Si Irán se encontraba en su momento de mayor debilidad desde antes de que esta guerra iniciara, ahora lo está mucho más. El Ayatola fue eliminado, al igual que buena parte de su liderazgo. Su incapacidad para defender sus cielos es más que patente. Los daños que ha sufrido su infraestructura nuclear, militar y de misiles son enormes. Su capacidad naval está gravemente mermada. Y conforme escribimos estas líneas, este es un proceso que continúa. Las preguntas entonces giran en torno a por qué, cómo y hasta cuándo Irán seguirá resistiendo. Pero las respuestas pasan por asumir que estamos ante un enfrentamiento claramente y cada vez más dispar y que, por tanto, lo que Irán está implementando es una estrategia asimétrica de combate. Así, mientras Estados Unidos e Israel pueden definir la victoria en un rango que va desde el cambio de régimen hasta simplemente la destrucción material de los proyectos nuclear y de misiles iraníes, para el régimen en Teherán la victoria consiste tan solo en resistir y sobrevivir. La forma de lograrlo es impactar en el cálculo de sus contrapartes acerca de seguir adelante con la guerra. Este tipo de tácticas no se mide por los daños causados en el plano material, sino que utiliza lo material exclusivamente como instrumento para impactar en lo simbólico, lo psicológico, lo económico y lo político, a fin de incidir en percepciones, cálculos y decisiones de sus contrapartes. A continuación, algunos apuntes acerca de lo que hemos observado:
1. En general podemos decir que las tácticas asimétricas buscan hacer uso de las capacidades limitadas por parte de un actor que opera en condiciones dispares frente a otros, para provocar daños económicos, psicológicos y políticos en su enemigo. Para ello se emplea un arsenal de instrumentos que, en el caso de Irán, ha sido cuidadosamente planeado durante años, y que va desde el sabotaje y los ataques contra objetivos económicos y simbólicos hasta la producción de un sentimiento de caos y descontrol en toda su región y más allá.
2. Paralelamente, la guerra cognitiva consiste en el uso de técnicas psicológicas, sociales y tecnológicas para manipular la percepción de una población o de sus líderes. El objetivo no es simplemente que el enemigo crea algo falso, sino cambiar su comportamiento, debilitar su resiliencia y erosionar su cohesión social desde adentro. El INSS la define a menudo como un ataque al “sistema operativo” de la mente humana. En lugar de disparar balas, se disparan narrativas diseñadas para explotar sesgos cognitivos (INSS, 2024).
3. Desde esta perspectiva, la eficacia de este tipo de herramientas asimétricas, psicológicas y cognitivas no radica en el monto de los daños materiales causados, ni siquiera en el número de víctimas ocasionadas, sino en la dimensión de sus acciones en términos de las percepciones de sus enemigos; en su efecto en ámbitos como el de la política doméstica en Estados Unidos —especialmente cuando las encuestas muestran una abrumadora opinión pública opuesta a esta guerra y entre aquellos sectores que consideran que Trump tiene las prioridades equivocadas—; y, sobre todo, en términos de si estas tácticas consiguen desgastar la paciencia de alguien como Trump o alterar el cálculo de las decisiones que están siendo tomadas.
Así es como tenemos que entender el múltiple despliegue de Irán a lo largo de los últimos días.
3a. Primero, contra objetivos estadounidenses, lanzando misiles y drones directamente contra bases militares, pero también contra embajadas, consulados e intereses estadounidenses en general.
3b. Segundo, contra Israel, un país cuya población está más acostumbrada y preparada para este tipo de tácticas, pero que, aun así, ahora tiene que absorber el shock de ataques masivos con misiles balísticos —misiles que no se pueden comparar con los que lanzan agrupaciones más pequeñas como Hamás o Hezbollah—. Independientemente del daño material que produzcan, estos ataques sí generan un efecto de estrés colectivo en la sociedad, especialmente cuando son lanzados desde Teherán en salvas continuas o separadas por poco tiempo, obligando a la población a refugiarse en búnkeres varias veces durante el día y la madrugada, e impidiendo cualquier sensación de normalidad. La eficacia de esta táctica está, obviamente, en su duración. ¿Hasta cuándo Irán puede mantener estos ataques mientras al mismo tiempo está siendo bombardeado y sus capacidades disminuyen? Y, por otro lado, ¿hasta cuándo puede Netanyahu sostener la cantidad y eficacia de los misiles interceptores, en paralelo con el respaldo de su población, no solo respecto de tener que pasar largos periodos del día y la noche en búnkeres, sino respecto de la suspensión de actividades económicas si esto se prolongara durante varias semanas?
3c. Tercero, contra numerosos países de la región, bombardeando no solo infraestructura militar estadounidense alojada en esos países, sino también parte de su infraestructura económica, civil, energética e incluso turística.
3d. Cuarto, atacando rutas comerciales, de traslado de energía (petróleo y gas) y, potencialmente, rutas de cadenas de suministro.
4. El Estrecho de Ormuz como ejemplo.
4a. Nuevamente, el impacto buscado por Irán se encuentra mucho menos en el ámbito material que en el ámbito de las percepciones y de la afectación del cálculo de quienes toman decisiones.
