Estados Unidos y China se siguen golpeando con todo lo que pueden. Esta semana, el ring fue la asamblea de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y si nos enfocamos solo en la rivalidad entre esas potencias, o incluso en factores de política interna que afectan a ambos países, podemos encontrar algunas explicaciones, pero hay un tema adicional: desde hace varios años se puede apreciar un paulatino retiro de Washington de distintos ámbitos de la esfera global, y esto produce vacíos que otros actores están intentando llenar. Ya desde la llamada “Doctrina Obama”, se puso en marcha un repliegue relativo de la superpotencia y una considerable reducción de su presencia en el mundo, esencialmente en cuestiones de seguridad. Con Trump, esa tendencia se ha intensificado y a ella, se ha añadido el abandono (parcial o total) de pactos, tratados, alianzas y otros compromisos internacionales bajo la justificación de que estos arreglos no ofrecen réditos suficientes a Washington. Lo de la OMS esta semana es en realidad un síntoma más de esa tendencia. Por eso no podemos limitarnos a hablar de lo sucedido el lunes. Hay que contar una historia más completa.

Considere usted estas piezas en su conjunto: Hace varias semanas, Trump suspendió su fondeo a la OMS durante 60 a 90 días, mientras se “investigaba” el desempeño de esa organización ante la pandemia, y la “injerencia china” en su toma de decisiones. Para contextualizar, hasta ese momento, EEUU era el país que más dinero otorgaba a la OMS, contribuyendo con aproximadamente unos 500 millones de dólares por año, 20% de su presupuesto. La respuesta del presidente chino Xi Jinping vino justo este lunes, ofreciendo a esa organización dos mil millones de dólares durante dos años para combatir al coronavirus. Así, lo que EEUU quita, lo pone China, pero al doble. Trump reaccionó ese mismo lunes por la noche con una muy fuerte carta que acusa a la OMS de estar sometida a una “alarmante” dependencia de China. Además de enlistar una serie de errores de esa organización en sus respuestas ante la pandemia, y acusarla de que esos errores han tenido enormes costos para el mundo, la carta termina con una amenaza para eliminar de manera permanente el presupuesto que le otorga EEUU, e incluso amaga con el retiro definitivo de la membresía de Washington, si esa institución intergubernamental no se “compromete a mejoras sustantivas durante los próximos 30 días”.

Entonces, habla Europa: “Es el momento de solidaridad, no de señalar con el dedo o socavar la cooperación multilateral…La Unión Europea apoya los esfuerzos de la OMS”, indicaba su vocería. A pesar de tener sus propias disputas con China, Europa lanza un mensaje de corresponsabilidad, y no es la primera vez que el continente decide distanciarse de las posiciones políticas de Trump. En otro mensaje de corresponsabilidad, Francia y Alemania acordaron proponer un fondo de 545 mil millones de dólares para la recuperación de la crisis en su continente, mediante una deuda que sería respaldada por la Unión Europea en su conjunto. Esta medida es enormemente relevante pues beneficiará más a los países del sur de Europa que a la propia Alemania o Francia, y contribuye a la solidaridad europea a fin de mostrar una cara unificada en momentos en que la crisis global lo requiere. El liderazgo de Merkel, está siendo crucial para ello.

A esto hay que añadir que apenas hace unos días, el director del Tesoro en Francia, quien también dirige el Club de París (de países acreedores), anunció que China formará parte de un esfuerzo global dirigido por ese grupo, para suspender provisionalmente los pagos de deuda de los países más pobres que serán los más afectados por la crisis del Covid. Si bien, EEUU también forma parte de ese club, lo que se observa es el interés de París en mantener su liderazgo en estas decisiones y la intención de Beijing de ir ocupando espacios de influencia global.

Si unimos los puntos, más allá de la rivalidad China-EEUU de la que hemos hablado ampliamente acá, podemos ir poco a poco viendo los efectos del aislacionismo que exhibe Washington, el impacto de su “America First”, y las consecuencias de la decisión de Trump de utilizar la crisis global como una oportunidad, pero no para recuperar ese liderazgo global que la superpotencia ha ido perdiendo con los años, sino como herramienta de política interna para reafirmar mensajes que conectan bien con un importante sector de la sociedad estadounidense justamente en tiempos electorales.

Estados Unidos, de acuerdo con esa narrativa, no tiene por qué usar “dinero de sus pagadores de impuestos” para financiar organismos o esfuerzos multilaterales que no otorgan réditos claros y tangibles a Washington. Los acuerdos o arreglos internacionales, bajo esta lógica, pueden y deben ser renegociados desde una posición de fuerza, la cual inicia siempre con amenazas a la contraparte. Estas amenazas se comunican estableciendo condiciones para las que se otorga un ultimátum. Hay numerosos ejemplos. Lo hemos visto en asuntos que competen a nuestro propio país varias veces, pero el patrón es el mismo con otras cuestiones como el acuerdo nuclear con Irán, la guerra comercial con China, el acuerdo climático de París, entre muchos más. Si la contraparte cumple con lo que Trump espera, se inicia un proceso de negociación mediante el que se empujan los intereses de Washington y se declara la victoria. Hay algunos casos en los que Trump ha tenido éxito empleando esta estrategia. Si la contraparte no cumple, como también ha ocurrido con diversos países, organismos o mecanismos multilaterales, Trump los abandona, se repliega, los castiga y lanza una serie de mensajes desde su Twitter para justificar sus acciones, los cuales encuentran gran eco entre la audiencia a la que él busca llegar.

El Covid parece estar resaltando estas tendencias. Y es importante entender lo que está sucediendo al margen de lo que Trump quiera expresar: (1) la respuesta estadounidense ante la pandemia fue lenta, como ya lo están reportando diversos estudios (el último de ellos efectuado por la Universidad de Columbia), errática e insuficiente, lo que ha costado vidas que pudieron salvarse, y está dejando un saldo difícil de afrontar para la mayor economía del planeta, (2) esto le convierte en uno de los países más afectados, no solo por el grave costo humano, sino porque si contrastamos datos como su nivel de desempleo con el de otras economías industrializadas, EEUU queda muy mal parado, (3) los esfuerzos para desviar la atención de estos temas, pueden quizás ser eficaces en lo interno (y eso está por verse) pero en lo global, la percepción de la debilidad y falta de liderazgo de la superpotencia están ya teniendo repercusiones importantes, y (4) entendiendo lo que esto significa, los otros actores se apresuran a llenar los vacíos, una situación que, repito, antecede al Covid pero que parece estarse acrecentando con la pandemia.

No significa que las otras potencias no estén afectadas por la crisis; todas lo están. Pero en este torbellino hay quienes están encontrando oportunidades para el conflicto, la polarización y para asirse de las rivalidades a fin de sobrevivir, mientras que otros están hallando oportunidades para competir mejor desde posiciones de liderazgo.

Twitter: @maurimm

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