Mauricio Meschoulam

Nueva actualización sobre Medio Oriente: próximo fin al cese al fuego y posibles negociaciones

El arreglo debe garantizar al régimen iraní su supervivencia, lo que implica asegurar un flujo considerable de recursos y mantener su capacidad disuasiva

Articulista Mauricio Meschoulam. Foto: EL UNIVERSAL
20/04/2026 |09:51
Mauricio Meschoulam
autor de OpiniónVer perfil

Unas notas de actualización sobre la guerra en Medio Oriente y las tensiones que se viven en los últimos días del cese al fuego provisional negociado por Pakistán, así como sobre las potenciales negociaciones en curso:





1. La principal tensión que hasta ahora ha impedido una salida sencilla al conflicto se ubica, por un lado, en la necesidad y voluntad de Donald Trump de poner fin a este episodio con el objeto de detener y contener los costos —financieros, económicos, simbólicos y políticos— que no dejan de crecer día con día; pero, por otro lado, y con una importancia equiparable, está el imperativo de presentar un acuerdo con Irán que sea al menos superior al que él mismo abandonó en 2018, así como a lo que ya se había avanzado con Teherán en las negociaciones de febrero previas a la guerra.

Obtener concesiones inferiores a esos dos referentes, y además tener que aceptar demandas que en ese entonces no estaban sobre la mesa, exhibiría el sinsentido de haber lanzado una guerra que ya ronda los dos meses y cuyas repercusiones son demasiado elevadas no solo para Estados Unidos, sino para el mundo en su conjunto.

Club El Universal

2. En esa misma línea, se vuelve indispensable revisar rápidamente tanto el acuerdo firmado por Barack Obama en 2015 y abandonado en 2018 por Trump, como los argumentos que sustentaron esa decisión, y luego, lo que se estaba negociando en febrero pasado.

3. El Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA) fue un pacto firmado por Irán, Estados Unidos, otras seis potencias (incluidas Rusia y China) y la Unión Europea en 2015. En términos generales, el acuerdo no eliminaba, pero sí limitaba la actividad nuclear iraní a un punto tal que, si Teherán decidía incumplirlo, tendría que transcurrir aproximadamente un año para que ese país pudiera producir una bomba atómica. Esto se lograba mediante: (a) el establecimiento de un límite al enriquecimiento de uranio, fijado en 3.67% de pureza (para una bomba atómica se requiere enriquecer uranio al 90% de pureza); (b) la desconexión de la mayor parte de las centrífugas del programa nuclear; (c) la eliminación de cerca del 97% del uranio enriquecido que Irán poseía (unas 12 toneladas), además de reducir el nivel de pureza del material restante al límite acordado; y (d) la verificación de todo lo anterior bajo un régimen de inspecciones sin precedentes por parte de la Agencia Internacional para la Energía Atómica. El acuerdo contemplaba una vigencia de entre 10 y 15 años.

4. Las críticas de Trump en su momento —razones por las cuales calificó el acuerdo como “el peor jamás firmado” y decidió abandonarlo en 2018— eran: (a) su fecha de caducidad (10–15 años), (b) que el acuerdo no contemplaba el programa de misiles de Irán (especialmente los balísticos), y (c) que tampoco incluía el respaldo de Irán a una amplia red de milicias y actores aliados en la región, que operaban y operan en contra de los intereses de Estados Unidos y sus socios.

5. Por tanto, con la nueva gestión de Trump, y bajo tácticas de presión máxima que ahora incluyen una guerra mayor, un nuevo acuerdo difícilmente podría producirse sin superar esos componentes. Esto implica que: (a) Washington demanda cero enriquecimiento de uranio (ya no acepta el 3.67%), (b) busca una nueva fecha de caducidad considerable, primero pedía 30 años, luego 20, (c) Irán tendría que deshacerse de su reserva de uranio altamente enriquecido, estimada en más de 400 de kilogramos, (d) Estados Unidos exige el fin del financiamiento y armamento a actores como Hamás y Hezbollah, y (e) también demanda restricciones significativas al programa de misiles iraníes.

6. El punto es que, antes de la guerra, y de acuerdo con el mediador de Omán, Irán ya había aceptado varios de esos elementos y, de hecho, hacia el 27–28 de febrero se consideraba que un acuerdo estaba al alcance. Aunque no se conocen todos los detalles, pues la información disponible proviene principalmente de filtraciones, sí se sabe que hubo avances relevantes en materia de enriquecimiento y manejo de las reservas de uranio, incluyendo la posibilidad de no acumular material enriquecido, algo calificado como un “avance sustancial” por la mediación omaní. Sin embargo, persistían diferencias importantes en torno al programa de misiles y al respaldo a milicias proiraníes.

7. Trump asumió, como ya lo sabemos, que tras la guerra —y especialmente tras la eliminación del Ayatola y buena parte de su círculo— emergería un régimen mucho más flexible; que Irán aceptaría no solo esos elementos, sino otros adicionales que permitirían al presidente exhibir la eficacia de sus herramientas de presión, como ha intentado hacer en otros casos durante esta gestión.

8. La realidad, sin embargo, es menos favorable a esa expectativa. La posición de Irán no parece sustancialmente distinta a la que sostenía a finales de febrero: en el tema nuclear, Teherán ha mostrado disposición a suspender el enriquecimiento, pero solo por periodos limitados—del orden de 3 a 5 años—muy lejos de las exigencias estadounidenses de plazos mucho más largos. En cuanto al programa de misiles y el respaldo a milicias aliadas, no hay aún acuerdos. Y, además, se ha añadido un nuevo elemento a la ecuación: el Estrecho de Ormuz, sobre el cual Irán plantea demandas de control y cobro de cuotas para el tránsito.

9. En términos simples, todo indica que, a pesar de la destrucción material sufrida, los enormes daños a su infraestructura, economía y población, e incluso tras la eliminación de buena parte de su liderazgo, Irán se autopercibe —y logra proyectarse— como suficientemente fuerte para sostener su postura negociadora: hacer algunas concesiones, sí, pero al mismo tiempo introducir nuevas demandas que no estaban sobre la mesa antes del inicio del conflicto militar.

10. Un ejemplo claro es la demanda de Teherán de incluir a Líbano en el cese al fuego negociado por Pakistán. Para Irán, abandonar a su aliado Hezbollah —que se sumó a la guerra contra Israel en su defensa— no era opción. Por ello, anunció que el Estrecho de Ormuz no se abriría durante el cese al fuego si este no contemplaba también el fin de las hostilidades entre Israel y Hezbollah. Esto llevó a Trump a presionar a Netanyahu para avanzar en ese frente. Así, solo cuando se anunció el cese al fuego en Líbano, Irán accedió, apenas el jueves pasado, a reabrir el Estrecho de Ormuz.

11. Lo que ocurre, en línea con lo que vengo señalando, es que Trump no puede permitirse proyectar debilidad ni que se consolide la percepción de que, tras la guerra contra Irán, ese país no está flexibilizando su postura. De ahí la implementación de un bloqueo naval sobre puertos iraníes —aún en curso— que no solo ha impedido la salida y llegada de un número importante de embarcaciones, sino que ya incluye la detención de al menos un buque que se dirigía a esos puertos. Esto ha orillado a Teherán a mantener el cierre sobre el estrecho.

12. Al momento de este escrito, Irán ha anunciado que no acudirá a las negociaciones mientras permanezca el bloqueo estadounidense. Trump, por su parte, sostiene que estas sí tendrán lugar y que su delegación, encabezada por el vicepresidente, estará presente en Islamabad para las conversaciones.

13. Independientemente de lo que ocurra y que habrá que monitorear en los próximos días, lo central es que, para tener éxito, las negociaciones deben permitir a Trump algún tipo de victoria en los aspectos señalados: avances en lo nuclear que le permitan afirmar que su acuerdo es “mucho mejor” que el “pésimo acuerdo” firmado por Obama, y quizá ciertas restricciones al programa de misiles iraníes o elementos similares, además, por supuesto, de la apertura del Estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, el arreglo debe garantizar al régimen iraní su supervivencia, lo que implica asegurar un flujo considerable de recursos y mantener su capacidad disuasiva mediante: (a) garantías creíbles de no agresión futura, (b) la preservación de su proyecto nuclear, aunque sea bajo suspensión provisional durante un tiempo por definir, (c) la continuidad de sus programas de misiles y drones, y (d) la vigencia de su red de alianzas.

14. Las alternativas a un acuerdo que abarque todos estos puntos son, por un lado, un arreglo menos ambicioso que incluya únicamente elementos básicos para sostener el cese al fuego mientras se negocian los temas de fondo; o bien, la reanudación de las hostilidades, que sigue siendo, en este punto, un riesgo elevado.

Le daremos seguimiento.

Instagram: @mauriciomesch

TW: @maurimm