Para Trump, la ONU no sirve siquiera para mantener en funcionamiento sus escaleras eléctricas o sus monitores. Así lo expresó en su discurso ante la Asamblea General en septiembre. Esto no es nuevo. Se trata de un presidente que considera que las instituciones internacionales no solo obstaculizan los intereses estadounidenses, sino que, sobre todo, resultan profundamente ineficaces para prevenir o resolver conflictos. Esta percepción es la base central que lo ha llevado a transitar de una idea originalmente concebida para avanzar en la resolución de Gaza y del conflicto palestino-israelí, hacia otra mucho más amplia: un mecanismo que él considera mucho más eficaz que todo el sistema multilateral para resolver disputas. Esto nos obliga a abordar tres temas distintos. El primero, vinculado de manera específica con el Consejo de Paz para Gaza. El segundo, con el uso de Gaza como laboratorio para expandir las funciones de ese Consejo de Paz hacia otras arenas. El tercero, con la crisis más amplia del orden liberal internacional y de las instituciones multilaterales, un proceso que, conviene subrayar, no comienza ahora ni se limita a Trump o a sus acciones. Se trata de un fenómeno más profundo, que hemos venido analizando desde hace años y al que volveremos en entregas futuras. Por ahora me concentro en algunos apuntes sobre los dos primeros: el caso específico de Gaza y el uso de ese escenario como laboratorio para su eventual aplicación en otros conflictos alrededor del mundo.

El caso específico del Consejo de Paz para Gaza

1. El plan de 20 puntos propuesto por Trump estaba dividido en tres fases. Podría decirse que la primera fase —cese de hostilidades, liberación de rehenes israelíes (con vida y sin vida, con la excepción de una persona de este último grupo que aún no ha sido entregada), liberación de presos palestinos, repliegue parcial de fuerzas israelíes y acceso de ayuda humanitaria a la franja— se ha cumplido, aunque solo de manera parcial.

2. Esto obedece a un factor de fondo que persiste hasta el día de hoy. En lo esencial, todas las partes accedieron a iniciar dicho plan, primero, por la fuerte presión que Trump ejerció sobre Netanyahu y, por el otro lado, sobre Qatar, Turquía y Egipto —para que, a su vez, presionaran a Hamás— con el objetivo de detener las hostilidades. Segundo, porque tanto Israel como Hamás y la Jihad Islámica (frecuentemente ausente de la conversación) consideraron que un cese al fuego, aunque fuera parcial, servía a sus objetivos inmediatos. Sin embargo, en el fondo, ninguno de los actores confiaba —ni confía— plenamente en las propuestas centrales correspondientes a las fases dos y tres.

3. Esto estaba conduciendo a dos desenlaces, ninguno de ellos conveniente para Trump ni para sus planes de paz. El primero es que las violaciones al cese al fuego se fueron volviendo cada vez más frecuentes conforme pasaban las semanas, al punto de que las hostilidades de “baja escala” —de forma similar a lo que ocurre entre Israel y Hezbollah en el Líbano— comenzaron a normalizarse. El segundo es que la segunda fase del plan simplemente no parecía materializarse.

4. El resultado era, entonces, una guerra permanente de “baja intensidad”. Hamás, tras retomar el control de Gaza, comenzó a reagruparse, reorganizarse y rearmarse; Israel, por su parte, fue consolidando una presencia permanente en la franja y se adjudicó la autoridad para bombardear y eliminar cualquier movimiento que percibiera como una amenaza o una violación de lo acordado. Del desarme de Hamás —y, en general, de la franja— ya nadie parecía estar hablando.

5. Conociendo a Trump —y su necesidad de proyectar cumplimiento y de asegurarse de que esta siga siendo una de las ocho guerras que “ha resuelto”— se volvió urgente para él meter el acelerador.

6. Así es como la fase 2 del plan de paz para Gaza se anuncia mucho antes de que existan detalles claros sobre su materialización, algo muy frecuente en Trump. Esta fase contiene diversos componentes. Señalo algunos de los básicos: (a) el establecimiento de un cuerpo apolítico de tecnócratas palestinos encargado de gobernar Gaza; (b) el desarme de Hamás y de otras milicias palestinas, ofreciendo exilio o amnistía a sus miembros; (c) un repliegue más amplio de las fuerzas israelíes, prácticamente hasta la frontera, tras lo cual ese país mantendría únicamente una zona de protección dentro de la franja; (d) la llegada de las Fuerzas de Estabilización de Gaza, responsables de recibir el armamento de Hamás y de garantizar la seguridad en la franja; y (e) el establecimiento del Consejo de Paz para Gaza, un cuerpo internacional integrado por líderes y personalidades notables, encabezado por Trump, encargado de supervisar la transición, la reconstrucción, los fondos y la estabilización de una Gaza ya libre de armas y de hostilidades.

7. Posteriormente, y también en teoría, vendría una tercera fase que implicaría, entre otras muchas cosas, el inicio de un proceso de negociación para —en palabras del planteamiento y presentación del plan— “allanar el camino para un futuro Estado Palestino”.

8. Sobra decir que, en la práctica, estamos muy lejos de la implementación de varios de estos componentes. Sabemos que ya existe, en efecto, un cuerpo tecnocrático para la administración de Gaza, y que Trump ha establecido el Consejo de Paz. Sabemos también que los planes de reconstrucción han sido anunciados y que probablemente comiencen a implementarse incluso antes del desarme de Hamás. Y sabemos, además, que distintos líderes y figuras internacionales se han sumado a este organismo.

