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Confrontación EU-China: de geopolítica, tecnología y riesgos para nuestra región

28/10/2019
04:03
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Estamos viviendo, muy probablemente, un choque histórico entre dos grandes titanes, EU y China. Esta confrontación a veces tiende a ser comparada con otras situaciones similares de la historia, pero la realidad es que tiene características peculiares, circunstancias que en ciertos momentos empujan a las superpotencias a chocar, en otros momentos a competir y en otros momentos a cooperar. Sin embargo, lo que ha pasado desde hace algunos años es que se ha detonado una espiral que está dando origen a una dinámica conflictiva que cobra vida propia, la cual, en ocasiones, tiende a salirse de las manos incluso de quienes comprenden el peligro que ello implica. Esta dinámica conflictiva se manifiesta en muy distintas esferas como el comercio o la geopolítica. Pero de todas esas esferas, una de ellas, la tecnológica, conlleva riesgos inminentes para países como el nuestro. Irene Levy, Michel Hernández y su servidor, acabamos de publicar un ensayo al respecto. Resumo algunos de sus elementos. (El ensayo está disponible en esta liga: https://interactivo.eluniversal.com.mx/online/pdf-19/PDF-china-eu.pdf)

1. Hablar de la “nueva era” de competencia entre “grandes poderes” se ha vuelto un lugar común. Las estrategias de Seguridad Nacional de EU de 2017 y la Estrategia de Defensa Nacional de EU en 2018 marcaron el giro: “la competencia estratégica interestatal, no el terrorismo, es ahora la mayor preocupación para la seguridad nacional estadounidense”, indicando que, habiendo siendo descartada a lo largo de los últimos años, esta competencia estratégica había “regresado”. Diversos funcionarios y analistas en Washington utilizan esa terminología con frecuencia. Sin embargo, hay varios factores que nos hacen pensar que estamos viviendo una era de choque diferente. En el ensayo señalamos varios motivos para entender a este como un momento distinto a otros en la historia. Uno de ellos consiste en comprender que el enfrentamiento entre dos superpotencias con capacidades nucleares, traslada el conflicto hacia otro tipo de esferas, lo que en nuestros tiempos tiene importantes manifestaciones en la ciberguerra, la guerra informativa y la confrontación tecnológica.

2, Aún así, además de ser los mayores rivales, esas dos superpotencias son también grandes socios. Esto se puede observar en el intercambio comercial de materias primas o productos terminados, pero solo en parte. De lo que estamos hablando, sobre todo en las últimas décadas, es de la construcción y afianzamiento de importantísimas cadenas de abasto, muchas de las cuales no solo involucran a EU y a China sino a otros países, pero que en el caso de esas dos superpotencias contribuyen considerablemente a un apareamiento o vinculación económica de proporciones difíciles de entender. Sectores como el de la electrónica, maquinaria avanzada y partes industriales dependen del libre tránsito de componentes y materiales diversos. Por si fuera poco, a lo largo de todos estos años, China se convirtió en el mayor acreedor de la deuda estadounidense. Para mayo del 2019, la deuda de los EU a China ascendía a 1.11 billones de dólares, es decir, el 27% de bonos del Tesoro y otros instrumentos que poseen otros países.

3. Esta situación produce intereses encontrados. De un lado, hay ciertos sectores en EU que perciben a China como el mayor peligro y el enemigo a vencer hacia el futuro para lo cual se necesita, aunque lleve tiempo, iniciar el largo proceso de desapareamiento o desvinculación entre ambas economías. Del otro lado, hay actores que se perjudican y pierden con el enfrentamiento entre Washington y Beijing.

4. Lo que pasa es que al margen de la interdependencia está ahí el conflicto estructural entre una potencia emergente—y que se percibe en pleno crecimiento—frente a un poder existente que se autopercibe en riesgo de ser rebasado. Esta combinación de factores está produciendo una dinámica conflictiva, la cual va más allá de medidas de corto plazo como la imposición o suspensión de aranceles o las medidas en contra de ciertas empresas. Washington afirma contundentemente que China está empleando un esfuerzo dirigido desde el gobierno que involucra a toda la administración pública, agencias y ministerios, para conseguir sus intereses de influencia global y específicamente profundizar su influencia en los EU. Esta serie de acciones conducidas desde el Estado, incluye instrumentos políticos, económicos y militares, además de propaganda y una guerra informativa. China tiene otra visión. Desde su punto de vista no hay tal “expansionismo chino”, sino una “defensa justa” de sus intereses centrales y “legítimos derechos”. En cambio, es EU quien se mantiene retando a Beijing en Taiwán y en Mar del Sur de China, así como en otras cuestiones de la región. China afirma ser acusada de prácticas comerciales injustas, ignorando el beneficio mutuo del intercambio comercial bilateral. Sea cual sea el caso, la realidad es que el conflicto va cobrando vida propia, cada vez más y muy a pesar de lo que hagan o dejen de hacer actores específicos. Esto tiene repercusiones en múltiples rubros, uno de ellos es el mundo de la tecnología.

