Siria a 10 años: cuatro conflictos que persisten

Mauricio Meschoulam

A diez años, la guerra siria no ha terminado. Ha mutado, sin duda, y su intensidad ha disminuido, pero solo relativamente. Apenas entre enero y febrero, ISIS cometió más de cien atentados en ese país, sin mencionar los ataques, bombardeos y asaltos de distinto tipo cometidos por otros actores. Esa no es, parece, una intensidad suficiente como para atraer la cobertura mediática con la frecuencia del pasado. Pero no, a diez años, la guerra siria no ha terminado. En el texto de hoy me concentro en cuatro conflictos que persisten. No son los únicos.

Empecemos por explicarlo así: La guerra siria nunca fue una guerra a dos bandos. En ella luchaba de un lado el presidente Assad, asistido por Rusia e Irán, y por milicias chiítas armadas y financiadas por este último. Contra el presidente combatían milicias llamadas “laicas” afiliadas al Ejército Sirio de Liberación, milicias islámicas locales, la filial de Al Qaeda en Siria, e ISIS. Potencias regionales como Arabia Saudita, Turquía y Qatar, asistidas por EEUU y otros aliados, se encargaron de armar, financiar y apoyar a distintas milicias rebeldes desde al menos 2012. Sin embargo, muchas de las milicias rebeldes laicas e islámicas, también competían y combatían entre sí. Los kurdos formaban parte de este entramado, pero no en contra de Assad, sino protegiendo sus propios intereses, a veces atacándole, otras colaborando con sus fuerzas. La filial de Al Qaeda, anteriormente conocida como el Frente Al Nusra, también combatía contra muchas de las otras. Todos peleaban contra ISIS—quien llegó a conquistar la mitad del territorio de ese país—e ISIS peleaba contra todos. Todos los actores que se involucraron tienen sangre civil y crímenes en sus manos.

Ahora bien, con los distintos bandos financiados y sostenidos por diversos patrocinadores internacionales, la guerra se mantuvo en una especie de equilibrio prolongado, hasta que, en 2015, Moscú decidió intervenir ya no con armas y dinero, sino de manera directa para revertir la balanza a favor de su aliado, Assad, lo que consiguió desde 2016. Muchas milicias, tras perder posiciones y sentirse reducidas, decidieron pactar un cese al fuego, y a pesar de distintos altibajos y momentos de ruptura, se fueron paulatinamente sujetando a sus términos.

Pero hubo otras milicias, apoyadas principalmente por Turquía, que optaron por seguir peleando incluso hasta el día de hoy. Esas milicias se agrupan mayormente en la provincia de Idlib, desde donde continúan combatiendo a Assad, aún apoyado por Rusia, por Irán y por las milicias proiraníes desplegadas en el territorio. Ese es el primero de los conflictos que subsiste.

Existe un cese al fuego que ha estado más o menos en operación en ese último bastión rebelde. Este cese de hostilidades fue negociado por Rusia, Turquía e Irán. Sin resolver la situación de raíz, el alto al fuego ha permitido, a ratos, al menos mantener la calma relativa: Rusia se comprometía a asegurar que Assad no intentaría recuperar Idlib por la fuerza, a Turquía se le permitía conservar algunos puestos de control en esa provincia a cambio de garantizar que los rebeldes respetaran el cese de hostilidades, y todas las partes se comprometían a entrar a un próximo proceso de negociaciones donde se resolvería el futuro del territorio y de los rebeldes. Sin embargo, la realidad es que ni el presidente Assad, ni los rebeldes han estado completamente de acuerdo con los términos de ese cese al fuego, por lo que las hostilidades nunca se detuvieron en su totalidad. Estas hostilidades el año pasado enfrentaron a tropas turcas con el ejército sirio e incluso con Rusia. Por ahora Turquía ha desocupado varias de sus posiciones, pero el conflicto permanece latente.

Un segundo conflicto es el existente entre Turquía y las milicias kurdo-sirias. Tras sus victorias contra ISIS, ahora esas milicias, entrenadas y armadas por EEUU, controlan entre un 25 y un 30% de Siria. Esto genera tensiones en Turquía desde hace tiempo. Recordemos que los kurdos son un grupo étnico con presencia en cinco países. La minoría kurda más importante se ubica en Turquía, y desde hace años, Ankara sostiene un choque armado con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), un grupo militante separatista que, entre otras cosas, ha establecido bases y lazos con las sociedades kurdas de países vecinos. Turquía argumenta que las milicias kurdo-sirias son una rama directa del PKK, considerado un grupo terrorista por Ankara. Por consiguiente, para Turquía era inaceptable que dichas milicias kurdo-sirias, a quienes mira como enemigos directos, controlaran 25% de Siria, incluida la frontera sirio-turca, y que, además, fuesen respaldadas y protegidas por EEUU, su aliado de la OTAN.

Así, la propuesta provisional de Erdogan mientras “esos terroristas son desarmados y ceden el territorio”, ha sido establecer una “zona de seguridad” en la frontera, una franja dentro de Siria con 30 km de profundidad que controlarían las fuerzas turcas para evitar que los kurdos sirios pusieran en “riesgo a la seguridad nacional de Turquía”. El presidente turco había amenazado numerosas ocasiones que llevaría a cabo esta incursión militar “contra el terror”, incluso si eso le llevaba a enfrentarse con las tropas de EEUU. Al final, cuando hacia octubre de 2019, Trump decidió replegarse y no defender a sus aliados kurdos ante la invasión turca, fue Rusia quien tuvo que entrar a mediar. Moscú consiguió calmar las aguas permitiendo que Turquía penetrara solo en ciertas zonas limitadas dentro de la zona fronteriza, y logrando que los kurdos replegaran sus fuerzas varios kilómetros atrás de dicha frontera.

Sin embargo, esa zona de Siria, que en su mayor parte sigue controlada por las milicias kurdas, se mantiene como una bomba de tiempo.

Un tercer conflicto que subsiste es el de Israel en contra de Irán y sus aliados. A medida que Assad fue recuperando terreno, Irán fue capitalizando el apoyo que le ha brindado todos estos años, mediante posicionarse de manera cada vez más firme en Siria, lo que en los últimos años ha incluido la construcción de bases militares y despliegue de soldados, cuerpos de élite y armamento sofisticado. Israel, país fronterizo con Siria que considera a Irán como su mayor enemigo en la región, busca impedir que Teherán o cualquiera de sus aliados, cuente con ventajas que podrían ser utilizadas para atacarle. Así, desde hace años, Israel bombardea constantemente territorio sirio para obstaculizar la transferencia de armas hacia Hezbollah, o para evitar que otras milicias proiraníes afiancen sus posiciones, así como para impedir que Irán construya bases o despliegue armamento. A pesar de que decenas de soldados y oficiales iraníes han muerto en estos ataques, las represalias de Irán contra Israel han sido escasas y limitadas. Sin entrar en detalle, solo comentar que Teherán mira su despliegue en Siria como una meta de largo plazo y, en lugar de detonar un conflicto en lo inmediato, ha elegido contenerse y seguir avanzando poco a poco. No obstante, en la medida en que sus posiciones y las de sus aliados se mantengan o sigan creciendo, en esa medida el potencial de un conflicto más abierto entre Israel e Irán (y varias milicias aliadas como Hezbollah), en el que el territorio sirio sea uno de los principales escenarios de confrontación, permanece latente. Este no es un tema del pasado. Esta misma semana se reportaron nuevos bombardeos israelíes en Siria.

Por último, un cuarto conflicto que sobrevive es el que varios actores tienen con ISIS. Esa organización fue en efecto muy golpeada tanto por parte de la coalición internacional liderada por Washington como por parte de Assad y sus aliados. Sin embargo, la pérdida del territorio que llegó a conquistar esa agrupación islámica no terminó con ella. Solo en Siria se estima que la organización mantiene unos 10 mil combatientes (y quizás otro tanto en Irak) los cuales, como ya mencioné, se encuentran activamente cometiendo decenas de atentados cada semana. Pero además de ello, ISIS ha encontrado cómo subsistir a través de establecer y/o reforzar sus redes criminales. Siria, desde donde ISIS opera con holgura, se ha convertido en el mayor productor y exportador de anfetaminas del planeta. Apenas hace unos meses acá comentamos cómo en Italia se había confiscado un importante cargamento de ese estupefaciente que ISIS estaba enviando a la mafia italiana.

Estas son muestras, apenas. Aunque Siria ya no acapare reflectores. Aunque algunos de los conflictos cambien de formato. La sangre sigue siendo derramada. Millones de personas siguen viviendo fuera de sus hogares sin poder regresar. Las guerras no terminan por inercia. Se pueden negociar, a veces, ceses al fuego. Pero no la paz. La paz hay que construirla. A diez años, es importante seguirlo diciendo.

 

Analista internacional.
Twitter: @maurimm
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