9. Pero la parte verdaderamente sustancial está en la transición del gobierno y de la seguridad de Gaza, desde Hamás hacia los nuevos cuerpos que se pretende establecer; en la entrega del armamento —no solo de Hamás, sino también de la Jihad Islámica y de otras milicias armadas—; en la destrucción o el desplazamiento de ese armamento lejos de las manos de todos esos actores; en el estatus que tendrán los miembros de Hamás a partir de ese momento; así como en la composición, despliegue y estabilización operativa de las nuevas fuerzas de seguridad.

10. Uno de los grandes riesgos, por supuesto, es que, con tal de satisfacer a Trump y su necesidad de proyectar cumplimiento, Hamás y otras milicias lleven a cabo demostraciones de desarme para los reflectores que, en la práctica, no sean sino desarmes parciales. De ahí que la tarea —difícil pero indispensable— de verificación puntual deba ser claramente asignada y adecuadamente implementada.

11. Relacionado con lo anterior, falta garantizar que Israel quede satisfecho o, en su defecto, sea presionado de manera eficaz por Trump una vez que se conozcan los detalles de los puntos arriba señalados. Estos factores ya han generado tensiones entre Netanyahu y la Casa Blanca, y serán determinantes para que efectivamente se concrete el repliegue israelí de la franja y puedan cesar los bombardeos y ataques que se han vuelto cada vez más recurrentes. A pesar de ello, Israel ha anunciado que sí formará parte del Consejo de Paz, en buena medida porque necesita asegurar su lugar en la mesa donde se están tomando estas decisiones clave.

12. Con todo, es imposible pensar en la reconstrucción sin la estabilización, y es imposible pensar en la estabilización sin una transición ordenada y sin asegurar el monopolio de la fuerza en la franja. Mientras eso no ocurra, de lo que estaremos hablando es de focos aislados de estabilidad relativa y reconstrucción, coexistiendo con focos de inestabilidad, desarmes parciales y una persistente ocupación por parte de Israel.

El resumen es este: Trump ha demostrado ser bastante eficaz en gestionar ceses al fuego; el de Gaza no es el único que ha logrado. También es eficaz en proyectar esos ceses al fuego como “guerras resueltas” y situaciones de “paz”. El problema es que avanzar desde ahí hacia condiciones de estabilidad más duraderas es un proceso mucho más complejo, que no se alinea con la prisa con la que él suele operar.

Gaza como laboratorio para aspiraciones más amplias

1. El diagnóstico de Trump es simple: la ONU no funciona. “Quisiera que Naciones Unidas hiciera más”, nos dijo desde Davos. “No necesitaríamos el Consejo de Paz si así fuera”. En su visión, en cambio, él —buscando proyectarse como “hacedor de paz” y negociador eficaz— es alguien que “ha resuelto ocho guerras” en el poco tiempo que lleva de esta gestión. En consecuencia, lo que está logrando en Gaza no tiene por qué quedarse circunscrito a ese caso.

2. Así es como el Consejo de Paz para Gaza transita hacia algo más amplio: el Consejo de Paz sin límites. Gaza es, desde esta perspectiva, un laboratorio que puede demostrarle al mundo que un cuerpo como el que Trump está creando —encabezado por él mismo— “resulta más eficaz” que las instituciones “globalistas” que conforman el sistema de Naciones Unidas o los esquemas multilaterales afines o similares.

3. El riesgo, por supuesto, es que este proyecto sea incapaz de ofrecer lo que hoy está prometiendo. Pero para ello Trump cuenta también con su fórmula habitual. Su mundo no es necesariamente el de los resultados plenamente consumados, sino el de la producción eficaz de percepciones sobre esos resultados. En su narrativa, la paz en Medio Oriente ya llegó; lo único que falta ahora es estabilizarla para, a partir de ahí, gestionar la reconstrucción y el progreso como “nunca antes se había visto en la franja”.

4. En cuanto a la participación, son muchos los países y líderes que se han sumado a la iniciativa de Trump. Algunos porque coinciden con su diagnóstico; otros porque asumen que solo él tiene la capacidad necesaria para resolver un tema tan complejo como Gaza; otros, sencillamente, para no contrariarlo y evitar represalias, como las amenazas dirigidas contra Francia tras su rechazo al esquema. Al mismo tiempo, varios países han sido claros en su oposición, expresando objeciones como las siguientes:

a. El Consejo de Paz se perfila como un competidor directo de la ONU, con un mandato global y selectivo.

b. El Consejo de Paz concentra un poder sin precedentes en Trump, desligado de cualquier cargo electo, privilegiando la discrecionalidad personal sobre reglas institucionales estables.

c. La membresía y el nivel de influencia dentro del Consejo están directamente vinculados a las aportaciones financieras.

Al final, la realidad es que este cuerpo gestor de paz será medido por su capacidad efectiva para transitar de un cese al fuego frágil e inestable en Gaza hacia una situación de estabilidad y transición y ello depende de todo lo que arriba se señala como parte de la fase 2, y, a partir de ahí, el paso genuino hacia una tercera fase orientada al proceso que debería conducir a la solución de dos Estados. El riesgo central es que, como ocurre con muchas de las dinámicas actuales, el avance de todos estos factores depende en buena medida de la presión sostenida de Trump: un presidente con decenas de frentes abiertos y para quien, simplemente, no alcanzan las horas del día para atender todo lo que él mismo ha abierto y sigue abriendo.

Instagram: @mauriciomesch

TW: @maurimm

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios