¿Un gobierno israelí sin Netanyahu?

Mauricio Meschoulam

Todo parece indicar que Israel acaba de evitar una quinta elección y que Netanyahu, después de 12 años de gobierno, se va. Esto tendrá aún que ser ratificado por el parlamento, y hay que decir que Netanyahu sigue haciendo esfuerzos de último momento para evitarlo, pero de confirmarse, su ausencia podría tener ciertas implicaciones a nivel regional y global que hay que revisar. Las diferencias políticas y la polarización que existe en ese país ocasionaron que, tras cuatro elecciones en apenas dos años, parecía imposible conseguir lo que se acaba de lograr: la formación de una coalición para gobernar. Sin embargo, la composición de una alianza que parecería improbable, se alcanza solo gracias a objetivos limitados: primero, sacar a Netanyahu del poder, y segundo, gobernar con agendas muy específicas que no toquen los temas centrales—como la resolución del conflicto palestino-israelí—más allá de metas económicas, sociales y de seguridad muy concretas. Van unos apuntes al respecto:

1. Se trata de una coalición que incluye a ocho partidos posicionados desde la izquierda hasta la extrema derecha, además de, por primera vez en la historia de ese país, un partido árabe israelí de reciente formación e ideología islamista, el cual consigue aportar el resto de escaños que hacían falta para lograr la mayoría requerida. Esto significa que estamos ante el improbable caso de un gobierno que, en sus primeros dos años, será dirigido por un primer ministro nacionalista, exlíder y defensor de asentamientos judíos en Cisjordania, quien se opone al surgimiento de un Estado Palestino, compartiendo la mesa de trabajo con israelíes judíos y árabes que piensan de formas completamente opuestas a él.

2. Para entenderlo, se necesita comprender el nivel de desgaste que ya traía Netanyahu tras doce años de gobierno, y su indisposición a soltar el poder. El aún primer ministro enfrenta tres causas legales por fraude y corrupción, cuyo desenlace se había venido postergando a raíz de la pandemia. Entre diversos sectores en ese país, hay una profunda convicción de que Netanyahu se aferraba a su silla para intentar seguir doblegando desde ahí a las instancias judiciales y al estado de derecho. A esto hay que añadir los efectos económicos, políticos y sociales por la pandemia, y el sentimiento entre muchas personas de que las respuestas ante la crisis se gestionaron de forma ineficaz. Como resultado, aunque Netanyahu es quien más votos obtuvo en las pasadas elecciones, la realidad es que, de nueva cuenta, una mayoría ideológicamente dispersa de israelíes votó en su contra.

3. Finalmente, hay que señalar que Netanyahu, quien, a pesar de sus conocidas posiciones personales, durante momentos críticos solía exhibir un pragmatismo particular, en los últimos años y especialmente en los últimos meses estaba teniendo que encontrar refugio en la derecha más radical del país, pues solo los escaños de esos partidos le permitirían continuar gobernando. Así, ante las críticas de debilidad que llegó a padecer, su toma de decisiones estaba cada vez más sujeta a ese tipo de posicionamientos.

4. La suma de todos estos factores, ocasionó que otros partidos de derecha prefirieran sumarse al centro y a la izquierda, antes que permitir que Netanyahu siguiera gobernando.

5. Los próximos dos años el gobierno será dirigido por Naftali Bennett y los siguientes dos por Yair Lapid. Bennett, exempresario, fue jefe de gabinete de Netanyahu y formó parte varias veces de la coalición de gobierno bajo ese primer ministro, ocupando cargos como el ministerio de economía, educación, y más recientemente, de defensa. Es hijo de inmigrantes estadounidenses, y es conocido por sus posturas políticas nacionalistas, sus propuestas en contra del surgimiento de un Estado Palestino, a favor de anexar ciertas secciones de los territorios bajo ocupación israelí, dejando otras bajo una administración permanente con relativa autonomía. A pesar de haber logrado menos votos que Lapid, Bennett era, en esta elección, el “kingmaker”, la ficha decisiva para coronar al rey. Los siete escaños de su partido—que se ofrecieron tanto a Netanyahu como a Lapid—eran indispensables para cualquier coalición de gobierno, y es por ello que consigue que Lapid le ceda el liderazgo del país los primeros dos años del mismo.

