Trump acaba de anunciar que el domingo por la noche hubo “conversaciones muy productivas” con Irán, lo que lo llevó a posponer el ultimátum que había emitido hace dos días, en el que amenazaba con atacar la infraestructura eléctrica iraní si ese país no “abría el Estrecho de Ormuz”. Hasta el momento de escribir esto, Irán ha minimizado la relevancia de las pláticas, reduciéndolas a “ciertas iniciativas regionales”. De acuerdo con Trump, las conversaciones, que deberían extenderse en los próximos días, buscan resolver completa y totalmente las hostilidades en Medio Oriente con el objeto de lograr una paz integral. Esto, en teoría, incluiría no solo los ataques de Irán contra los países del Golfo y el tránsito por el Estrecho de Ormuz, sino también las hostilidades entre Israel y Teherán. Es todavía muy pronto para saber si estamos ante el principio del fin de esta fase, pero dejo aquí algunos apuntes sobre los elementos que conviene seguir de cerca en estos días:

1. En esencia, a diferencia de las pláticas que tuvieron lugar hace un mes, ahora mismo hay dos temas centrales. El primero es el cese al fuego, que en teoría debería abarcar todos los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, así como los de Irán contra esos dos países, contra otros actores de la región y contra embarcaciones que buscan cruzar el Estrecho de Ormuz. Para Irán, este cese al fuego tendría que incluir garantías creíbles de que no será atacado nuevamente. Pero esto, probablemente, está conectado con el segundo tema: negociaciones más de fondo, que incluyen, pero no se limitan, a los proyectos nuclear y de misiles de Teherán.

2. Para entender los temas de fondo, hay que recordar lo siguiente. Trump abandonó en 2018 el acuerdo nuclear que Estados Unidos y otras potencias (Rusia y China incluidas) habían firmado con Irán en 2015. Las justificaciones de entonces siguen siendo parte central de las negociaciones de hoy y consistían en que: (a) el acuerdo tenía fecha de caducidad, tras la cual Irán podía elevar el volumen y el grado de enriquecimiento de uranio de manera legítima (a menos que, hacia ese año, 2025, se hubieran negociado nuevos términos); (b) el acuerdo de 2015 no contemplaba el programa de misiles de Teherán; y (c) tampoco incluía menciones ni restricciones al financiamiento, entrenamiento y respaldo de Irán a un número importante de milicias regionales que operan en contra de los intereses de Estados Unidos y sus aliados en la zona.

3. Por tanto, desde la perspectiva de Trump, las nuevas negociaciones deben, cuando menos, resolver de manera definitiva estos aspectos. Esto implicaría, entre otras cosas, la cesación total del enriquecimiento de uranio y el fin del programa de misiles.

4. Hasta antes del inicio de la guerra, sabíamos que Irán estaba dispuesto a reducir considerablemente su enriquecimiento de uranio, pero no a eliminarlo. Es decir, aunque Teherán podría aceptar limitar en términos prácticos su capacidad de enriquecimiento, le resulta crucial mantener algún grado de continuidad en su proyecto nuclear. Se trata no solo de un símbolo nacional, sino de un instrumento que le permite conservar un nivel mínimo de disuasión hacia el futuro. Lo último que supimos es que el ministro exterior de Omán, mediador en el proceso, había anunciado que las partes estaban prácticamente a punto de alcanzar un acuerdo hacia el viernes 27 de febrero, que podría haberse cerrado incluso al día siguiente. Sin embargo, los ataques de Israel y Estados Unidos que detonaron la guerra interrumpieron ese proceso. Habrá que observar ahora cómo se retoman esas negociaciones y hasta qué punto Washington mantiene su exigencia de “cero enriquecimiento”, mientras Irán insiste en preservar un nivel mínimo.

5. El programa de misiles es otro punto clave. Irán nunca ha estado dispuesto a eliminarlo, pues lo considera, incluso por encima de su programa nuclear, su principal herramienta de disuasión. Casi cuatro semanas después, resulta evidente por qué Teherán no quería ceder en este terreno. Son los misiles, junto con los drones, los que le han permitido no solo sostener la guerra durante estas semanas aprovechando su asimetría, sino también colocarse hoy en una posición negociadora que no necesariamente refleja la debilidad que podría suponerse tras 25 días de ataques, la decapitación de su liderazgo y la destrucción de buena parte de su infraestructura militar y naval.

6. Más allá de lo que Trump consiga extraer de Irán en este punto, vale la pena retomar algunos aspectos que ya habíamos señalado aquí, pues esto es justo lo que hay que monitorear en los siguientes días:

A. La posibilidad de un cese al fuego que llegaría más pronto que tarde se mantuvo en este espacio como el escenario base. Esta previsión se explica por la naturaleza política de Trump, por la influencia en él de una parte relevante de su propia base en Estados Unidos, e incluso por la opinión pública en general, mayoritariamente opuesta a esta guerra, especialmente cuando los costos directos en los bolsillos de los estadounidenses comenzaban a sentirse con fuerza en un año electoral.

B. Aun así, también señalamos que Trump estaba metido en una trampa que le estaba obligando a escalar las hostilidades, y es importante subrayar que, al momento de escribir esto, no ha salido de ella. A pesar de querer terminar el conflicto lo antes posible, Irán ha tejido una compleja red de respuestas asimétricas en toda la región. Estas respuestas utilizan la violencia material, pero solo como instrumento para generar efectos simbólicos, psicológicos, financieros, económicos y, en última instancia, políticos con el objeto de elevar el costo por estarle atacando a fin de incidir en el cálculo de seguirlo haciendo. Así, por ejemplo, Irán no necesitaba cerrar físicamente el Estrecho de Ormuz, sino producir—mediante ataques con misiles y drones—la percepción de riesgo, el sentimiento de una amenaza creíble y, por tanto, la conclusión de que el estrecho es intransitable. De este modo, ha logrado golpear directamente los objetivos centrales de Trump. En consecuencia, un repliegue por parte de Trump puede ser percibido como una huida que proyecta debilidad, no la fuerza que él pretendía mostrar.

C. Permítame ponerlo así: se ha escrito mucho acerca de que esta guerra constituía, en el fondo, un mensaje hacia China, orientado a demostrar no solo las capacidades de Estados Unidos, sino su determinación de usar la fuerza pese a los costos. Sin embargo, tras 25 días, Beijing podría estar recibiendo el mensaje contrario: Irán ha logrado, mediante tácticas limitadas, empujar a Trump a buscar una salida lo antes posible. Esto, sin mencionar los múltiples reportes que apuntan al desgaste de las municiones estadounidenses en un teatro de operaciones que, en teoría, no era prioritario (basta revisar los documentos de Seguridad Nacional y Defensa Nacional recientemente publicados).

D. La conclusión, entonces, no es demasiado difícil de entender: una ruta de salida para Trump que no contemple de manera integral los aspectos que ya estaban sobre la mesa en negociaciones previas sería interpretada como un signo de debilidad. ¿Para qué lanzar esta operación contra Irán si el resultado no mejora lo que ya se tenía hacia el 27 de febrero? Por tanto, habrá que seguir de cerca los acuerdos en torno al tema nuclear, el programa de misiles y el papel de las milicias proiraníes en la región (incluyendo, entre otras, a Hezbollah en Líbano y a los houthíes en Yemen). Si Trump no consigue buenos acuerdos en estos rubros le será complicado salirse de la trampa señalada y tendrá que seguir escalando.

E. Para el régimen en Teherán, en cambio, este conflicto se transformó rápidamente en una guerra por su supervivencia. Si el régimen logra subsistir y mantener el control del país, incluso con todos los costos asumidos, desde su perspectiva habrá salido victorioso de este que ha sido su mayor reto. Esta sola idea desmontaría algunos de los planteamientos de Trump, como la “rendición incondicional de Teherán” o el cambio de régimen, reiterados en múltiples ocasiones desde enero hasta ahora.

F. Pero, más allá de lo que cada parte busca, también es posible imaginar un escenario intermedio, ubicado en una zona de potencial acuerdo: Irán podría ofrecer concesiones suficientes para que Trump pueda presentar una victoria lo bastante sólida como para no proyectar debilidad y, a cambio, obtener no solo un salvavidas para el régimen, sino garantías creíbles de no ser atacado posteriormente.

Esto último, sin embargo, podría tomar más tiempo que los cinco días que Trump ha señalado como duración de las negociaciones. Como dije, es todavía muy pronto para afirmar si estamos ante el principio del fin de este episodio. Pero estos son los temas que conviene seguir de cerca en los próximos días.

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