La crisis del coronavirus será pasajera, pero no corta. Durará meses, con todas sus implicaciones en la salud, la sociedad y la economía. Más nos vale utilizar este tiempo para pensar cómo aprovechar la situación y convertirla en ventaja de México una vez que pase la tormenta.
Hablemos primero de la salud, luego de las políticas sociales y finalmente de la política económica. Tenemos un sistema público de salud que es pequeño para el tamaño de la demanda y problemática nacional. Es un sistema abandonado por mucho tiempo. Será insuficiente frente a la crisis del Covid-19 si no se toman medidas urgentes. Se requerirán camas y hospitales, médicos y enfermeras.
Una buena parte de los recursos que se están solicitando y buscando ahora para enfrentar la contingencia pueden destinarse a construir centros de salud y clínicas, para ampliar la capacidad hospitalaria, para hacer un sistema público de salud mucho más grande. Esto en parte se está haciendo ya; vemos al gobierno federal inaugurando nuevos hospitales. Y a lo largo de la crisis será importante que siga creciendo el sector salud. Desde el principio y hasta el final. Si es así, el día que termine esta pesadilla del coronavirus, podremos amanecer con un sistema público de salud más grande, más fuerte, más equipado, más extendido, que el que existía antes de la pandemia.
La nueva infraestructura se quedaría como parte permanente del sistema de salud, ya no para la crisis de la coyuntura, sino para las necesidades cotidianas, que son muchas. Aún con la crisis, el país podría salir fortalecido en su entramado sanitario público.
Ahora bien, en materia de política social y derechos sociales, estos meses pueden ser también muy provechosos.
El Congreso de la Unión aprobó una reforma al artículo 4o constitucional para transformar en derechos tres programas y una política social del actual gobierno federal. Se trata de la pensión de adultos mayores, la pensión para personas con discapacidad permanente y de las becas para estudiantes de todos los niveles escolares; así como del sistema público de salud integral, gratuita y universal para personas que carecen de seguridad social.
La reforma la han ratificado 15 Congresos Locales. Faltan dos para lograr la declaratoria constitucional. Eso quiere decir que estas semanas pueden ser aprovechadas para que los Congresos Locales que faltan aprueben la reforma, inclusive a través de sesiones virtuales o videoconferencias.
Así, una vez que pase la crisis, los mexicanos se encontrarán con que los recursos que se transfieren a los sectores con mayor desventaja estarán garantizados en la Ley Fundamental, por vez primera en la historia de nuestro país.
La transformación de los programas en derechos es de la mayor importancia, pues a diferencia de los primeros, los segundos se caracterizan por ser permanentes, universales, libres, garantizados presupuestalmente y exigibles al Estado. Este tema de programas y derechos sociales se conecta a su vez con un tercer asunto: el de la política económica. Habrá crisis sanitaria y social, pero también económica. ¿Cómo saldremos de ésta? ¿Qué medidas se tomarán?
Contra toda la ortodoxia neoliberal, tirios y troyanos coinciden en que se requerirá una activa intervención del Estado. Sin embargo, es necesario precisar que dicha intervención debe tener una coherencia con las políticas sociales y el bienestar pretendido para la población. ¿A quién se va a apoyar? Debe respaldarse la demanda, debe promoverse el consumo, debe fortalecerse el mercado interno, particularmente a través de la capacidad de compra de las clases populares.
En lugar de un rescate al estilo Fobaproa, para salvar el interés de unos cuantos, se requiere de un rescate social. Hay que mover la rueda de la economía y esto puede ser posible a partir del poder del consumidor. Así habrá dinero para provocar un repunte del pequeño comercio y la mediana industria.
Evitar despidos y cuidar salario también serán factores para fortalecer consumo. Crecimiento del sector salud, políticas sociales protegidas y rescate de la economía desde abajo pueden ayudar a construir un nuevo rostro de México después de la tormenta.
Senador de la República





