¿Qué sucede en Irán? ¿A qué obedece el despliegue estadounidense que amenaza al régimen? ¿Qué es lo que está motivando a Trump a ejercer este nivel de presión? ¿Qué escenarios se abren para la negociación o el conflicto y qué podría suceder con el régimen? A continuación, algunos apuntes para contribuir a posibles respuestas a estas preguntas.

1. El punto de partida para entender lo que ocurre en Irán es asumir que estamos ante el momento de mayor fragilidad del régimen, quizá desde el establecimiento de la República Islámica en 1979. Esto obedece a una combinación de factores externos e internos que pueden sintetizarse en: (a) la incapacidad que exhibió Teherán en 2025 para defender sus cielos y detener los ataques de Israel y Estados Unidos, no solo para proteger un proyecto tan importante a nivel nacional como el programa nuclear, sino incluso para evitar la decapitación de la cúpula militar y de seguridad del país; (b) el desplome de su red de alianzas con actores regionales, desde el régimen de Assad en Siria hasta Hezbollah en el Líbano; (c) una situación económica más precaria que en muchos años, producto en parte de las sanciones internacionales y en parte de factores estructurales, combinada con una profunda crisis energética y de abasto de agua; y (d) un nivel de ilegitimidad del régimen quizá sin precedentes, derivado de la ausencia de canales efectivos para procesar las demandas de la población, no solo en el ámbito económico y social, sino también en el político.

2. Lo anterior se tradujo en una ola de manifestaciones masivas, activada inicialmente por el colapso de la moneda iraní, pero que se aceleró y se propagó de una forma no vista en olas previas de protestas. Este proceso fue incentivado, además, por la amenaza de un Trump empoderado que, tras la captura de Maduro, ofrecía respaldo explícito a los manifestantes y advertía que bombardearía al régimen si este asesinaba a civiles que se encontraban protestando.

3. Dicho todo esto, asumir que este conjunto de factores implica necesariamente el colapso fatal del régimen —y que, por tanto, nos encontramos en el umbral de la democracia— sería una lectura parcial. El régimen iraní está construido sobre una arquitectura diseñada para su supervivencia. No es imposible que dentro de esa arquitectura se produzcan movimientos, colapsos parciales o incluso transformaciones. Pero el punto de partida es que quienes han sostenido el poder real de manera sólida durante décadas cuentan tanto con la voluntad como con las herramientas para preservarlo, y harán todo lo posible por lograrlo, pese a las amenazas internas y externas que enfrentan.

4. Así, ante lo que estamos es frente a una carrera —o competencia— entre la acumulación de presiones internas y externas que enfrenta el régimen en Teherán, por un lado, y su impulso y necesidad existencial de mantener el poder, por el otro.

5. Esto, como es evidente, no depende de la capacidad de una sola persona —el líder supremo de la revolución, el ayatola Alí Khamenei— para mantener el control del país, sino de la solidez y adaptabilidad de las estructuras del régimen para sostenerse, lo que naturalmente abre la puerta a varios escenarios.

6. Pero a estos escenarios hay que sumar lo que implicaría una intervención estadounidense, una intervención que, además, tiene muy distintos ángulos y posibilidades, que conviene desglosar a continuación:

a. Empecemos por decir que Trump tiene empeñada su palabra en este tema, y no es un presidente para quien eso sea cosa menor. Su objetivo no es necesariamente un cambio de régimen, sino conseguir que, mediante la aplicación de tácticas de fuerza, quien esté a cargo de Irán se muestre dispuesto a negociar términos favorables para Estados Unidos, tanto en materia de armamento nuclear y misiles como, en términos más amplios, en todos aquellos aspectos que han hecho de Irán una amenaza para Washington y sus aliados. Trump está claramente aprovechando la debilidad del régimen, ya señalada, para avanzar en estos objetivos. Pero, además, al haber afirmado que si el régimen asesinaba manifestantes Estados Unidos intervendría, y al haberse documentado que miles de esos manifestantes han muerto como parte de la represión, Trump enfrenta una disyuntiva: atacar para mantener credibilidad en sus amenazas o forzar una negociación que efectivamente cumpla las metas de Washington que acabo de describir.

b. Por otro lado, Trump es un presidente que no siempre busca el cumplimiento material de su palabra, sino la percepción de cumplimiento de la misma. Esto lo lleva, en ocasiones, a aplicar medidas de fuerza limitada que resultan funcionales a su objetivo mayor: negociar términos favorables con el actor amenazado o atacado.

c. A ello se suma un factor adicional: Trump nunca desea involucrarse en una guerra prolongada, percibida por su base como lejana, ajena y costosa. En este caso, sin embargo, un escenario de ese tipo no puede descartarse por completo. Irán cuenta con un arsenal de respuestas que podrían resultar enormemente disruptivas para la región. El riesgo aumenta, además, si consideramos el nivel de amenaza que el régimen en Teherán percibe y las respuestas que pueden emerger a partir de ese nivel de amenaza percibido.

d. Por tanto, a la combinación de escenarios que pueden suscitarse en Irán desde el punto de fragilidad que ya de por sí enfrenta el régimen, hay que añadir toda una gama de posibles resultados derivados de las distintas alternativas que Trump tiene para cumplir con su palabra. Intentemos pensar, entonces, en algunas de esas combinaciones.

