Que Herrera no se convierta en un López-Gatell

Mario Maldonado

Hugo López-Gatell pasó del cielo al infierno en cuestión de semanas. El desaseo en el manejo de las cifras y las proyecciones sobre la pandemia derrumbaron su credibilidad –a los ojos de quienes son rigurosos con el uso de datos–, aunque parte de su popularidad se mantiene artificialmente apoyada por el presidente Andrés Manuel López Obrador y otros miembros del gabinete. El subsecretario carismático y elocuente ha quedado exhibido por los apabullantes datos de contagios y muertes que ubican a México en el top 10 de países más afectados por el coronavirus, lo que contrasta con sus dichos sobre los pronósticos del aplanamiento de la curva y la letalidad; esto sin contar el escandaloso subregistro de información que terminará por darle a López-Gatell y a AMLO su lugar en la historia.

El doctor en epidemiología, quien supuestamente se regía únicamente por el conocimiento científico, se convirtió rápidamente en un mal político y peor alabador y defensor de un Presidente que subestimó la pandemia y llamó a la ciudadanía a abrazarse y salir a los restaurantes en una etapa crítica. En tinta indeleble quedarán para la historia las palabras que pronunció López-Gatell para redimir la irresponsabilidad de López Obrador: “La fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio”. Y esta otra: “Sería conveniente que el Presidente se contagiara para que quede inmune a la enfermedad”.

La soberbia de López-Gatell, embelesado por las porras de AMLO, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller y otros integrantes del gabinete, se convirtió en su peor enemigo. Ante las evidencias de los subregistros de muertes por Covid-19 y la resistencia de hacer pruebas para tener una mejor radiografía de la expansión del virus, el subsecretario ‘estrella’ decidió repartir culpas y responsabilidades, en lugar de reconocer sus errores, escuchar a la comunidad científica y enmendar el camino.

López-Gatell culpó a los gobiernos anteriores por el deterioro del sistema de salud, lo cual es parcialmente cierto; sin embargo, la crisis sanitaria que causó el coronavirus tuvo mucho más que ver con la reacción tardía de la actual administración y la subestimación del problema. El subsecretario ‘rockstar’, por si fuera poco, acusó a cuatro medios internacionales (The New York Times, The Wall Street Journal, LA Times y El País) de conspirar en su contra. Más recientemente, en su comparecencia ante el Senado de la República, además de atacar a una legisladora, atribuyó los desenlaces fatales por el Covid-19 a la alta prevalencia de enfermedades crónicas derivada del modelo neoliberal.
Hasta aquí la relatoría de hechos en torno a un funcionario, preparado y con estudios en el extranjero, que echó a perder su prestigio y contribuyó a exacerbar la letalidad de la pandemia con tal de satisfacer los deseos y caprichos de su jefe. La dignidad de Hugo López-Gatell se fue por la borda por quedar bien con el Presidente, y ningún funcionario que se precie de ser ético está impedido a decirle que no a su jefe, mucho menos cuando la salud de millones de personas está en juego.

Por su parte, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, tiene sobre sus hombros el mayor desafío de su vida profesional: evitar que la otra crisis, la económica, lleve a millones de mexicanos a la pobreza y minimice sus posibilidades de subsistencia. Por eso, lo que haga y deje de hacer el hombre que se supone dicta la política económica del país también quedará de manifiesto en el juicio que habrá de hacerse al concluir el sexenio.

A finales del año pasado, cuando muchos indicadores económicos –incluido el más el importante para medir el crecimiento (el PIB)–, estaban a la baja, Herrera dijo que México tenía “chalecos antibalas” para paliar la “peor crisis” económica. Uno de esos chalecos es la Línea de Crédito Flexible con el Fondo Monetario Internacional por 74 mil millones de dólares. La recesión más profunda de los últimos 70 años llegó con la pandemia del coronavirus y la Secretaría de Hacienda optó por no echar mano de ese escudo. ¿Por qué? Sólo se puede explicar por la decisión presidencial de no salvar a nadie en la crisis. “Que quiebren las empresas que tengan que quebrar”, dijo AMLO, sin importarle los 10.7 millones de pobres de zonas urbanas que, según el Coneval, podrían surgir por la falta de apoyos al empleo del gobierno federal.

Otro chaleco antibalas son los Fondos de Estabilización de Ingresos Presupuestarios, de los cuales se gastó la mitad el año pasado, sin que hubiera una crisis. Y es hora en que, en medio del desempleo acelerado, tampoco se han utilizado este año para enfrentar la recesión económica. Herrera dijo en noviembre pasado que estos fondos “se pueden utilizar cuando la economía entre en un periodo de contracción, y un ejemplo de su uso son los seguros contra el desempleo”. A la fecha no ha habido apoyos para los casi 800 mil desempleados formales que contabilizó el Inegi al cierre de abril, ni para los 12 millones de personas que dijeron estar desocupados, sin ingresos, al cierre del mismo mes.

Y qué decir de los proyectos tan cuestionados, como el de la refinería de Dos Bocas –que el mismo Herrera puso en tela de juicio anteriormente, solo para ser vapuleado por Rocío Nahle y por el Presidente– que ahora, a pesar de no ser prioritarios para la recuperación, forman parte de la narrativa del secretario por ser los que tienen mayor “capacidad de absorción” para detonar el empleo y la actividad productiva.

Sobre la recuperación, Herrera dijo que será en forma de V asimétrica; es decir, un rebote de la economía que no va a lograr compensar en 2021 –y muy probablemente tampoco en 2022– los empleos y la producción perdida en los cuatro meses que duró la crisis. La semiótica de cómo será la recuperación del país dice mucho de la política económica del gobierno: como no se aplicaron muchos estímulos para amortiguar el golpe económico, ahora no se sabe qué tan rápido puede darse la recuperación ni cómo será.

Esto sin mencionar que Herrera, en una entrevista con Carlos Mota, dijo que los medios de comunicación prefirieron tomar los peores pronósticos, como la caída de 8.8% del escenario más pesimista de Banco de México, para alertar sobre la contracción económica que le depara al país en 2020.

Me da miedo imaginar que un funcionario de alto nivel como Arturo Herrera haya cambiado su forma de pensar por complacer al presidente; y más aún, que se esté mimetizando con Hugo López-Gatell y con el presidente al sugerir que los medios (y de paso los analistas que hacen pronósticos sobre la economía mexicana) están exagerando o conspirando contra la recuperación de la economía nacional.

Ojalá que uno de los funcionarios sensatos que quedan en el gabinete no se deje arrastrar como lo hizo López-Gatell, cuya actuación frente a la pandemia se la cobrará la historia.
 

Durango, el escándalo

Estalló la bomba en el gobierno de Durango, el estado que gobierna José Rosas Aispuro, quien tuvo ya que separar del cargo a su secretario de Desarrollo Económico, Ramón Dávila Flores, luego de que se confirmó que la bolsa de 50 millones de pesos del llamado Fondo Durango, que se destinaría a rescatar empleos en la entidad ante el impacto del Covid-19, se repartió entre líderes empresariales y personajes cercanos tanto a la administración estatal como municipal.

Fue el propio Dávila Flores quien confirmó ante la Comisión de Desarrollo Económico del Congreso local que los préstamos, por hasta 500 mil pesos cada uno, se habían entregado a “algunos conocidos y amigos”, entre los que se encuentran por ejemplo directivos regionales del CCE, Coparmex y Canaco, así como la hermana del presidente municipal de Durango, Jorge Salum, o hasta el director de Desarrollo Regional de la Secretaría de Educación, Bernardo Loera Carrillo.
 

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios