Quién es quién en la pandemia

Mario Melgar-Adalid

A Fernando Flores, amigo solidario en tiempos difíciles

 

No se puede adivinar cómo será el mundo después de la pandemia. Confío en que el destino me permita sobrevivir al igual que a mi mujer, familia, amigos y compatriotas. No conozco Venecia de la que me han dicho maravillas, pero por lo pronto preferiría ver las góndolas desde la pantalla. ¡Ah, Nueva York, ver jugar a los Yankees, trotar en Central Park o comer chuletones de Peter Luger! Aunque pensándolo: ¿Se podrá nuevamente viajar turísticamente? ¿Regresarán los juegos de Grandes Ligas? ¿Sobrevivirá el Peter Luger? Pero, realmente ¿tendrán sentido estas trivialidades?

Los países han optado por enfrentar la pandemia de diversas formas. Como lo plantean Levy y Malamud: unos como China, a favor del Estado privilegiando la seguridad nacional; algunos a favor del mercado, primero la economía, como EU y otros por la sociedad, anteponiendo la salud pública, como la Comunidad Europea. México no se ubica en ningún modelo, porque sus condiciones no son las de China, ni las de Europa, ni las de EU.

“Lávense las manos con jabón cada hora durante lo que tarda tararear Las Mañanitas”. No obstante, cómo lavarse las manos cuando hay cientos de miles de viviendas sin agua entubada. Según el Inegi en 2015 (últimos datos), los estados más pobres, el trío Guerrero, Oaxaca y Chiapas reflejan estos porcentajes de viviendas sin agua entubada: Guerrero 15.8%, Oaxaca 14.6%, Chiapas 13.5%. Veracruz igualó a Chiapas. ¿Cómo pueden lavarse las manos cada hora los millones que habitan esas viviendas?

Unos se pueden lavar las manos, otros no, el piso mexicano es desigual. La epidemia ha mostrado las debilidades nacionales. El presidente declaró que la desgracia le venía como anillo al dedo, cuando con razón Sergio García Ramírez escribió en EL UNIVERSAL que más que un anillo, se trataba de la soga al cuello.

No todo es negro en la pandemia, hemos confirmado el valor de la organización social; la necesidad de reglas para la convivencia; la significación de la solidaridad; lo imprescindible de las instituciones sociales y jurídicas. Ha servido para valorar el propósito, sentido y relevancia del Estado. Sin un Estado confiable, no hay sociedad viable, las instituciones se corroen, el odio se exacerba y el país va a la deriva.

Estos días han servido para revalorar la nobleza de profesiones como las de la salud: los médicos han sido ahora los oficiantes que fueron de los tiempos cavernarios. Ningún elogio, ni aplauso, ni proclamación serán suficientes para agradecer a médicos, enfermeras, paramédicos, laboratoristas, lo que han hecho. Ante el heroísmo médico paradójicamente también la perversidad ha estado presente. Los ataques a profesionales de la salud quedarán como una vergüenza nacional.

El mundo si no mejor será distinto. Se limitarán las reuniones masivas; habrá restricciones de viaje; se implementarán requerimientos higiénicos; se deberá proteger a los grupos vulnerables; habrá mayor trabajo a distancia; se mejorará la relación entre trabajo y disfrute de la vida; habrá un mayor acceso al comercio y logísticas en línea y se desarrollará la prevención y protección global de la salud.

A los presos que llevan años encerrados se les prepara desde varios puntos de vista para salir a la calle al llegar su liberación. Habrá de llegar el momento de pensar en el regreso a la supuesta normalidad. Pero ¿será realmente normalidad lo que se necesita?

Mejor será preparar un nuevo amanecer, el segundo renacimiento de la historia. En México algo habrá de pasar. No se puede engañar a todos todo el tiempo. El pueblo sabio al que alude el mandatario empieza a darse cuenta de qué está hecho su gobierno y quién ha sido quién en la pandemia. La historia toma nota.


Investigador nacional en el SNI.
@DrMarioMelgarA
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