La CIA corrió hace unos días una serie de juegos de guerra para prever los escenarios más probables del actual conflicto en Medio Oriente. La conclusión fue que no hubo conclusión. Se reportó que la cantidad de variables en juego—de las que dependían los distintos escenarios—era tan amplia y volátil que se optó por dejar el ejercicio inconcluso. Esto es apenas una muestra de lo que se está viviendo. En un mismo día, en cuestión de horas, Trump anuncia avances sustanciales en las negociaciones y declara que el régimen en Irán ya cambió, pero al mismo tiempo lanza nuevas amenazas. Antes, el vicepresidente Vance afirma que la misión militar de Estados Unidos está cerca de finalizar, mientras que, en paralelo, conocemos detalles sobre nuevos despliegues y planes de Washington para operaciones en tierra. Los houthies se involucran en la guerra y lanzan misiles contra Israel, aunque su declaración sigue siendo ambigua. En fin, leer y encontrar sentido en estas señales se vuelve una labor titánica. Aun así, intentemos trazar algunas coordenadas.
1. En este espacio planteamos que, conociendo a Trump, su relación con su base y sus preocupaciones por el impacto negativo que esta guerra está teniendo en la opinión pública doméstica en un año electoral, un escenario probable consistía en que el presidente eventualmente buscaría una salida que le permitiera construir una narrativa de victoria: mostrar a sus audiencias que la guerra valió la pena y que sus efectos serán limitados. El problema es que, en un escenario alternativo, también explicamos que Irán podría intentar negarle esa salida, prolongando la guerra hasta obtener concesiones y, sobre todo, restablecer su capacidad disuasiva, asegurando que no será atacado nuevamente en meses o años. Este último escenario podría derivar en escaladas aún mayores y en una espiral ascendente muy difícil de controlar.
2. Lo que estamos viendo materializarse parece ser una combinación de lo anterior. Observamos a Trump buscando formas de tejer su narrativa de salida, mientras Vance hace eco de esa narrativa y envía señales de que, por un lado, Estados Unidos ha alcanzado sus objetivos militares antes de lo previsto y que, por el otro, está cerca de comenzar a reducir sus operaciones. En ese sentido, Trump argumenta que el régimen ya cambió, que las capacidades militares de Irán están materialmente destruidas y que, por tanto, están desesperados por alcanzar un acuerdo. Esta narrativa le permitiría eventualmente presentar una victoria y trasladarse a otro de los múltiples frentes que tiene abiertos.
3. Al mismo tiempo, sin embargo, Irán ha encontrado incentivos suficientes para seguir resistiendo. Sus tácticas asimétricas y disruptivas han sido altamente eficaces en función de sus objetivos. Gracias a ellas, ha conseguido una suerte de rehenes —al menos desde la perspectiva psicológica y del miedo construido— que resultan cruciales para temas como mercados y predicciones. Estos “rehenes” incluyen el tránsito y, por tanto, el abasto de petróleo, gas y sus derivados, pero también el sentimiento de seguridad en países tradicionalmente estables como Emiratos Árabes Unidos o Qatar. Irán logra así posicionar con fuerza una narrativa que compite con la de Trump: pasan las semanas y el país mantiene suficiente capacidad tanto para atacar como para producir efectos psicológicos y financieros, generando incluso cambios en las conductas de países lejanos, como los asiáticos, que han entrado en una fase de ahorro energético. Esto, a su vez, eleva los niveles de presión política que llegan a Trump desde múltiples frentes. Con ello, Irán construye bases para negociar desde una posición que su fuerza material por sí sola no le permitiría, lo que refuerza sus incentivos para seguir resistiendo mediante las tácticas que le están funcionando.
4. Por tanto, cuando surgen los primeros esbozos de negociaciones indirectas, la postura que Irán refleja es incluso más dura que la que mostraba antes de iniciar la guerra, cuando el Ayatola Alí Khamenei y el liderazgo mayor del país aún vivían, y cuando Teherán no había sufrido el nivel de destrucción material que ha padecido, y que seguirá padeciendo si el conflicto se prolonga. Además de mantener una línea dura en materia nuclear y de misiles, Irán está demandando garantías de que no será atacado nuevamente, así como compensaciones por los daños sufridos.
5. Es cierto que Irán podría estar realizando este tipo de declaraciones en público mientras, en privado, está dispuesto a aceptar concesiones mayores a las que hoy conocemos. Pero debemos partir de una base: (a) independientemente de cómo se plantee el resultado de esas negociaciones, el régimen iraní buscará asegurar su supervivencia presente y futura; de lo contrario, no tendría incentivos para dejar de luchar; (b) parte de ello implica garantizar que mantiene factores de disuasión, lo que puede traducirse en una mínima capacidad nuclear y/o en una capacidad suficiente para sostener su producción de misiles y drones; (c) a medida que pasan las semanas, y mientras Estados Unidos e Israel no logran doblegar su voluntad de resistencia, el régimen en Teherán asume que sus tácticas tienen la eficacia suficiente como para eventualmente agotar la paciencia de Trump y alcanzar sus objetivos de supervivencia, con garantías futuras y cierto nivel de capacidad disuasiva.
6. Esto podría cambiar en un futuro si es que su determinación logra eventualmente ser fracturada, pero no estamos ahí. Mientras los factores arriba señalados no cambien, podemos prever que la espiral de la guerra seguirá ascendiendo.
7. Aquí es donde entran los houthies. Recordemos que se trata de un grupo rebelde en Yemen, respaldado, financiado y armado por Irán (aunque cuenta también con otras fuentes de financiamiento), que no solo conquistó la capital del país y expulsó de ella al gobierno internacionalmente reconocido, sino que libró durante años una guerra contra Arabia Saudita y su coalición sin que estos actores hayan logrado doblegarlos. Más adelante, los houthies se suman a la causa de Hamás y la Jihad Islámica Palestina —agrupaciones que también reciben financiamiento y armamento de Irán— en su guerra contra Israel, y deciden atacar tanto a ese país como provocar una disrupción masiva en la navegación comercial por el Mar Rojo.
8. Hay que entender que, por el cuello de botella que los houthies controlan, transita alrededor de un 15% del comercio global y cerca de un 17% del tráfico de datos a nivel mundial. Así, un grupo rebelde relativamente pequeño tiene la capacidad de producir efectos de gran escala en lo económico y financiero, o incluso de cortar cables submarinos y provocar actos de sabotaje internacional, lo que le otorga un poder desproporcionado.
9. Frente a esta problemática, Biden organizó una coalición para atacarles y defender el tránsito internacional por esas aguas, pero no logró quebrar su determinación. Posteriormente, al inicio de la gestión de Trump, Washington lanzó una operación de mayor escala, una campaña que se extendió por varias semanas. Sin embargo, el resultado fue apenas un cese al fuego parcial: el grupo accedió a dejar de atacar a embarcaciones estadounidenses, pero mantuvo sus operaciones contra Israel y contra la navegación en la zona hasta que se estableció el cese al fuego entre Israel y Hamás el año pasado.
10. Ahora mismo, los houthies habían optado por esperar y no intervenir directamente en defensa de Irán, salvo que la situación se prolongara o se deteriorara aún más. Esto responde a intereses propios que pueden explicarse con mayor detalle en otro momento, pero que tienen que ver con sus aspiraciones de supervivencia e independencia como un actor con agenda propia, no siempre alineada de manera automática con Teherán. Dicho eso, hace unos días los houthies decidieron lanzar sus primeros misiles contra Israel en meses.
11. Esos misiles deben interpretarse como un mensaje. Si la situación continúa escalando y Estados Unidos cumple con las amenazas más recientes de Trump —incluyendo el bombardeo de infraestructura eléctrica y de agua en Irán, o incluso la posibilidad de “tomar el petróleo de Irán” mediante operaciones terrestres que podrían involucrar puntos como la isla de Kharg, entre otros—los houthies podrían incorporarse frontalmente al conflicto y hacer exactamente lo que hicieron entre 2023 y 2025: interrumpir el tránsito por el Mar Rojo, por donde circula buena parte de la mercancía que va de Asia rumbo a África y Europa.
12. Para lograrlo —igual que como lo hace Irán— los houthies no necesitan cerrar materialmente ese paso, sino simplemente atacar algunas embarcaciones, provocar ciertas explosiones o secuestrar personal (como lo hicieron durante años) para generar una percepción de peligro en la zona. Eso es suficiente para elevar los costos de los seguros y del transporte, y para añadir efectos psicológicos, financieros, económicos y políticos a todo lo que ya está ocurriendo.
Seguiremos incorporando factores al análisis.
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