Hay que distinguir las señales del ruido. Esto es válido no solo para un inicio de año, sino todo el tiempo. Aprovechamos, sin embargo, esta nueva vuelta al sol para detenernos por un momento a mirar los temas que están marcando y seguirán marcando la agenda internacional. Es imposible, por supuesto, en unas cuantas líneas pretender abarcarlo todo. Pensemos más bien que los puntos que señalo son apenas ciertas coordenadas para leer algunos de los eventos que probablemente dominarán una parte importante de la agenda global durante el año que inicia.

1. El declive del orden internacional basado en instituciones y leyes. La fragilidad de los arreglos e instituciones internacionales que durante décadas dominaron, regularon o cuando menos contuvieron la conducta de los estados es cada vez más patente. Esto se aprecia no solamente en el colapso de tratados de control de armas (especialmente las nucleares), la ineficacia de las instituciones multilaterales para prevenir o dirimir conflictos, o la disposición de distintos estados a retar abiertamente al derecho internacional y al orden institucional establecido, sino por encima de todo, la conclusión cada vez más generalizada de que la única garantía a la seguridad de los países está en cuidarse a sí mismos. Esto está implicando producir o adquirir cada vez más y mejor armamento, demostrar que se cuenta con ese armamento, y proyectar la suficiente determinación a emplearlo pese a los costos que ello conllevaría, factores que generan múltiples efectos y están resultando en despliegues de fuerza como hacía décadas no se observaba.

2. Mapas, rutas, cables submarinos y cuellos de botella geopolíticos. Uno de los ámbitos en donde el desorden más se está sintiendo tiene que ver con los cuellos de botella geopolíticos que se producen en distintas zonas del mundo, las disputas por rutas cruciales, mares cruciales, posiciones cruciales, y recursos que hoy resultan clave para temas como la inteligencia artificial o para industrias como la defensa o aviación, como los minerales críticos y tierras raras. Este rubro pasa por ubicar los sitios por donde transita no solo el comercio por encima del mar, sino los cables submarinos que nutren los datos con los que se mueven millones de personas, empresas y gobiernos. Por ejemplo, basta con observar el Mar Rojo en un mapa para entender lo que ahí se disputa entre los conflictos de Yemen, Sudán o Somalia, y la irrupción de múltiples potencias regionales y globales—desde Rusia y China hasta EU, desde Emiratos hasta Arabia Saudita o Israel—para hacerse de un pedazo de ese importante cruce de todo.

3. Múltiples conflictos activos. El declive del orden institucional basado en leyes y organismos multilaterales también se siente—no desde ahora sino al menos desde hace 15 años—en los muchos conflictos activos que hay en el globo. Dependiendo la medición que se utilice, estamos hablando de entre 135 y 180 conflictos armados activos, con casi 60 de ellos involucrando al menos a un Estado-Nación como parte del conflicto, y varios de esos son choques directos entre estados nacionales. Dos han resultado los más violentos y peligrosos por el número de personas y países afectados, el de Ucrania y el de Medio Oriente. Pero hay muchos más como el de Sudán, el Sahel o Myanmar, solo por mencionar algunos.

4. Medio Oriente. Por ahora, en Medio Oriente hay una serie de frágiles ceses al fuego que tienen al menos detenidas provisionalmente las escaladas mayores, pero en 2026 habrá que estar atentos sobre las treguas de Israel con Hamás, Hezbollah, los houthies y especialmente con Irán. Las posibilidades de que la guerra vuelva a escalar en alguno de esos frentes no son bajas.

5. La guerra en Ucrania. Este conflicto ha probado ser mucho más difícil de resolver que lo que Trump pensaba. Por ahora, como acá se ha explicado, todas las partes buscan convencer a Trump de que ellos no son los obstáculos para la paz, pero la realidad es que hay una enorme distancia entre las posturas de Moscú y Kiev, lo que hace pensar que la solución de la guerra no llegará pronto. Tendremos que observarlo, así como la creciente confrontación híbrida o de bajo perfil que ha escalado entre Moscú y distintos países europeos.

6. China-EU. Este tema rebasa con mucho a un solo año, y está marcado por la rivalidad que existe desde hace mucho tiempo entre una potencia establecida con una potencia emergente en crecimiento, y por la percepción de amenaza mutua que existe entre ambas. Esto se puede observar por supuesto en la guerra comercial en curso, pero hay mucho más. La rivalidad incluye una guerra tecnológica, una carrera armamentista, la competencia por recursos, economía, y por espacios de influencia material y política, los choques por las disputas en los mares colindantes con China, además de otros factores específicos como Hong Kong, y en especial Taiwán, un tema altamente sensible para Beijing y alrededor del que muy probablemente seguiremos observando la determinación de China para mostrar su fuerza en la medida en que esa sensibilidad sea retada por Washington, por Tokio o por quien sea.

7. El factor Trump. Todo lo que acabo de señalar importa y rebasa a Trump, pero en el año que termina y en los que siguen, no se puede obviar el rol que ese presidente está jugando. Sus agendas de “Estados Unidos primero”, “Hacer a Estados Unidos grande otra vez” y “Paz mediante la Fuerza”, así como su particular carácter, el diagnóstico que hace de su país y su lectura del mundo, sin mencionar su alta impredecibilidad, seguirán marcando la agenda cotidiana a lo largo de 2026. De un lado, se trata de un presidente que busca cumplir con sus promesas, mostrarse como hacedor de la paz y forjador de acuerdos—lo que ha tenido y seguirá teniendo efectos en negociaciones múltiples en distintos conflictos. Del otro lado, sin embargo, se trata de un presidente que cree en estrategias de presión máxima—lo que se manifiesta tanto en rubros comerciales y tecnológicos como en rubros geopolíticos—, que cree en la necesidad de mostrar su fuerza y determinación, llevando a cabo ataques contra actores que van desde los houthies e Irán hasta embarcaciones que él llama “narcoterroristas” en el Caribe y el Pacífico, y que tiene ciertos temas prioritarios en donde el uso de la fuerza parece indispensable, tales como la migración, la seguridad, el fentanilo (y en general el tráfico de drogas). Para todos esos factores, la prevalencia de Washington en su hemisferio está marcando fuertemente sus decisiones. Esto implica, por lo pronto, la probabilidad de que sus ataques contra Venezuela sigan escalando, pero seguramente veremos más ataques estadounidenses en otros sitios.

Aún así, es importante entender que su gestión hasta ahora no está siendo bien valorada a nivel interno. Sus ataques contra los houthies, contra Irán o incluso contra “narcoterroristas” o contra Venezuela, no están haciendo mucho por catapultar su aprobación cuando el tema crucial para el electorado en EU es la economía y especialmente el hecho de que sus ingresos no alcanzan para enfrentar un creciente costo de vida. Estas percepciones, así como el intento que probablemente hará Trump para impactar en las mismas, marcarán las elecciones intermedias en EU y posiblemente el resto de la gestión de ese presidente.

8. México y el mundo. Frente a todo lo que señalo, destaco apenas dos temas que competen a nuestro país. El primero tiene que ver con nuestro lugar en el globo. No somos ninguna isla que puede permanecer ajena a los aspectos que señalo. Somos un país que no solo cree en el multilateralismo, en la solución pacífica de controversias y en la proscripción al uso de la fuerza, sino que tiene una historia de haber jugado un rol activo en la construcción de ese orden institucional de arreglos y leyes para regular la conducta de los estados y prevenir el conflicto. Esa vocación es hoy más necesaria que nunca, y no solo por el “interés de otros”, sino por el interés propio de revertir el proceso de desorden y anarquía que desde hace años se veía venir. El segundo tema tiene que ver con la necesidad de ubicar cómo es que los temas que mencionamos impactan nuestra agenda bilateral con EU. La volatilidad con la que Trump actúa, sus prioridades de proyectar fuerza, poder y cumplimiento en temas como migración o seguridad, así como otros puntos de su agenda, impactarán las negociaciones sobre el T-MEC o su disposición a actuar unilateralmente en rubros como combate al crimen organizado hoy etiquetado como terrorismo. Leer y entender no solo a Trump, su carácter, su círculo y su agenda inmediata, sino también los asuntos internacionales que le quitan el sueño, los factores globales que marcan su conversación, y el efecto que todo ello puede tener sobre una ya compleja personalidad y sobre su toma de decisiones cotidiana, se vuelve indispensable para llevar a cabo negociaciones más fluidas con él, y tratar de aportar algo de certidumbre ante un panorama que es de suyo enormemente complejo tanto en el 2026 que inicia como en los años que vienen.

Hay muchos temas que no puedo incluir y que sin duda impactarán también en la agenda global, por ejemplo, el aumento del terrorismo y los ataques inspirados por ISIS, o los muchos movimientos de protestas masivas que estamos viendo en todo el globo, o incluso elecciones que serán importantes. Pero hasta acá el comentario de hoy. Sobre cada uno de esos asuntos y muchos otros seguiremos escribiendo en las semanas y meses que siguen. Que tenga usted el mejor año de su vida.

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