Continúa el ciclo progresista en América Latina

Martí Batres

La victoria electoral de Pedro Castillo en Perú engrosa el ciclo progresista en América Latina iniciado a principios del Siglo XXI. Este giro se manifiesta en triunfos electorales de fuerzas políticas de izquierda, centro-izquierda, antimperialistas, anticolonialistas o progresistas en varios países de la región.

No es la primera vez que triunfan la izquierda o las fuerzas progresistas en América Latina. El aspecto novedoso de este nuevo ciclo es que se trata de un conjunto de victorias electorales consecutivas que ocurren durante un mismo periodo.

Luego de las derrotas electorales de gobiernos progresistas en países como Chile, Argentina, Ecuador y Brasil, se pensó que el ciclo progresista en Latinoamérica iniciado en 1998 había concluido. Sin embargo, las victorias de esta corriente política en países como México, Argentina, Bolivia y Perú entre 2018 y 2021, así como las grandes movilizaciones sociales en Chile, Ecuador y Colombia, entre 2019 y 2021, nos llevan a pensar que el ciclo progresista sigue abierto.

Las fuerzas progresistas que han conquistado el triunfo electoral son diversas, no tienen un rasgo ideológico idéntico. Cada una responde a las necesidades propias de su país y de sus pueblos. Sin embargo, el común denominador es que estas victorias se dan como una muestra del rechazo al neoliberalismo y a la necesidad de cambios de fondo. 

También estas victorias progresistas tienen en común haberse dado frente a derechas robustas conformadas por grupos políticos, pero también por miembros de los poderes fácticos. Sin importar el país, las coaliciones de derechas han implementado campañas muy parecidas cuyo eje discursivo es una vuelta a la época de la guerra fría en donde se impulsaba la demonización de los adversarios y el consecuente miedo al fantasma ideológico rojo.

Otra característica similar de estas victorias progresistas es el regreso del pueblo como actor político. Durante las décadas de gobiernos neoliberales en la región el pueblo dejó de ser apelado con el pretexto de la creación de ciudadanía y de superar el corporativismo.

Ahora, con líderes como López Obrador en México o más recientemente, Pedro Castillo en Perú, el pueblo regresa como actor y categoría política, lo que implica necesariamente un vuelco en las políticas públicas manifiesto en el renacimiento de las políticas sociales y del discurso de los derechos universales para remediar las décadas de atraso y empobrecimiento popular que ha dejado a su paso el neoliberalismo.

De lo anterior, depende en buena medida el éxito de este ciclo de gobiernos progresistas. Sólo así podrá establecerse un contraste con el pasado neoliberal.

Lo cierto es que el éxito de este ciclo progresista se ha expresado en la atípica década 2005-2015, que combinó crecimiento económico con disminución de la pobreza y las desigualdades, es decir, un efectivo ejercicio de derechos sociales.

Recientemente, el regreso de opciones conservadoras al gobierno de algunos países latinoamericanos (como Brasil) significó la pérdida de crecimiento y equidad, pero la victoria de Pedro Castillo en Perú indica que la esperanza de retomar la ruta de progreso con justicia en la región sigue abierta. 

Senador de la República

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