla y mostrar la determinación a emplearla, es lo único que garantiza la seguridad propia o el interés nacional. Esto, naturalmente, además de carreras armamentistas, está llevando a muchos de ellos a competir y chocar por rutas, recursos, espacios geográficos, influencia y poder, lo que también implica la disposición de esos estados a retar al derecho internacional cada vez que lo consideren pertinente. Esto todo se encuentra presente en el tema de Venezuela, pero hay mucho más.
3. El otro factor de contexto es un Trump cada vez más empoderado. Un presidente que, como lo dijo su exasesor Bannon desde 2024, vendría “en modo de guerra total”, que sintió que fue demasiado débil en su gestión previa, y que esta vez se rodearía de actores que respaldarían sus metas y sus modos de lograrlas. Trump está operando prácticamente sin contrapesos internos tanto para política doméstica, como para política exterior, y cada vez que sus medidas o acciones son percibidas por él, por su círculo y por su base como eficaces, ello le da más razón de seguir actuando con fuerza. Es una combinación, entonces, entre empoderamiento y falta de contención. Venezuela, por tanto, es apenas un eslabón de una larga cadena que inicia antes y que podría continuar con acciones en otros sitios.
4. En el caso venezolano, Trump ya quería atacar al país o “invadirlo” desde su gestión previa, pero en ese entonces, su círculo cercano, especialmente sus secretarios de defensa, lo detuvieron. Su percepción, sin embargo, fue que Washington actuó de manera muy débil para apoyar a Guaidó cuando éste se declaró “presidente legítimo”; se permitió que Maduro sobreviviera y que, con el respaldo de Rusia, Irán y China, el régimen siguiera operando de manera hostil en contra de los intereses de EU y sus aliados. El tema Venezuela, por tanto, era ya un pendiente en la agenda de Trump, aunado al hecho de que también era un pendiente para su actual a influyente secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, Marco Rubio, entre otras personas de su círculo.
5. Lo que debe quedar claro es que Trump no trabaja para María Corina Machado, no trabaja para cualquier otra de las oposiciones en Venezuela, no trabaja por la democracia o por los derechos humanos (solo basta echar un vistazo a sus alianzas, cooperación y negocios con líderes y gobiernos de países antidemocráticos o con amplios récords de violaciones a derechos humanos). Trump, por supuesto, tampoco trabaja a favor del orden legal internacional. Trump trabaja para sí mismo y hace lo que considera necesario que tiene que hacer para favorecer su agenda y los intereses que él percibe que son mejores para su país basado en la doctrina de America First o Estados Unidos Primero.
6. Por tanto, al margen de cualquier discusión o posicionamientos acerca de la legalidad o moralidad de esta operación o de la persona capturada, se requiere entender que las decisiones de los estados, y de manera particular con alguien como Trump al mando, no son tomadas con criterios morales. No se está pensando qué es lo correcto o incorrecto, o qué puede favorecer más al pueblo venezolano. Pensando únicamente en los intereses de EU, se evaluó que Maduro era un obstáculo para lograrlos, y se decide eliminarlo del camino buscando ahora actores que sí favorezcan a esos intereses estadounidenses. Si estos son actores democráticos, bienvenidos. Si no lo son, no es lo relevante. Lo que sí es relevante tiene que ver con las metas centrales de esta operación tal y como son percibidos por Trump.
7. Las metas de Trump van en tres sentidos que no son excluyentes entre sí.
(a) Ley (interna), orden, seguridad y narcotráfico. Trump siempre buscará ser percibido como un presidente que cumple sus promesas y para su agenda central, es crucial proyectar que EU está combatiendo al narcotráfico, deteniendo la inmigración y las amenazas a su seguridad que proceden de Venezuela. Así, esta operación es presentada como una operación de cumplimiento de la ley (interna), puesto que Maduro es un “narcoterrorista” con cargos imputados en EU. En este mismo rubro se enmarcan también los ataques de Washington contra embarcaciones de “narcoterroristas” tanto en el Caribe como en el Pacífico. El criterio no está en la legalidad internacional de estas operaciones, sino en la laxitud con la que EU combate al terrorismo, etiqueta bajo la que ya son designadas varias organizaciones criminales. Maduro era el “narcoterrorista” mayor, y así como a Bin Laden o a Bagdadi, eliminarlo del camino forma parte de la lucha contra el crimen y el terror.