6. Yair Lapid, un periodista, escritor y presentador de noticias, llega a la política apenas la década pasada. A pesar de que su popularidad creció dramáticamente hacia 2013, ésta disminuye a lo largo de los siguientes años. No obstante, en esta elección, Lapid se posiciona como el segundo lugar. También ha compartido coalición de gobierno con Netanyahu ocupando cargos como el ministerio de economía entre otros. Sus posiciones son consideradas pragmáticas y de centro.

7. Además de otros partidos de la derecha y la izquierda israelí, vale la pena mencionar el hecho histórico de que uno de los partidos árabes israelíes, en este caso de ideología islamista, haya resultado crucial en la formación de esta coalición. Hay que recordar que Israel cuenta con un 21% de población árabe-palestina, cuyos partidos políticos forman parte del parlamento, pero nunca habían sido incluidos en una coalición de gobierno. El hecho de que esto esté cambiando, es apenas una muestra de la diversidad y la complejidad del gobierno entrante.

8. Como resultado de lo anterior, se espera una administración con objetivos limitados a agendas específicas, la cual muy probablemente evitará cualquier discusión de fondo, toda vez que se trata de temas en los que las posiciones de los distintos partidos que la conforman se encuentran muy separadas. Es decir, la mayor probabilidad, es que la presencia de partidos de centro e izquierda moderen algunas de las posiciones de Bennet a la hora de gobernar y más bien, este gobierno se concentrará en temas económicos, sociales y también en temas de seguridad, pero enfocados estrictamente a garantizar la estabilidad.

9. Por ejemplo, no se espera que haya negociaciones mayores al respecto del conflicto palestino-israelí, pero sí es probable que la dupla Bennett-Lapid dirija esfuerzos importantes para extender la frágil tregua con Hamás, durante el mayor tiempo posible. Esto implicará hacer concesiones a esa agrupación islámica, pero nada que resuelva los temas de fondo, lo que hace que una nueva escalada como la que vimos hace pocas semanas sea siempre una posibilidad. Más aún, el nuevo gobierno intentará mostrar que la ausencia de Netanyahu no implica debilidad, con lo que las cosas podrían volver a escalar.

10. De igual manera, este gobierno estará muy concentrado en su conflictiva con Irán y el eje chiíta que ese país lidera, el cual incluye a Hezbollah en Líbano. De un lado, el reto será adaptarse a la realidad de una nueva administración en Washington con posiciones más negociadoras con Teherán, pero del otro lado, se intentará comunicar tanto a Irán como a las milicias y grupos que le son afines, que la diversidad ideológica que conforma la coalición no supone cambio alguno en las estrategias de seguridad del país.

11. No obstante, si se suscitan situaciones de alta tensión, o el gobierno se ve obligado a tomar decisiones que sí confronten las posiciones políticas de los actores que lo conforman, la fragilidad de la alianza podría hacerse manifiesta, y la coalición podría desplomarse orillando a una nueva elección más pronto de lo que se piensa.

12. Por último, reiterar que los liderazgos y las personalidades importan. Netanyahu tenía una pésima química con Obama, una extraordinaria química con Trump y una muy regular con Biden. Netanyahu había logrado establecer una buena relación con determinadas dirigencias del mundo árabe como el rey de Bahréin, o el príncipe heredero saudí, Bin Salman, y en cambio, en los últimos años había chocado frecuentemente con el rey Abdullah II de Jordania. El cambio de mando podría resultar en situaciones como una mayor disposición de Washington a trabajar más cercanamente con el nuevo gobierno en Jerusalén, o en una distensión con Jordania. Tendremos que esperar y ver. Pero sí, las personalidades cuentan. Más con alguien como Netanyahu, quien además de sus últimos 12 años de gobierno, tiene 30 años de estar muy presente en esa zona del mundo.

 

Analista internacional.
Twitter: @maurimm
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