5. En el ensayo explicamos cómo es que China se ha convertido en una potencia tecnológica. No es casualidad, sostenemos, que la disputa entre EU y China tenga en las cuestiones tecnológicas uno de sus mayores componentes; el futuro estará definido en buena medida por su capacidad de adaptarse a sociedades hiperconectadas que, al mismo tiempo, ofrezcan seguridad a sus ciudadanos, garanticen los principios democráticos y preserven los derechos humanos.

6. Ahora bien, a partir de una serie de reportes, varios de ellos publicados por medios serios, indicamos las sospechas existentes por parte de una gran cantidad de países en cuanto a los riesgos que supone encontrarse en medio de esta batalla tecnológica entre las dos superpotencias. Concretamente, las sospechas en cuanto a la utilización de Huawei por parte del estado chino para el espionaje y la guerra informativa, han crecido considerablemente. Esto pone los focos rojos sobre la fragilidad que en Latinoamérica y específicamente en México tenemos por encontrarnos expuestos, sin la suficiente protección y preparación, en medio de un conflicto de dimensiones mayúsculas que, como se dijo, tiene en la tecnología uno de sus componentes esenciales.

7. A pesar de que Huawei niega su responsabilidad en los casos reportados, consideramos que los riesgos para nuestro país deberían ser prevenidos y mitigados. No se observa, a la fecha, que la ciberseguridad sea un tema que se encuentre en la agenda pública en México. Las principales discusiones en el país en materia de despliegue de redes 5G se han centrado en aspectos comerciales; hasta ahora, el componente de seguridad nacional aparece de manera muy marginal.

8. Una aproximación de “esperar y ver” lo que sucede en otros países en materia de seguridad nacional derivada de la presencia de tecnologías chinas en el despliegue de redes de telecomunicaciones no es la opción más recomendable en México o cualquier otro país que se encuentre actualmente al margen de la disputa. La presencia y expansión de empresas tecnológicas chinas es una realidad y deben adoptarse acciones.

9. Considerando el contexto analizado y las particularidades de México, un enfoque de participación de múltiples partes (multistakeholder) para atender las cuestiones relacionadas con presencia tecnológica china en México, pudiera ser lo más recomendable por lo pronto, algo similar a lo sucedido en Reino Unido con el HCSEC. Una aproximación basada en riesgos pudiera ser la más apropiada para atender los cuestionamientos derivados de la presencia y expansión tecnológica china en México.

10. En la discusión sobre redes 5G, el componente de seguridad nacional debe ser considerado mediante una política de Estado. Esto con independencia de las empresas que pueden ofrecer equipos para la operación de dichas redes.

11. Deben definirse las tareas de cibserseguridad necesarias para el país y establecer la autoridad o autoridades que estarán a cargo de dichas labores de manera articulada. Por lo pronto, no nos pronunciamos sobre el modelo institucional más apropiado pues deben analizarse diversos factores, pero es necesario iniciar la discusión cuanto antes. Sería necesaria la coordinación regional. Ante el contexto internacional, el tema de ciberseguridad, particularmente en redes 5G, puede ser uno que se atienda mejor de manera regional, ya que los países latinoamericanos comparten características comunes que podrían propiciar acciones y posiciones coordinadas en beneficio de todos. Es urgente que se analice la creación de un marco jurídico en materia de ciberseguridad. Este debe ser uniforme y aplicable en todos los niveles de gobierno, sin que ello implique límites rígidos a la innovación o el desarrollo de los mercados.

Para mayor profundidad en los temas que señalo, sugerimos la lectura completa del ensayo en la liga compartida.
 


Twitter: @maurimm
Mauricio Meschoulam
Internacionalista, maestro en estudios humanísticos con especialización en historia, doctor en políticas públicas con especialización en terrorismo, mediación y paz. Profesor de la Universidad...

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