4b. Un ejemplo es la declaración de Irán acerca del “cierre del Estrecho de Ormuz”, el sitio por donde transita entre una cuarta y una quinta parte del petróleo y del gas que se consume en el planeta. En una guerra narrativa, Washington responde rápidamente declarando que el Estrecho no está cerrado y que sus navíos vigilarán la zona, incluso acompañando a las embarcaciones que requieran pasar por ahí a fin de brindarles seguridad.
4c. Sin embargo, ya en más de una ocasión se ha documentado fuego iraní contra barcos que cruzaban el estrecho. El efecto material de ese fuego se vuelve relativamente irrelevante frente a los efectos psicológicos, y por tanto económicos, que potencialmente cada uno de esos ataques conlleva. Es decir, las empresas que observan que las embarcaciones están siendo atacadas, y que Estados Unidos es incapaz de proteger al 100% de esos navíos, pueden optar por no correr los riesgos, sin mencionar las posibles alzas en los costos de seguros y transportación que todo esto implica.
4d. Paralelamente, Estados Unidos puede afirmar que está destruyendo la fuerza naval iraní, algo que parece estarse consolidando. Pero independientemente de ello, a Irán le basta con un dron aéreo o submarino, o con un misil que atine en el blanco (o incluso cerca de éste) para producir el impacto negativo en las percepciones que señalo.
4e. Algo similar ocurre con los ataques en Dubái, Abu Dhabi, Qatar o Arabia Saudita. Más que el impacto material real, o la cantidad de misiles o drones derribados antes de alcanzar su objetivo, lo que debe evaluarse es el efecto psicológico ocasionado por el solo hecho de que países que usualmente eran percibidos como estables y pacíficos ahora estén bajo bombardeos.
4f. Por último, uno podría preguntarse si Irán está acertando al involucrar a países que no tienen un conflicto abierto con Teherán, muchos de los cuales han impedido el uso de su espacio aéreo o de sus bases para atacar a ese país, o incluso a Omán, que ha sido el mediador principal entre Irán y Estados Unidos. Pero lo que hay que entender en medio de esta estrategia altamente disruptiva es, primero, que no es la primera vez que Irán ha utilizado estas tácticas contra esos países—aunque a menor escala—ya sea de manera directa o indirecta; antes ya los ha atacado. Y segundo, que Irán está siendo eficaz en colocar a esos países en el mismo bando que Israel, algo que no es fácil de justificar ante poblaciones que en muchos casos mantienen posturas profundamente antiisraelíes frente a la idea de atacar a un país musulmán en conjunto con Jerusalem.
5. La guerra se está convirtiendo entonces en una competencia de voluntades y de desgaste.
5a. De un lado, el desgaste del arsenal de Irán—que cada vez más necesita economizar sus misiles y drones si desea resistir usando estas mismas tácticas durante varias semanas más—en paralelo con el deterioro de su infraestructura militar y de su capacidad de respuesta. A ello se suma el desgaste que seguirán sufriendo sus mandos militares y políticos ante la presión de los bombardeos en su contra, y finalmente el desgaste de una población que ahora no solo experimenta la crisis económica, híbrida y energética de la que ya hemos hablado, sino también bombardeos continuos en las principales ciudades del país. Todo ello ocurre en medio de la crisis de legitimidad de un régimen cuya meta es sobrevivir y que se resiste a mover sus líneas de control.
5b. Del otro lado está el desgaste de Trump, quien tiene la última palabra incluso por encima de Israel. Consideremos que, de acuerdo con la narrativa de Washington, las cosas van mejor de lo planeado: se han roto las cadenas de mando del liderazgo iraní, Teherán es ya incapaz de coordinar una respuesta que tenga el más mínimo impacto, y su liderazgo está profundamente debilitado, lo que abriría la puerta a un cambio de régimen inminente. Sin embargo, en la medida en que Irán logre impactar negativamente sobre esa narrativa —es decir, cuestionarla a través de lo que se percibe en sus acciones, como los continuos bombardeos contra Israel y países del Golfo, ataques a embarcaciones comerciales, o incluso operaciones coordinadas con Hezbollah (ubicada en Líbano) o potencialmente con los houthies de Yemen—, en esa misma medida puede producirse el agotamiento de la paciencia de Trump, quien podría ver transcurrir el tiempo sin que estas tácticas asimétricas se detengan. Porque la ventaja que tienen los actores más débiles en un combate asimétrico es que no requieren una gran cantidad de ataques eficaces: basta uno para producir el impacto cognitivo que se busca.
6. Es imposible saber hoy qué sucederá primero. Trump sigue enviando señales de que está dispuesto a pagar el costo político que sea necesario y prolongar las hostilidades todo lo que haga falta hasta conseguir los objetivos de Estados Unidos. Esto puede ser verdad, pues bien podría estar inmerso en una trampa de su propia creación que no le deja otra alternativa que seguir escalando. Pero también es posible que, en el momento en que menos se espere, encuentre la forma de declarar una victoria y así, salir de esa trampa.
7. Del lado iraní, también se sigue enviando la señal de que el régimen ha podido resistir los primeros shocks de esta guerra y que está cuidando sus despliegues asumiendo que esto podría durar más de lo previsto. Pero tampoco podemos descartar que una guerra demasiado prolongada termine por agotar su arsenal y su capacidad de desplegar las tácticas que hasta ahora hemos visto, haciendo pasar este conflicto a otra fase que en su momento tendremos que analizar, dados los escenarios que de ella se abren.
Seguiremos observando y compartiendo análisis al respecto.
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