Hasta este momento lo que sabemos es que las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán no produjeron acuerdos. Sabemos también que, como resultado, Trump ha decidido incrementar la presión bloqueando el Estrecho de Ormuz, lo que amenaza aún más a la economía iraní. Por lo que ha circulado en medios, el presidente estadounidense estaría dispuesto a reanudar los ataques contra Irán, aunque, según se dice, solo de manera “selectiva”. Al mismo tiempo, sin embargo, Pakistán informa que los canales entre EU e Irán no están completamente cerrados. Esto debe entenderse también desde otra perspectiva: Teherán reconoce el momento que atraviesa, marcado por una debilidad material sin precedentes, pero también por una fortaleza en la mesa de negociación, derivada de los daños que aún puede infligir a la economía global y, en particular, a la economía estadounidense y, por tanto, a la posición política de Trump frente a su propia población. ¿Cómo podemos leer todo lo que está pasando y qué podríamos esperar para lo que sigue? Acá algunos apuntes al respecto:

Las tensiones que Trump tiene que enfrentar

1. Por un lado, Trump estima que necesita salirse de una guerra que está durando más de lo que él hubiese esperado. Tanto desde su propia postura como desde la de la base que lo eligió, comprende que, bajo la dinámica que ha adquirido este conflicto, la prolongación de las hostilidades no solo no está doblegando a Irán—a pesar del daño material infligido—sino que está haciendo crecer los costos financieros, económicos y políticos que él mismo tiene que pagar con cada día que pasa sin que se produzca un acuerdo con Teherán.

2. Pero, por el otro lado, Trump también sabe que no puede aceptar un acuerdo que no sea superior al que estaba vigente y que él mismo abandonó en 2018. Tampoco puede aceptar concesiones iguales o inferiores a las que tenía sobre la mesa el 27 de febrero de este año, antes de iniciar la guerra. Aceptar términos similares por parte de Teherán, sumados a demandas que no estaban en la agenda en ese momento, implicaría reconocer que la guerra no tuvo sentido.

Del lado iraní

1. Del otro lado, el régimen en Teherán se autopercibe en una posición de mayor fuerza que la que tenía antes de iniciada la guerra. Esto podría parecer paradójico. El país ya enfrentaba una debilidad sin precedentes—colapso monetario, crisis inflacionaria, crisis energética e hídrica, además de una crisis de legitimidad acumulada durante años—y hoy esa situación es aún más profunda. Las pérdidas económicas son, por ahora, incalculables, pero se ubican en los cientos de miles de millones de dólares. Se estima que un millón de personas han perdido su empleo. La destrucción a la infraestructura del país es enorme. El liderazgo principal del régimen fue aniquilado. Y aun con todos estos factores, Irán se percibe con la capacidad de mantenerse firme en la negociación.

2. Lo anterior tiene que ver con la naturaleza misma de una guerra asimétrica como esta. Para uno de los bandos (o dos, si consideramos a Israel), el objetivo es eliminar o doblegar completamente al régimen. Para el otro, en cambio, la meta estratégica es simplemente su supervivencia, y su táctica consiste en elevar el costo de las hostilidades hasta un punto en el que los agresores concluyan que prolongar la guerra sería un error de cálculo.

3. Por lo tanto, en la medida en que esas tácticas han aportado eficacia a Teherán, el régimen iraní asume que el tiempo está de su lado, no del lado de Trump. Esto le permite definir los términos bajo los cuales entiende su propia supervivencia. En otras palabras, “supervivencia” para Teherán no significa únicamente cesar las hostilidades y acceder a todo lo demás que le exija Trump. Es necesario desagregar lo que ese concepto implica:

a) Garantías firmes de no agresión futura. Esto no se limita a acuerdos de palabra o estrechones de mano, ni siquiera a resoluciones en la ONU o a la presencia de un país garante como China. Para asegurar su supervivencia, el régimen requiere un flujo considerable de recursos y la preservación de su capacidad disuasiva. Me explico:

b) Un flujo considerable de recursos implica la liberación de las sanciones que hoy asfixian su economía, el descongelamiento de bienes y, posiblemente, ingresos adicionales. Hoy el régimen habla de cobrar derechos de paso a las embarcaciones que crucen el Estrecho de Ormuz, pero esto podría negociarse de alguna otra manera, siempre que garantice recursos suficientes para la reconstrucción del país, su estabilidad financiera y la posibilidad de recuperar al menos parte del apoyo popular mediante la inversión proyectada.

c) Capacidad disuasiva por parte de Teherán. Esto supone, desde su perspectiva, mantener algún grado de enriquecimiento de uranio—que permita sostener con vida mínima su proyecto nuclear, el cual no solo representa un símbolo nacional, sino que envía el mensaje de que el país no debe volver a ser atacado, bajo el riesgo de que ese programa pueda escalar en cualquier momento—; supone también, como segundo elemento, preservar su programa de misiles; y como tercer elemento, mantener su red de alianzas regionales. Esto incluye la posibilidad de seguir financiando a grupos como Hamás, la Jihad Islámica, los houthies, las milicias proiraníes en Irak y, especialmente, a Hezbollah en Líbano. En particular, implica no abandonar a esta milicia, que se sumó a su defensa tras las hostilidades en su contra por parte de Israel. Es decir, Irán tampoco puede aceptar un cese al fuego que no incluya a Líbano.

¿En dónde se rompe la cuerda?

1. Justamente, el desacuerdo surge cuando Washington exige a Irán: (a) cero enriquecimiento de uranio; (b) reducir al mínimo su programa de misiles; y (c) renunciar a seguir armando y financiando a su red de alianzas. Todo ello a cambio, efectivamente, de la liberación de sanciones y del descongelamiento de bienes iraníes actualmente retenidos, que son sustanciales.

2. Quizás, en otro momento, varios de estos factores podrían haberse flexibilizado. Pero Irán estima que Trump tiene tal urgencia por salir del conflicto que le permite seguir empujando hasta intentar alcanzar sus objetivos mayores.

3. Un elemento central que debe añadirse es que el régimen en Teherán asume que, si no consigue lo que considera vital—recursos, garantías y poder disuasivo—la situación le regresaría a un escenario de mera supervivencia. Y ante una condición en la que percibe que no tiene mucho más que perder, estaría dispuesto a seguir elevando los costos para todas las partes, cada vez más.

El bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de EU

1. Hasta el momento de este escrito, Trump ha optado por no reanudar las hostilidades al nivel de intensidad previo al cese al fuego, o escalarlas aún más que ello. Esto puede cambiar en cualquier momento, pero por ahora el presidente estadounidense ha anunciado que, a partir de hoy, el Estrecho de Ormuz será bloqueado por su fuerza naval, con el objetivo de incrementar la presión sobre Irán y orillarlo a ceder en las negociaciones.

2. La realidad es que un bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Estados Unidos golpearía severamente los ingresos y la estabilidad económica de Irán en el corto plazo. No solo se verían afectadas sus exportaciones petroleras y otras —como los petroquímicos—sino también sus importaciones.

3. Sin embargo, y paradójicamente, esta medida podría fortalecer su principal instrumento de poder: la capacidad de interrumpir el flujo energético global, convirtiendo su vulnerabilidad económica en una herramienta de presión estratégica.

4. Lo que debe cuestionarse, en un conflicto asimétrico como este, es la suposición de que una mayor aplicación de fuerza necesariamente doblega al actor más débil. Con frecuencia ocurre lo contrario: al reconocer su capacidad de infligir daño a Estados Unidos, a sus aliados y a la economía global, Irán puede responder de múltiples formas que ya hemos visto: continuar atacando infraestructura en la región, seguir bloqueando el tránsito energético o incluso aplicar medidas diferentes como extender los bloqueos—con apoyo de los houthies—hacia el Mar Rojo y ampliar sus zonas de ataque.

5. Al final, ya no se trata únicamente del monto de daño infligido a Irán, sino de hasta qué punto ese daño es capaz de modificar las decisiones del régimen cuando lo que está en juego es su propia supervivencia. Esto, por supuesto, no lo hace infalible, pero sí implica que forzar su rendición podría tomar más tiempo y generar más costos de los que Trump, al menos en este punto, parece dispuesto a asumir. Y, aun así, los desenlaces serían altamente inciertos y no necesariamente controlables por Washington.

¿Qué podemos esperar ahora?

1. Como resultado de todo lo anterior, es probable que sigamos viendo una combinación de elementos que incluya: (a) mayores intentos por prolongar las conversaciones, quizás mediante acuerdos mínimos que permitan extender el cese al fuego actual y dejar los temas más sensibles para una siguiente fase; y (b) al mismo tiempo, demostraciones y aplicaciones de fuerza, como las que podrían derivarse del bloqueo del Estrecho de Ormuz o de una eventual reanudación del fuego por parte de Estados Unidos e Israel contra Irán.

2. El mayor riesgo está en que todas las partes mantuvieran las posiciones que hemos descrito arriba, y lamentablemente ese es un escenario que no se puede descartar, ya que ello podría empujar el conflicto nuevamente hacia una espiral ascendente de hostilidades, bajo una lógica de acción-reacción cada vez más escalatoria.

Seguiremos pendientes de lo que pase.

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