7. En primer lugar, puede imaginarse un escenario de negociación. Bajo esta opción, el régimen asume que, en aras de su propia supervivencia —su necesidad más inmediata—, resulta preferible abandonar, al menos por ahora, los proyectos nuclear y de misiles, y establecer algún tipo de esquema de colaboración con Washington que Trump perciba como favorable. Teherán ya ha transitado un camino similar en el pasado. Pero bajo el acuerdo alcanzado durante la administración Obama quedaron en evidencia tres vacíos: la fecha de caducidad del acuerdo, el proyecto de misiles iraní y la red de alianzas regionales de Teherán que amenazaban los intereses de Estados Unidos y sus aliados. En un escenario de negociación, todos estos elementos formarían parte del nuevo acuerdo y, a cambio, el régimen obtendría alivio de sanciones y un importante tanque de oxígeno para sobrevivir.

8. Segundo, el escenario de ataques limitados. Bajo esta alternativa, las negociaciones —actualmente en curso— se rompen y Trump concluye que solo la materialización de sus amenazas permitirá alcanzar sus objetivos. Sin embargo, en este escenario limitado, Trump es persuadido por el Pentágono y por aliados regionales como Arabia Saudita y Qatar de que es crucial no empujar a la región hacia una guerra mayor sin control. Por ello, Washington opta por lanzar ataques fulminantes, pero diseñados para abrir la puerta a un desescalamiento inmediato. Algo similar a lo visto en junio —ataques significativos contra instalaciones nucleares iraníes—, pero con mayor intensidad, probablemente incluyendo golpes dirigidos contra las Guardias Revolucionarias Islámicas y otras instalaciones militares clave. El objetivo no sería derribar al régimen, sino forzar negociaciones que hasta ese momento no han resultado satisfactorias para Trump. Si Teherán interpreta correctamente este escenario, su represalia contra Estados Unidos o sus aliados podría ser limitada, reabriendo la puerta a la negociación, aunque bajo una presión significativamente mayor.

9. Tercero, una escalada mayor. En este escenario, los ataques estadounidenses alcanzan tal magnitud que el régimen en Teherán decide responder de forma mucho más contundente. Esto podría incluir ataques con misiles balísticos y drones contra bases y personal estadounidense en la región, así como contra instalaciones petroleras de aliados de Washington, e incluso acciones directas contra Israel. También podrían producirse disrupciones graves a la navegación regional, como el cierre del Estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de una cuarta parte del petróleo que se consume en el mundo— o la reanudación de ataques de los aliados houthies en el Mar Rojo, por donde circula alrededor del 20% del comercio mundial. Este escenario, ya de suyo enormemente disruptivo, podría escalar aún más con respuestas adicionales de Washington y posiblemente de Israel u otros aliados. El punto central es que una dinámica de este tipo no necesariamente provocaría el colapso del régimen y podría arrastrar a Estados Unidos a una campaña de varios meses, justo el tipo de involucramiento que Trump busca evitar.

10. Por ello, es necesario combinar esos escenarios con otros vinculados a los movimientos que pueden producirse al interior de Irán, tanto por la fragilidad que hoy experimenta el régimen como por alguna combinación de los ataques antes descritos. Estos escenarios incluyen, por ejemplo, la muerte o salida del Ayatola Alí Khameneí, o incluso su derrocamiento a manos de sectores de las Guardias Revolucionarias Islámicas. En ese caso, podría colocarse a una figura simbólica en su lugar, mientras que el control real del país permanecería en manos de las Guardias. Afshon Ostovar explica en Foreign Affairs que dentro de este cuerpo —que controla más del 50% de la economía y concentra la seguridad interna y externa— coexisten una vieja guardia y una generación más joven. La primera, sostiene Ostovar, podría mostrarse más dispuesta a negociar con alguien como Trump, mientras que la segunda tendería a respuestas más agresivas. Así, un derrocamiento del Ayatola podría abrir la puerta a un escenario similar al venezolano —supervivencia del régimen bajo negociación con Trump— o bien, a uno en el que el régimen sobrevive y busca elevar significativamente el costo de una intervención estadounidense.

11. Aún hay más escenarios a considerar. En algunos, el régimen muestra cierta apertura y se configura una forma de cogobierno con fuerzas democráticas, siempre que no se afecten privilegios clave de las Guardias Revolucionarias. En otros, más disruptivos, podrían emerger divisiones internas dentro de ese cuerpo, detonando conflictos intestinos o incluso escenarios de guerra civil, una vez que algunos actores concluyan que todas las vías de transición han quedado cerradas.

12. Todos los escenarios aquí descritos —y otros más— son plausibles, aunque no todos tienen el mismo grado de probabilidad. Por ahora, el escenario base parte de que, pese a las negociaciones en curso, la probabilidad de que Trump decida atacar es elevada. Sin embargo, lo más probable es que, tras una demostración significativa de fuerza, Trump utilice esos ataques como herramienta de presión para negociar mejores términos, y no como el inicio de una campaña prolongada. Es más factible que veamos uno o varios ataques concentrados en un periodo breve, acompañados del mensaje de que Washington no busca arrastrar a la región a una confrontación mayor. Bajo este escenario base, el régimen logra negociar su supervivencia, ya sea después de los ataques o, en un escenario de probabilidad media, incluso antes de que estos ocurran. Esa negociación incluiría concesiones inéditas en materia de armamento y quizá algún grado de cooperación con Washington, lo que ofrecería alivio de sanciones, mejoras económicas y una reducción de la presión social por el cambio.

13. No obstante, en un entorno tan volátil y tan dependiente de las decisiones de una sola persona como Trump, todas las opciones permanecen abiertas.

Hasta acá por hoy. Lo seguiremos analizando.

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