Michael Walzer ha publicado un último libro sobre el liberalismo, me interesa especialmente el subtítulo: La lucha por una política decente (The Struggle for a Decent Politics). El liberalismo, nos dice el profesor de Princeton, es una actitud hacia el mundo. Los liberales tratamos de ser “abiertos de mente, generosos, y tolerantes”. Somos “capaces de vivir en la ambigüedad, estamos listos para los argumentos que no sentimos que debemos ganar”. Cualquiera que sea nuestra “ideología, nuestra religión, no somos dogmáticos, no somos fanáticos”. Que aboguemos por la libertad y la tolerancia, no significa que seamos relativistas, es decir, que pensemos que cada quien pueda hacer lo que quiera siempre y cuando no afecte a los demás. Para nosotros sí existe lo correcto e incorrecto, lo malo y lo bueno, lo justo y lo injusto. Creemos que hay límites morales, nos oponemos férreamente a cualquier clase de “intolerancia fanática y crueldad”.

“Como todos los adjetivos, ‘liberal’ modifica y complica el sustantivo al que precede”. El liberalismo así visto modula nuestras posiciones sustantivas. Puedes ser conservador, socialista, feminista, nacionalista. Al añadir el adjetivo liberal, haces de tu postura una que “constriñe el uso de la fuerza y da lugar al pluralismo, el escepticismo y la ironía”. El liberal es alguien que deja siempre espacio para la duda, para la corrección, para el mejoramiento de su posición a través del debate, del punto de vista del otro. Esto parte de un reconocimiento moral a los demás. Todas las personas somos dignas de ser escuchadas.

Pienso en el ambiente político en el que vivimos, donde muchos piensan tener la verdad en la palma de su mano y a su disposición exclusiva. No dudan en afirmar que su verdad es la verdad última. Y llega a tal grado que deben denostar a quienes no comparten su visión del mundo. Creen que deben insultarlos porque no sólo hay diferencia de opinión o están equivocados, sino que son estúpidos (o algo peor) por no pensar como ellos. Y es que el insulto es la manifestación lingüística del dogmatismo. Si no piensas como yo, no basta decirte que estás equivocado, necesito insultarte para mostrarme como poseedor de esa infalibilidad. La política del insulto es la política del dogmático.

Esta actitud profundamente iliberal empieza por quien hoy habita Palacio Nacional y se extiende más allá del Congreso. Poeta del insulto, como bien lo describió Gabriel Zaid. Pero el fenómeno se esparce hasta otras posiciones políticas. No dejan de impresionarme las peroratas de Javier Lozano. Alguien supuestamente preparado, serio, insultando a diestra y siniestra. La forma en que insultó a Juan Pablo Adame dice mucho de él, sí, pero también de nuestros tiempos. Es una política que hace de la degradación del contrario su modo de proceder en el ámbito público. El virus del absoluto se expande sin cortapisas.

Estamos en la lucha por la decencia más básica, pero muy lejos de ella. Manuel Azaña decía que la democracia debía ser el estadio más elevado de la cultura. Qué lejos estamos hoy de eso.

Abogado y analista político

Twitter: @MartinVivanco

Zaid, Gabriel, “AMLO poeta” , Letras Libres, junio de 2018, disponible en:

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