La revisión del T-MEC, si bien necesaria para los tres países y respaldada por sus respectivas cámaras empresariales, será un gran reto para México. Y no solo por los arrebatos y amenazas de Donald Trump, sino porque será difícil conciliar todas las visiones de las industrias expuestas a ajustes sustanciales —automotriz, farmacéutica, agroalimentaria— y, además, definir cómo se van a enfrentar las presiones de Estados Unidos en múltiples frentes como el comercial, el de seguridad, el migratorio y, en general, el político.

Si bien es natural que Marcelo Ebrard, en su calidad de secretario de Economía, lleve la batuta junto con sus dos subsecretarios, Luis Rosendo Gutiérrez y Vidal Llerenas, de la mano de los representantes empresariales incluidos en el llamado Cuarto de Junto, inevitablemente tendrán que participar el canciller Juan Ramón de la Fuente, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, el titular de Agricultura y Desarrollo Rural, Julio Berdegué, entre otros. El problema es que entre todos hay discrepancias sobre cómo se debe llevar la relación con Estados Unidos. Ebrard piensa una cosa; De la Fuente, otra; y el subsecretario para América del Norte, Roberto Velasco, una distinta. A esto se suma que podrían venir ajustes en el gabinete, por ejemplo en Agricultura, donde el nombre de Julio Berdegué aparece en la baraja de posibles movimientos. La negociación del TMEC arranca, pues, con un problema interno de coordinación.

La presidenta Claudia Sheinbaum atiende de manera directa prácticamente todos los temas relevantes para su gobierno; responde personalmente a Trump en seguridad, migración, economía y otros asuntos sensibles. Dentro de su propio equipo le han recomendado no desgastarse en todos los frentes y, en particular, dejar que el tema del T-MEC lo encabecen los responsables técnicos y políticos: Economía, Cancillería, los equipos negociadores y el sector privado. Quizá por eso, tras el más reciente desdén de Trump —quien dijo que el tratado es irrelevante y que no le importa—, la Presidenta respondió que quienes más defienden el acuerdo son los empresarios de Estados Unidos. Y en efecto, en los últimos días asociaciones empresariales de México, Estados Unidos y Canadá han salido a defender la continuidad y actualización del TMEC como un instrumento clave para la competitividad regional y la integración de las cadenas de valor.

El miércoles General Motors anunció una inversión de mil millones de dólares en México para los próximos dos años, y ayer la también estadounidense Pilgrim’s Pride reveló mil 200 millones de inversiones en el país, en medio del ruido político y de las amenazas proteccionistas. A esto se sumaron posicionamientos de cámaras empresariales en México que pidieron “frialdad”, unidad y una estrategia común rumbo a la revisión de 2026, conscientes de que cualquier error puede impactar la renegociación.

Sin embargo, el problema no está solo en Washington ni en los discursos de Trump, sino en la capacidad de México para presentarse con una posición cohesionada. La revisión del tratado estará contaminada por los temas de seguridad —combate al narcotráfico, control de flujos de armas y cooperación bilateral—, por la agenda migratoria, por las disputas energéticas, por las reglas de origen y por las presiones para acelerar el nearshoring en territorio estadounidense. Todo eso exige una alineación interna que hoy no se percibe con claridad.

A este cuadro se suma una representación diplomática que no ha logrado una buena interlocución con los grupos de poder en Estados Unidos. La gestión del embajador Esteban Moctezuma ha sido cuestionada en círculos empresariales y políticos por su bajo perfil en momentos en los que se requiere una dinámica más activa y más visible. En una coyuntura donde los gobernadores estadounidenses, los congresistas, los sindicatos y las grandes corporaciones juegan un papel directo en la defensa del TMEC, México no puede depender únicamente de las reacciones presidenciales ni de los pronunciamientos de la iniciativa privada. 

El T-MEC es, hoy, una cuerda floja para la relación bilateral. De un lado, el impulso de los empresarios que ven en el tratado una plataforma indispensable para competir frente a Asia y Europa. Del otro, la volatilidad y los arrebatos de Trump y su cruzada proteccionista. Y en medio, el gobierno mexicano que aún no termina de alinear su visión frente a EU.

