El aborto

Mario Melgar-Adalid

El Estado tiene la tarea de proteger la salud de la madre y la vida (potencial) del feto, pero además la de garantizar los derechos de las mujeres

Pocos asuntos dividen más que el aborto: no hay medias tintas, en contra o a favor. Buenos o malos, sin medio aristotélico, solo apasionamientos irreconciliables. Se cree que quienes están en contra del aborto (provida) son conservadores de derecha, mientras que quienes están a favor (prochoice) son liberales de izquierda. Con este criterio, la Suprema Corte de Estados Unidos resulta conservadora, mientras en México, la Suprema Corte de Justicia de la Nación es liberal.

En EU el tema del aborto parecía decidido judicialmente hacía 50 años. En Roe vs Wade, se definió un marco trimestral: Durante el primer trimestre del embarazo la decisión corresponde exclusivamente a la madre con su médico; durante el segundo trimestre, el Estado puede intervenir y regular por razones de salud de la madre; en el tercer trimestre, el Estado puede prohibir.

La decisión de la Suprema Corte en Roe parecía firme hasta que cambió su composición ideológica. El aborto entró al debate. Con tres jueces (ministros) conservadores propuestos por Trump, la Corte liberal se volvió conservadora. Ahora, un sector de la sociedad estadounidense (blancos, republicanos y ricos) considera que debe modificarse el dogma impuesto por Roe: los abortos, todos, deben ser ilegales. Otro sector de la misma sociedad, pero de diferente composición: (demócratas, liberales, de origen diverso), defenderá con todo a Roe vs Wade.

El estado de Texas preparó una ley antiaborto no detenida por la Suprema Corte. Conforme al texto, quedan prohibidos los abortos después de seis semanas de embarazo. El punto clave es que cualquier persona puede demandar a quien haya auxiliado en un aborto. No solamente a los médicos que lo practican, sino a cualquiera: un camillero, el guardia que vigila la clínica, el chofer del taxi. Quien demande puede obtener cuando menos diez mil dólares por su demanda.

Esta ley, preparada por quienes se oponen al aborto, seguramente con la bendición eclesiástica, ha tenido un efecto diabólico, pues han cesado los abortos por el temor a las demandas por participar en su práctica. Ha causado tal efecto que algunos estados de la Unión Americana, con gobiernos republicanos, copian ya la ley texana.

La ley la diseñó un abogado del diablo. Según expertos es difícil detectar un embarazo a las seis semanas de la concepción. Además, los médicos no practican abortos en esta incipiente etapa del embarazo. Más complicado social y políticamente es convertir a un grupo social en vigilante de los demás, en organizar una sociedad de delatores. Se empieza acusando al desconocido, después al vecino o al amigo y más adelante a los miembros de la familia.

En México por el contrario, la Suprema Corte de Justicia de la Nación, tan vilipendiada por AMLO, dio ejemplo al mundo al haber resuelto la inconstitucionalidad de una ley de Coahuila que penalizaba el aborto. La tesis es un precedente para liberar el aborto en toda la República. No es el Estado el que decide, ni las Iglesias, son los derechos reproductivos de las mujeres los que deben prevalecer. Como lo recuerda Javier Marías, hubo curas que inyectaban el bautismo a los fetos para cristianizarlos desde su concepción.

El Estado tiene la tarea de proteger la salud de la madre y la vida (potencial) del feto, pero debe además garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, como venturosamente resolvió la Corte mexicana.
 

Profesor de la UNAM

 

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