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¿Feliz 2021?

Mario Melgar-Adalid

"Ánimo cabrones, que adelante está más feo". Pancho Villa a sus tropas

 

 

Terminó 2020 antes de que terminara con nosotros. Ahora que su fin está a la vista lo único que queda es prepararse para el 2021. La ilusión es que las vacunas lleguen a todos, aunque subsisten flancos: la salud pública que hizo de médicos, enfermeras y personal médico unos héroes a los que nunca será suficiente reconocer y agradecer; las gavetas económica, internacional y jurídica, por mencionar algunas.

Cuando la tormenta pase no seguirá la calma, aunque el poema viral diga lo contrario. Será necesaria una movilización de psiquiatras y psicólogos para resolver la angustia de confirmar la fragilidad humana. Ya no somos el centro del universo, ni siquiera los preferidos de Dios. Simplemente una especie que se resiste a sucumbir.

La salud mental será una prioridad que atender, particularmente la ansiedad de niños y jóvenes. Pienso en una gran cruzada impulsada por el Instituto Nacional de Psiquiatría, para enfrentar depresiones, angustias, insomnio y desgraciadamente suicidios. El sector educativo debe participar.

El presidente tiene confianza en que la economía se recuperará, que no le preocupa. No obstante, es un contrasentido que siendo seguidor de Trump no haya adoptado las medidas de apoyo y rescate de trabajadores y pequeñas empresas, lo que tiene a flote a millones de pobres en Estados Unidos.

La disparidad en la distribución de vacunas en el mundo, primero los países ricos y si alcanza que sigan los pobres, es otro de los lastres que deja la pandemia: vivimos en un mundo inequitativo, profundamente inmoral. Los internacionalistas tendrán que meditar de que manera el mundo debe volverse más equilibrado y justo.

La loable propuesta mexicana ante el mundo, llevada al foro de la ONU por Juan Ramón de la Fuente, merece el subsecuente esfuerzo diplomático a fin de construir avenidas de entendimiento, solidaridad y apoyo de los países ricos a los pueblos desvalidos.

En cuanto al régimen jurídico, el Covid puso a prueba instituciones, leyes y administradores de la justicia. No sale muy bien librado el gobierno de la 4T en este departamento. Haber encerrado en un closet al Consejo de Salubridad General es un negro capítulo de inconsistencia constitucional. La única explicación es que estorbaba al control político del presidente. El Consejo fue diseñado por los constituyentes de Querétaro para dotar al país de un cuerpo técnico, plural y apolítico que tomara las decisiones en los asuntos sanitarios, particularmente en las epidemias.

Todo indica que el texto constitucional dificultaba la operación política: El Consejo de Salubridad General "Dependerá directamente —dice la Constitución— del presidente de la República, sin intervención de ninguna Secretaría de Estado, y sus disposiciones generales serán obligatorias en el país." Mejor hubiera sido desaparecerlo que ignorar lo que dice el texto fundamental del país.

El presidente declaró que no habrá vacuna obligatoria, cada quien tendrá la libertad de decidir. Este desplante del más puro liberalismo va en contra de disposiciones de orden público y por tanto obligatorias. La Ley General de Salud es clara: "La vacunación contra enfermedades transmisibles, prevenibles por ese medio de inmunización, que estime necesaria la Secretaria de Salud, será obligatoria en los términos que fije dicha dependencia y de acuerdo con lo previsto en la presente Ley" (Art. 144).

En épocas de crisis el mejor asidero es la ley. Quien la observa no se equivoca, pero se somete y eso es lo que espera la ciudadanía de sus gobernantes: verlos sometidos a la ley.

 

Investigador nacional en el SNI

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