Posdata 1

La estadounidense Pilgrim’s Pride confirmó este jueves una inversión histórica de mil 300 millones de dólares en México con un horizonte de ejecución entre 2026 y 2030 y un impacto directo en la producción y seguridad alimentaria del país. 

El anuncio, hecho en la conferencia matutina presidida por Claudia Sheinbaum, plantea que la inyección total de capital generará más de 4 mil empleos directos y alrededor de 16 mil indirectos, y permitirá aumentar la producción nacional de pollo en aproximadamente 373 mil toneladas, reduciendo cerca del 35% de las importaciones actuales del producto. La decisión de Pilgrim’s refleja una apuesta de largo plazo en el mercado mexicano tras casi cuatro décadas de operaciones en el país, con compromisos de modernización de instalaciones y expansión productiva a nivel nacional. 

De esa bolsa total, 150 millones de dólares están destinados a la región centro del país, con una porción significativa focalizada en Querétaro, así como en San Luis Potosí e Hidalgo, para la modernización de plantas procesadoras y mejorar la infraestructura productiva local. Esta inversión en Querétaro, que gobierna Mauricio Kuri, no solo impulsará la generación de empleo formal y fortalecerá la cadena agroalimentaria en un estado con tradición industrial y logística, donde la actividad avícola y alimentaria es parte del tejido productivo desde hace años.

Posdata 2

La gira de Ricardo Salinas Pliego en Washington D.C. esta semana significó un viraje hacia una agenda diplomática y política internacional. El empresario presentó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos una denuncia contra el Estado mexicano por lo que califica de “persecución política” desde 2023, además de que sostuvo reuniones de alto nivel con autoridades estadounidenses para hablar del rumbo económico de México y de la relevancia de sus empresas en la integración bilateral. Cifras de Grupo Salinas revelan que cerca de la mitad de las remesas que recibe México se canalizan a través de sus plataformas financieras, una condición que el magnate aprovechó para exponer su peso económico durante su encuentro con el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent.  

En el diálogo con el funcionario estadounidense, Salinas Pliego alertó sobre la falta de certidumbre jurídica y condiciones de inversión en México, apuntando a reformas judiciales recientes y al clima de desconfianza empresarial como factores que frenan crecimiento, una narrativa que ya había expuesto públicamente en días recientes y que ahora coloca frente a audiencias internacionales. Asimismo, elogió las políticas económicas de la administración estadounidense, enfatizando la importancia de la libertad económica, la desregulación y la reducción de impuestos como principios para atraer inversión productiva.  

El giro estratégico de este viaje pone bajo el reflector la disputa de Salinas Pliego con el Gobierno mexicano por adeudos fiscales y por la percepción de amenazas a la libertad de expresión, así como el rol de los grupos empresariales en la agenda exterior. 

Posdata 3

Izzi confirmó que transmitirá los 104 partidos del Mundial de la FIFA 2026, desde el encuentro inaugural hasta la final, a través de la plataforma ViX Premium Mundial, consolidándose como el principal canal de acceso al torneo para el mercado mexicano. La Copa del Mundo, que se disputará en México, Estados Unidos y Canadá, será la más grande en la historia del futbol, tanto por número de selecciones como por volumen de audiencias y derrama publicitaria. Para Grupo Televisa —dueño de Izzi y ViX— el Mundial no solo es un negocio de contenidos, sino una pieza central de su estrategia de integración vertical de derechos de transmisión, plataformas digitales, comercialización publicitaria y activos físicos que se utilizarán durante el evento deportivo.

El esquema comercial anunciado busca acelerar la captación de usuarios y asegurar flujos anticipados. La estrategia apunta a masificar el ecosistema digital de TelevisaUnivision, aumentar la fidelización de sus clientes y capitalizar el gran consumo que genera un Mundial.

El músculo del grupo se refuerza, además, por el control de uno de los activos más relevantes del torneo: el Estadio Azteca, hoy operado por Ollamani, el vehículo corporativo que concentra los negocios de futbol, entretenimiento y eventos en vivo del conglomerado. Televisa, entonces, transmitirá los partidos, será anfitrión directo de algunos de los encuentros más emblemáticos del Mundial, con presencia en los negocios de hospitalidad, patrocinios, experiencias premium y explotación comercial del emblemático estadio que, como ningún otro, será tres veces mundialista. 

@MarioMal

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