(b) La geopolítica global en Venezuela. Como parte de su visión del hemisferio, Trump busca hacer prevalecer a EU como potencia dominante en el continente y Venezuela es un caso particular dados los lazos que existen entre el chavismo con Rusia, China e Irán entre otros. Pero, bajo el contexto que arriba describo, el mensaje va más allá de Venezuela. Se trata de un mensaje no solo de fuerza sino de determinación a usar esa fuerza incluso asumiendo los costos que ello implique, y que, como lo dijo Rubio, se sepa que con este presidente nadie debe “jugar juegos”, pues es un presidente que habla en serio. En esta competencia por espacios, rutas y recursos, Trump busca desplazar a las antiguas alianzas del chavismo y restablecer esta zona de influencia para Washington.
(c) Economía y petróleo. El otro objetivo declarado por Trump y su administración, está en reconstruir la infraestructura petrolera de Venezuela y permitir que las empresas estadounidenses puedan “recuperar todo lo que se les robó” y más. Los venezolanos se enriquecerán, dice Trump, pero solo cuando las empresas de EU hayan recuperado esos recursos. Pero además de los beneficios materiales, esto funciona como un mensaje muy útil dirigido a la base de Trump: Esta no es una costosa “guerra eterna” como las de Afganistán o Irak que él tanto criticó, sino una redituable operación limitada pensada en Estados Unidos Primero.
8. Todo lo anterior está marcando no solo las metas de Washington sino las prioridades y los tiempos. Trump usualmente no opera con grandes estrategias y planes hacia el mediano plazo y el largo plazo, sino que va definiendo esos temas en el camino. Para lograr sus fines, Trump aplica siempre sus tácticas de presión máxima y posteriormente pacta con quien tenga que pactar, más allá de criterios morales o legales.
9. Así, por ahora, pareciera que la decisión pragmática no es “cambiar al régimen”—por el temor de los escenarios de descomposición que se podrían producir—sino solo cambiar a la dirigencia y seguir trabajando con el régimen establecido en la medida en que esté dispuesto a colaborar con los intereses de Washington arriba señalados. Esto implica por supuesto, marginar por el momento tanto a María Corina como a otros elementos de la oposición, e intentar conseguir que las autoridades que están ahora a cargo del país, lideradas por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, cooperen con la reconstrucción de la infraestructura petrolera a fin de conseguir por lo pronto una estabilización bajo condiciones de cooperación con Washington. Para lograrlo, como dije, se siguen aplicando tácticas de presión máxima, se mantiene el bloqueo marítimo y del espacio aéreo, y se amaga a la vicepresidenta con amenazas. Se habla sí, de una transición a la democracia, pero ésta llegará dentro de un tiempo si lo que se está planteando funciona.
10. Lo que sigue es observar con cautela en qué medida el ejército venezolano y otros actores del régimen mantienen la unidad y muestran la disposición a cooperar con Washington pensando en que eso podría garantizar su supervivencia y el conservar cuando menos algunos de sus privilegios. Bajo un escenario de estabilización, podríamos prever la liberación de sanciones y la relajación del bloqueo marítimo y por tanto, algo de oxígeno para la sociedad venezolana. Pero es muy pronto para poder definirlo. Es probable que muchos actores se sientan amenazados dadas las nuevas circunstancias y no podemos descartar conflictos internos, levantamientos u otros signos de inestabilidad. Por ahora, incluso yo diría que la discusión acerca de cómo transformar estructuralmente o desmantelar un régimen que ha sido construido a lo largo de décadas, no parece ser lo más relevante dado que por lo visto, no está en las metas y prioridades de Washington iniciar ese proceso. De esto habrá que escribir más en colaboraciones siguientes.
Seguiremos atentos.
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