Biden contra las cuerdas

Mario Melgar-Adalid

La luna de miel de Biden llegó a su fin. ¿Estaba preparado para ser presidente? Se dice que no ganó las elecciones, sino que Trump las merecía perder. Ahora, sin Trump a la vista, Biden está desdibujado, sin que vea todavía una salida al conflicto que generó su ineficacia en el retiro militar y civil de Afganistán.

Los demócratas viven una crisis de confianza, temen perder el volátil poder que los llevó a la presidencia. Las dos razones del tobogán son la incapacidad para resolver el caos generado por la retirada de Afganistán, y la pandemia que está de regreso. Históricamente el partido del presidente pierde curules en las elecciones intermedias. El avance de los republicanos es evidente y no se ve que puedan olvidarse fácilmente, para cuando vengan los comicios, las imágenes del desastre de Afganistán

La aceptación del presidente Biden se encuentra en un 46%, bajísimo porciento, si tomamos en cuenta que lleva apenas siete meses en el cargo. Los estadounidenses han dejado de culpar a Trump de sus males y se dan cuenta que el presidente Biden balbucea, se tropieza, se contradice, se disculpa, pero no ha hecho lo que ha salvado históricamente a los presidentes en Estados Unidos: decir la verdad cuando se equivocan. Lo hizo Clinton cuando aceptó su affair con Monica Lewinsky; lo hizo Kennedy cuando aceptó su responsabilidad en el desastre de Bahía de Cochinos

Biden tendría que reconocer que Estados Unidos sabía, desde hacía años, que los talibanes les habían ganado la guerra. Cometió el desliz de no declararlo públicamente. Cometió otro error al no planear adecuadamente el retiro de civiles, militares y afganos que ayudaron a EU. 

El propósito de la intervención militar en Afganistán fue para asegurar que en ese territorio no se perpetraría otro atentado como el del once de septiembre. Para eso comprometieron billones de dólares. No obstante, es difícil explicar cómo es que 70 mil soldados talibanes, a salto de mata en las montañas, derrotaron a 300 mil elementos (afganos y estadounidenses) entrenados con abundancia de recursos de todo orden. La lección que recoge la historia es cómo esos aguerridos talibanes tuvieron más alma y corazón que los derrotados que los cuadruplicaban en número y recursos. Unos, los vencidos, eran los invasores; los otros, los vencedores, son los herederos de esa tierra y los mártires de una lucha desigual

Afganistán no es el único problema que aqueja a la administración Biden. A pesar de la reciente aprobación total de vacuna Pfizer, la variable Delta tiene en varios estados, sobresaturados a los centros médicos de atención de urgencias, más allá de sus capacidades. El promedio es de 150 mil casos y más de 90 mil hospitalizados al día. La cuota de muertos es de 1,000 personas diariamente. Biden no encuentra la manera de convencer a 85 millones de estadounidenses, fanatizados, que rechazan la vacuna.

En dos semanas, como cada año, se recordarán los atentados del once de septiembre y será evidente el fracaso estrepitoso de una guerra de 20 años. Una guerra que no produjo ningún beneficio, ni siquiera para los talibanes que saben pelear en las montañas, pero no saben ni podrán gobernar un país, destruido por dentro, sin futuro. Nunca se gastó tanto para no obtener nada a cambio.

México hizo honor a su tradición humanitaria. La llegada de 24 familias afganas nos enaltece. !Bienvenidos! 

Profesor de la UNAM.
@DrMarioMelgarA

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios