Parlamento, mayoría y minorías

Martí Batres

En las últimas semanas, la oposición en el Congreso se ha desgarrado las vestiduras cuando menos en cuatro ocasiones.

Primero, cuando fueron citadas las sesiones del Senado para discutir la reforma al articulo 4o constitucional; después, cuando la Jucopo fue citada para aprobar una aportación presupuestal para la lucha contra el Covid-19; más tarde, cuando fue citada la sesión para tomar una resolución sobre la Ley de Amnistía. Y ahora nuevamente, frente a la iniciativa del Ejecutivo Federal sobre la Ley de Presupuesto.

En cada momento, la oposición esgrime el mismo argumento: que el Senado se pone de rodillas para aprobar las propuestas del Presidente de la República. Sin embargo, dicho argumento es absurdo y deshonesto.

Para empezar, es absurdo porque todo gobierno se apoya en una mayoría parlamentaria para poder gobernar. El partido mayoritario respalda a su gobierno, con el objeto de que tenga éxito su administración.

Ángel J. Sánchez Navarro, del Centro de Estudios Constitucionales de España, dedicó varios textos a estudiar el papel de las minorías y la oposición en el parlamento.

Su principal conclusión es que le corresponde a la minoría parlamentaria jugar el rol de contrapeso, no a la mayoría. En su opinión, mientras la minoría debe criticar y darle el contenido opositor al Parlamento, la mayoría debe acompañar al gobierno.

Dice Sánchez Navarro en su libro "Las minorías en la estructura parlamentaria": la función de control del Gobierno del Parlamento sigue siendo una de las razones indispensables para que exista una verdadera democracia. Pero tal función no la pueden ejercer las Cámaras de forma unánime, por la sencilla razón de que una parte determinante de las mismas apoya al Gobierno de turno, tanto en los regímenes parlamentarios como en los presidencialistas.

Y agrega dos puntualizaciones: por un lado: para que un Parlamento pueda considerarse como tal, debe reconocer el importante papel de las minorías, que son las que deben ejercer el papel de oposición y la importante función de control del Gobierno. Y por otro lado: la formación de una mayoría parlamentaria va a ser decisiva para el Gobierno, pues éste sólo podrá llevar a cabo su política con el apoyo constante de esa mayoría parlamentaria.

La línea argumentativa de Ángel J. Sánchez Navarro es contundente, determina de manera sólida los conceptos de mayoría y minorías en el Parlamento moderno; una como soporte del gobierno y las otras como oposición al mismo.

Luego entonces, es absurdo decir que el Senado se pone de rodillas ante el Ejecutivo. Cada quien juega su papel.

La mayoría del Senado comparte un proyecto con el Presidente y desea expresamente que dicho proyecto se materialice y tenga resultados.

La mayoría del Senado no tiene el objetivo de obstaculizar, obstruir o boicotear el trabajo del Gobierno.

No tendría racionalidad alguna que la mayoría asumiera el discurso opositor para criticar, desbaratar o impedir la aprobación de los proyectos del Ejecutivo.

Que pueden modificarse las iniciativas del Ejecutivo, está claro. Que las Cámaras deben mejorar los proyectos, también. Que pueden retomarse ideas de la oposición, sin duda alguna. Que las mayorías incluso pueden elaborar sus propias decisiones legislativas a partir de los proyectos de los legisladores, también es cierto.

Pero en todo caso, Morena y sus aliados hacen lo correcto al darle apoyo, respaldo y soporte y a los proyectos del Presidente. Nada tiene de extraño. Esa es su función. Más bien sería inexplicable que se convirtieran en oposición.

A los líderes de la mayoría parlamentaria les corresponde expresar el sentir de esa que a final de cuentas es una mayoría electoral. Mayoría parlamentaria y gobierno de la República comparten el mismo proyecto; es obvio que coincidan.

La representación del órgano parlamentario en su conjunto en todo caso le corresponde a la Mesa Directiva.

Ahora bien, lo que sí resultó muy extraño es que el PAN, siendo oposición, aprobara todas las iniciativas del gobierno del PRI. 

¿Senado de rodillas? Me suena, me suena. Ah sí, cuando el PAN aprobó a Peña Nieto todas sus iniciativas privatizadoras.

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