Se estima que el sector energético es el responsable de generar alrededor del 25% de los gases de efecto invernadero, los cuales son la principal causa del calentamiento global y del cambio climático. Como sociedad, requerimos de energía para funcionar, por lo que estamos obligados a migrar hacia esquemas que a través de la eficiencia, nos permitan satisfacer nuestras necesidades actuales, sin condicionar las de las siguientes generaciones.
El 5 de marzo se celebra el Día de la Eficiencia Energética, fecha que tiene como objetivo sensibilizar a las personas para que hagan esfuerzos en reducir el consumo de energía de una manera responsable y sostenible. En este marco, utilizaré el modelo de las “3R’s" de los residuos (reducir, reusar, reciclar) para aterrizar en términos sencillos qué significa ser eficiente, desde el punto de vista energético.
Reducir: en medida de lo posible, consumir solamente lo que realmente necesitemos. Es decir, ser más conscientes y responsables con el consumo de la energía, no desperdiciarla. Reducir no requiere de inversión, sino de un cambio de comportamiento.

Por ejemplo, apagar luces y aires acondicionados de espacios que no estén siendo utilizados.
Reusar: si tenemos que usar algo, que sea lo más eficiente posible. Bajo el marco de los desechos, este concepto se usa para extender la vida útil de los productos (y subproductos) que consumimos. Sin embargo, para la eficiencia energética, se podría aplicar para sustituir equipos por nuevas tecnologías que pueden reducir el consumo energético en hasta un 90% (iluminación LED, A/C inverter, etcétera).
Reciclar: procurar que la energía que se tiene que consumir (una vez que se redujo y es eficiente) provenga de fuentes limpias. En el marco de los desechos, el reciclaje se considera el último recurso, por lo que busca que al final de su vida útil, los residuos sirvan como materia prima para otros productos y minimicen su impacto ambiental. En el caso energético, el símil sería instalar paneles solares en una casa o negocio una vez que ya se logró optimizar el consumo energético.
A pesar de que los proyectos de eficiencia energética generan importantes beneficios ambientales y económicos, estos requieren de una considerable inversión. Comúnmente, las familias y los negocios tienen un presupuesto limitado con gastos de mayor jerarquía tales como educación y vivienda en el caso de los primeros, e inversión en maquinaria e inventario para los segundos, por lo que la eficiencia energética queda para “después”. Con el objetivo de acelerar la transición energética, existen múltiples alternativas financieras, que permiten implementar proyectos con un mínimo pago inicial, los cuales generan importantes ahorros que ayudan a que los créditos se paguen “solos”.
Nos encontramos en una carrera contra el tiempo por lo que es momento de aprovechar todas las herramientas que se han desarrollado y tomar acciones, que por muy pequeñas que parezcan, nos permitirán cuidar el planeta donde vivimos.