En estas mismas páginas, el periodista Roberto Rock dedicó un artículo para calumniarme. En él afirmó que “se atribuye al secretario de Gobierno Martín Batres (sic), velar con celo la impunidad que goza desde hace 9 meses Cuauhtémoc Gutiérrez, ex dirigente del Institucional”.

En una carta a este diario respondí que esa afirmación es fantasiosa y falsa. Pero además expliqué que la persecución, determinación del ejercicio de la acción penal y eventual aprehensión de Cuauhtémoc Gutiérrez no depende de la Secretaría de Gobierno, sino de la Fiscalía General de Justicia. Para abundar agregué que al frente de la Fiscalía se encuentra una persona de amplia solvencia moral, Ernestina Godoy.

Sin embargo, en una contrarréplica que se publica con la mencionada carta, Rock vuelve a la carga al afirmar: “La esencia, que deja fuera de su carta, no es producto de fantasía alguna: la impunidad de un grupo que ha envilecido el oficio de la política en la ciudad y abusado de mujeres desde el poder. Si eso no es materia de la responsabilidad del señor Batres, es una determinación suya”.

El nuevo texto de Roberto Rock vuelve a ser fantasioso, pero se vuelve ahora incluso metafísico.

En ningún sentido es responsabilidad material de la Secretaría de Gobierno la persecución judicial de persona alguna, y no puede ser determinación de un secretario de Gobierno impedir o promover procedimiento judicial alguno.

Por lo demás, en el campo de su esfera de actuación, que no es judicial sino política, la Secretaría de Gobierno sí combate la violencia y las agresiones sexuales hacia las mujeres. De hecho, la Secretaría de Gobierno coordina el Mecanismo de Alerta de Violencia contra las Mujeres en la Ciudad de México.

Ahora bien, por lo que se refiere al caso particular de Gutiérrez de la Torre, mi postura ha sido clara y pública desde el principio: debe haber justicia, no debe haber impunidad y confío en las actuales autoridades judiciales para lograrlo. Mi opinión personal e institucional siempre será en ese sentido.

Lo que me llama la atención es que a alguien que, como Roberto Rock, ha dedicado la mayor parte de sus posturas a defender al PRI, a gobiernos del PRI y a dirigentes del PRI, le preocupe ahora la conducta de un dirigente de ese partido.

Tal vez lo que le preocupa realmente a Rock no es la posible responsabilidad criminal de un dirigente de ese partido, sino un posible acercamiento “entre el oficialismo y el PRI” para concretar la reforma eléctrica.

Secretario de Gobierno de la CDMX.

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