La huella de una generación

Martí Batres

En días pasados circularon fotografías en las que aparece el actual subsecretario de salud, Hugo López Gatell, con compañeros del Consejo Estudiantil Universitario.

En efecto, el funcionario forma parte de esa generación que defendió la gratuidad de la educación pública superior en la UNAM a fines de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado.

Entre el 11 y 12 de septiembre 1986 el entonces rector de la UNAM, Jorge Carpizo, hizo aprobar en el Consejo Universitario un aumento a las cuotas de inscripción y de servicios, entre otras reformas. Tal decisión motivó el primer movimiento estudiantil de masas desde 1968.

El CEU logró la realización de unos diálogos públicos en los que sus razones triunfaron frente a la débil argumentación de la autoridad universitaria.

Con la victoria intelectual, el movimiento colmó el zócalo capitalino el 21 de enero de 1987 y estalló una huelga el 29 del mismo mes que se levantaría el 17 de febrero, exigiendo la derogación de las reformas y la realización de un Congreso Universitario. Durante la huelga, el movimiento volvió a ocupar el zócalo el 9 de febrero y el 10, el Consejo Universitario suspendió las reformas y aprobó la realización del Congreso Universitario. El movimiento triunfó.

Tres años después, el 14 de mayo de 1990, inició el Congreso Universitario. Nuevamente la autoridad propuso aumentar las cuotas, pero el Congreso no lo aprobó.

Cuando parecía que el ciclo había concluido, el 4 de noviembre de 1991, el rector José Sarukhán propuso, una vez más, aumentar las cuotas. Otra vez el estudiantado se levantó. Entonces, el consejero de la Facultad de Medicina Hugo López Gatell alzó la voz para denunciar el albazo de la Comisión de Presupuesto del Consejo Universitario, el 8 de junio de 1992. El 12 de junio el CEU toma la Torre de Rectoría para impedir la aprobación del aumento de cuotas; el 23 de ese mes, marcha del Parque de los Venados a CU y el 25 se realiza un paro. Los estudiantes vuelven a triunfar.

En ese movimiento se gestó la vocación por lo público de López Gatell, pero también de muchas personalidades más.

Por ejemplo, la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, participaba en la Facultad de Ciencias.

El escritor Fabrizio Mejía, era representante de la Facultad de Filosofía y Letras. El vocero de la Presidencia de la República, Jesús Ramírez Cuevas, estaba en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

La secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, fue activista en el CCH-Sur y después en la Facultad de Economía. El historiador Pedro Salmerón participó en la Facultad de Filosofía y Letras. La feminista Orfe Castillo era activista en la Prepa 7.

La activista en Prepa 6, Lore Manrique, es directora de los Estudios Churubusco. Andrea González, representante de la Preparatoria 4, años después fue directora de la Clínica Condesa para la atención del VIH.

Federico Anaya fundó en esa época el periódico Regeneración en la Facultad de Derecho. Más tarde fue activista de Derechos Humanos y funcionario en la UACM. Rafael Tonatiuh González fue activista en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y años después autor de la columna QRR en Milenio y guionista de la cinta Un mundo raro.

Diana Talavera, ceuísta en la Facultad de Economía, ha sido después consejera electoral y funcionaria de la FEPADE. Paloma Robles, activista en Prepa 6, más tarde fue actriz en la cinta Rojo Amanecer.

Héctor Miguel Salinas, consejero del CCH y representante en los diálogos públicos, es experto en temas de diversidad sexual y maestro en la UACM. Ulises Castellanos, activista en Prepa 6, es fotógrafo profesional.

Decenas de activistas del CEU se convirtieron en dirigentes partidistas, diputados federales y locales y funcionarios públicos a partir de 1997.

De hecho, casi todos mis amigos, compañeros y colaboradores de los últimos 30 años, formaron parte de ese movimiento en alguna de sus etapas, como Julio Pérez, Víctor Montalvo, Patricia González, Gerardo Villanueva, Juan Gerardo López, Elí Evangelista, Alejandro Gil, Rodrigo Acosta, Rodrigo Ávila, David Navarro, Rocío Villarauz y muchísimos más.

Pero en todo caso, para mi lo interesante de la herencia del CEU es que muchos de sus cuadros cristalizaron el ideal de poner el talento al servicio de la sociedad, con solvencia técnica intelectual y congruencia política.

Termino con el siguiente recuerdo: en la marcha del 9 de febrero de 1987, de Tlatelolco al Zócalo, al llegar a la calle de Madero, frente al contingente de la Prepa 7 se colocó un camión de redilas que traía a bordo a un grupo de músicos rockeros cuya raída manta decía en pintura de aerosol: “La Maldita Vecindad y Los Hijos del Quinto Patio”.

Senador de la República

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