China e Irán cooperando para enfrentar a EU

Mauricio Meschoulam

La promesa de inversión en Irán por parte de Beijing desafía abiertamente a las sanciones de EU, y le otorga mucha mayor capacidad para resistir

Trump pensaba que su estrategia contra Irán iba a forzar a ese país a renegociar el acuerdo nuclear. Trump pensaba, también, que China cedería eventualmente ante la guerra comercial y ante los otros frentes que ha abierto en su contra. Pero eso no es lo que está pasando por ahora. Lo que sí está pasando es que la presión máxima de Trump sobre esos dos países los está orillando a cooperar entre ellos. El ministro exterior iraní Javad Zarif anunció a inicios de julio que China e Irán estaban negociando un acuerdo estratégico para los próximos 25 años. El New York Times obtuvo una copia del convenio y lo reportó con detalle hace algunos días. Según esa versión, el pacto incluye una asociación económica de miles de millones de dólares y una cooperación militar sin precedentes entre esos dos países que abarca transferencia de tecnología china a Irán y colaboración para fabricación de armamento. En realidad, el acuerdo había empezado a negociarse tiempo atrás, pero no se había concretado probablemente porque China prefería no provocar a la Casa Blanca. Pero las cosas han cambiado. Tanto para Irán, como para China. Y si el pacto Teherán-Beijing sigue avanzando, el tema añadirá elementos a la lista de promesas incumplidas por Trump, justo en año electoral. ¿Por qué?

Empecemos por Irán. Desde su campaña en 2016, Trump criticaba el convenio nuclear que Teherán había firmado con Washington y otras cinco potencias, además de la UE, como el “peor acuerdo jamás firmado”. Prometió abandonarlo (cosa que cumplió en 2018), reactivar e incrementar las sanciones contra Irán (cosa que también ha cumplido) y ejercer una presión tal que obligaría a los iraníes a renegociar el pacto bajo “mucho mejores” términos para EEUU. Sin embargo, Irán ha resistido la presión. A pesar de que su economía está brutalmente afectada, a pesar del descontento social interno, a pesar del enorme impacto de la pandemia, Teherán se ha rehusado a renegociar.

Más aún, las posturas duras han ido ganando espacio en Irán, lo que ha resultado en dos tipos de estrategia: a) una campaña de acoso directo e indirecto en contra Washington y sus aliados en la zona del Golfo Pérsico e Irak, empleando para ello desde su vasta red de milicias aliadas locales, hasta ataques directos como ocurrió contra las instalaciones petroleras saudíes en septiembre pasado, y b) un abandono escalonado de sus compromisos del acuerdo nuclear hasta que, tras el asesinato del general Soleimani—quien llegó a ser el segundo hombre más poderoso en Irán—a manos de Washington, Teherán anunció que ya no cumpliría con ninguno de sus compromisos del pacto. Según se estima, Irán ha reactivado su enriquecimiento de uranio a un grado tal que, si tomara la decisión, nuevamente estaría a muy pocos meses de armar una bomba atómica.

La expectativa de la Casa Blanca es que, de seguir aplicando las medidas de presión contra Teherán, y más aún bajo condiciones de COVID y recesión global, llegará un punto en el cual el régimen cederá, si no es que antes colapsa. De ahí la importancia del convenio que Irán está tejiendo con Beijing.

De parte de China, como lo explicamos en un texto previo, no hay un único frente abierto en su confrontación con Washington, sino muchos. Para Beijing, firmar un pacto de cooperación con Irán es un paso más que busca, por un lado, ensanchar su esfera de influencia en una zona estratégica, y por el otro, golpear a Washington, y específicamente a Trump, en un área que verdaderamente le duele, puesto que, de concretarse el acuerdo señalado, Irán encontrará un considerable alivio para su economía, un respiro para sus finanzas y un importante flujo de divisas que le permitirá sobrellevar las crisis que vive.

La cercanía con China no es apoyada por todos los sectores políticos en Irán. Hay muchos que la miran con suspicacia, argumentando que el presidente Rohani quiere convertir al país en una “colonia” china. Sin embargo, Teherán se estaba quedando sola y desamparada ante la presión de EEUU. Los países europeos firmantes del pacto nuclear, intentando rescatarlo, buscaron sin éxito diversas alternativas para esquivar el régimen de sanciones impuesto por Trump. La propia China había limitado sus importaciones de petróleo iraní para no abrir ese otro frente con Washington en momentos delicados. Ahora, en cambio, esta nueva promesa de inversión por parte de Beijing desafía abiertamente a dichas sanciones, y otorga a Irán una mucho mayor capacidad para resistir ante lo que Trump había prometido que haría: sentarlos a la mesa de negociaciones y capitular.

Al mismo tiempo, China envía un importante mensaje a Washington tanto acerca de sus aspiraciones globales, como acerca de contar con la suficiente fuerza y determinación para desafiarle en temas y regiones prioritarios. En última instancia, China busca demostrar que la presión que Trump ha ejercido en su contra no conseguirá sus objetivos.

Estos hechos vienen a contrarrestar la narrativa del presidente estadounidense justo en tiempos electorales. No solo dan al traste con algunas de las promesas de campaña de Trump, sino que lo exhiben como un negociador poco efectivo, que ha prometido someter a cualquier actor tras colocarlo contra la pared y obligarlo a ceder hasta conseguir acuerdos favorables para Washington. Lo que vemos en la realidad dista mucho de eso y nos muestra que una de las consecuencias de abrir tantos frentes y golpear a tantos países al mismo tiempo puede ser que dos o más de esos países decidan unirse para contrarrestar la presión.

Dudo que Trump, a estas alturas, lo pueda ver así. Pero valdría la pena que sus asesores o quienes vayan a ocupar la Casa Blanca en los años que siguen comprendan que hoy Irán no está más lejos, sino más cerca de tener una bomba atómica que hace cuatro años, y, en ese país, las posiciones más duras son las que más terreno han ido ganando. Hoy, China no parece más cerca de ceder ante los temas que hace cuatro años preocupaban a Washington, sino más lejos, y más dispuesta a demostrar que tiene con qué seguir escalando la confrontación. La estrategia de Trump, en esos dos casos al menos, no parece estar funcionando.

Twitter: @maurimm

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