Alfonso Romo

dejó su apacible rancho en Monterrey para acudir al llamado del secretario de Hacienda en Palacio Nacional . La reunión entre el exjefe de la Oficina de la Presidencia y Rogelio Ramírez de la O es una más de las que durante casi tres semanas ha mantenido el encargado de las finanzas públicas del país para intentar reactivar la inversión privada.

El secretario de Hacienda ha andado de road show en México con los líderes de las cúpulas empresariales y el sector financiero, primero para conocer su visión sobre la economía nacional y global, pero, más importante, para darles certeza de que las reglas para invertir en el país serán claras y no habrá más sorpresas.

La semana pasada publicamos que frente al escenario de desaceleración económica y posible estanflación, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador echó a andar una estrategia para impulsar la inversión privada, con la condición de trabajar alineados con las Fuerzas Armadas en los proyectos prioritarios y de la mano del gobierno en las obras que se van a anunciar la siguiente semana como parte del tercer paquete de infraestructura.

Ramírez de la O emprendió reuniones con los líderes de l Consejo Coordinador Empresarial, la Confederación de Cámaras Industriales, la Asociación de Bancos, el Banco de México, la Embajada de Estados Unidos y, ahora, con Alfonso Romo, quien está cerca de los multimillonarios del país incluidos en el Consejo Mexicano de Negocios y el Consejo Asesor de la Presidencia.

Los temas por tratar en las reuniones han sido cinco, en ese orden de importancia: alta inflación, falta de inversión, el proyecto del Corredor Transístmico, la volatilidad de los mercados financieros y la guerra en Ucrania. Todos están interconectados, pero lo más importante es la certidumbre y las condiciones para que los empresarios inviertan en el país.

El encargo para Romo y Ramírez de la O es bajar a los empresarios la narrativa de que, ahora sí, el gobierno del presidente López Obrador va a garantizar las condiciones para la inversión. El problema es que así les dijo Romo durante la campaña a la Presidencia con el Aeropuerto de Texcoco, el sector energético y la política económica, y nada se cumplió.

Muy lejanos se recuerdan los mega anuncios de inversión de gremios como el de los banqueros, los industriales, los exportadores, las cadenas departamentales, de autoservicio y especializadas, así como de los ultra ricos del Consejo Mexicano de Negocios. También los anuncios en solitario por parte de grandes empresas como Walmart, América Móvil, FEMSA , Alfa o Televisa. Y también las inversiones multimillonarias en la apertura de fábricas del sector automotriz, alimentos y bebidas o manufacturero. Se secó la inversión.

El año pasado, la inversión en el país cerró el último trimestre a razón de 20% del PIB , de la cual 16.8% fue privada y sólo 3.2% pública. Según la organización México Evalúa, para que la economía crezca y se generen empleos de calidad y bien remunerados se requiere, al menos, subirla a 24% del PIB.

La Secretaría de Hacienda trabaja a marchas forzadas porque las condiciones macroeconómicas se han deteriorado. Esto afectará la recaudación fiscal y se tendrá que ajustar el gasto este año. Por si fuera poco, ya comenzó a diseñarse el Paquete Económico de 2023 y el problema es el mismo: no hay dinero, urge la inversión privada.

Posdata

A la reunión con Ramírez de la O y Romo también asistió el director de Pemex, Octavio Romero. La petrolera es uno de los principales lastres del presupuesto, sobre todo cuando el costo real de la Refinería de Dos Bocas se duplicó y no se ve cómo puedan financiarlo.

Transportistas, en emergencia

Y precisamente, uno de los sectores más afectados por la crisis económica, la falta de inversión y la inseguridad, es el transporte. A pesar de que el gremio fue incluido en el Paquete contra la Inflación y la Carestía del gobierno federal, con la exención de la Carta Porte, el congelamiento de los peajes carreteros y la supuesta mayor seguridad en las carreteras, las empresas del sector no ven la luz al final del túnel.

Por un lado, la manufactura de unidades se ha complicado a nivel mundial, tanto que su costo se ha incrementado al menos 30%, lo cual se trasladó a los consumidores finales, que son las empresas.

El tema del combustible es otro problema. El precio del diésel se ha incrementado 29% desde diciembre de 2021 a la fecha, al pasar de 15.27 a 19.65 pesos por litro, según los tabuladores de la Comisión Reguladora de Energía. El subsidio a los combustibles no ha sido suficiente para mitigar los aumentos y, por si fuera poco, con la eliminación del IEPS se ha perdido posibilidad de realizar deducciones y acceder a otros descuentos.

Asimismo, en febrero pasado, transitar por carretera se volvió 7.36% más caro, por lo que el hilo terminaría por romperse e impactar a los consumidores de sectores industriales y manufactureros, alimentos y bebidas, comercio electrónico y retail.

@MarioMal
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