Los pecados de Gabriel García

Mario Maldonado

Gabriel García Hernández soñaba con ser uno de los presidenciables

El ahora excoordinador de los Programas para el Desarrollo y jefe de los superdelegados, Gabriel García Hernández, soñaba con ser uno de los presidenciables. Hasta apenas hace unos días decía a sus cercanos y amistades que Andrés Manuel López Obrador no sólo lo tenía considerado como uno de sus colaboradores de mayor confianza, sino que se encontraba apuntado en la lista de posibles elegidos, al lado de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. La realidad lo alcanzó muy pronto.

Ayer por la tarde se confirmó que el otrora poderoso distribuidor de los recursos de la 4T regresará a su escaño en el Senado, por lo que está fuera del mapa político; precisamente porque usó su posición para favorecer intereses personales y de grupo, sin acatar totalmente las indicaciones que recibió en Palacio Nacional para operar electoralmente en favor de los candidatos de Morena.

En su defensa podría decirse que los también llamados Siervos de la Nación sí eran los favoritos en un principio para pelear por las gubernaturas. La intención era utilizar sus posiciones, en las que abunda el reparto de recursos a los grupos vulnerables de la población, como plataforma para fortalecer su proyecto político. En ese escenario, el cálculo para Gabriel García era llegar a 2024 como jefe moral de por lo menos 15 gobernadores, lo que le habría ayudado sin duda a buscar una candidatura presidencial y probablemente a ganar la contienda.

Pero las múltiples negociaciones que requiere un gobierno en curso terminaron por cambiar el panorama, y muchos superdelegados tuvieron que quedarse en el camino con su correspondiente cuota de rencor. El caso más emblemático es el de Pablo Amílcar Sandoval, el hermano de la depuesta secretaría de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, quien con su familia fue factor importante para que Félix Salgado Macedonio no llegara a gobernar directamente el estado de Guerrero.

En Palacio Nacional se considera que la campaña negra que la familia Sandoval emprendió contra Félix Salgado Macedonio fue tan explosiva que alcanzó a golpear a Claudia Sheinbaum en su operación en la Ciudad de México, y se considera que esa es una de las razones que terminó por detonar un enfrentamiento abierto entre la figura presidencial y las clases medias.

Como Amílcar Sandoval, soñaron con participar en la elección intermedia los 15 superdelegados de las entidades que estuvieron en disputa. Algunos no tenían posibilidad alguna de competir, pues representaban a entidades como Sonora o Zacatecas, donde algunos secretarios de Estado o caciques regionales, como Alfonso Durazo y David Monreal, ya tenían la candidatura amarrada; sin embargo, en 10 entidades Gabriel Hernández empujó y cabildeó todo lo que pudo para colocar a sus muchachos.

De los 10 superdelegados que quisieron ser candidatos, tan sólo cuatro lo lograron y tres llegarán a gobernar: Víctor Manuel Castro en Baja California Sur, Indira Vizcaino en Colima y Lorena Cuéllar en Tlaxcala. El único que se quedó en el camino fue Juan Carlos Loera de Chihuahua, quien perdió la elección contra la panista Maru Campos.

La cosecha fue entonces pobre para los objetivos presidenciables de Gabriel García y, en general, no fue suficiente para las metas electorales de Andrés Manuel López Obrador, que habría invertido unos 300 mil millones de pesos cada año para mantener una operación electoral perfecta y que se quedó en un nivel de aceptable.

Tampoco tuvo éxito García Hernández en hacerse del control de la operación total de otros organismos y dependencias dispersoras de recursos sociales, tales como el Banco del Bienestar y Seguridad Alimentaria Mexicana, posiciones en las que en todo momento intentó hacer un relevo con gente de su entera confianza.

Posdata

El regreso de Gabriel García al Senado es visto por algunos como la primera jugada del Presidente para comenzar a cobrarle al aún coordinador de Morena en la Cámara Alta, Ricardo Monreal, su ‘traición’ en la Ciudad de México. El zacatecano tiene ya armada su estrategia. Podría ser muy pronto para una pelea frontal entre AMLO y Monreal de cara a 2024.

Malas prácticas en Seduvi

Las malas prácticas de administraciones anteriores se mantienen en la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda, que dirige Carlos Alberto Ulloa. Concretamente en la Dirección de Desarrollo Urbano, que está a cargo de Inti Muñoz, desde donde se han dedicado a intimidar a marcas y empresas que utilizan la publicidad exterior como medio de difusión, con correos electrónicos, mensajes por redes sociales y documentos sin número de oficio, carentes de toda validez oficial, que son enviados por su colaboradora Andrea Alvear Aceves, en los que les solicita el retiro de su publicidad, con el argumente de que es ilegal.

Lo delicado del tema es que la constitución de la CDMX establece en su artículo 53 apartado B, como atribución exclusiva de las alcaldías todo lo relacionado con anuncios, sin distinguir entre vías primarias y secundarias. No obstante, lo anterior, Inti Muñoz ha insistido en dichas prácticas completamente ilegales, como si tuviera algún interés personal y asegurando a los anunciantes que la Seduvi tiene el “monopolio” en todo lo que se refiere a la regulación de este medio de publicidad.

Según refieren fuentes de este sector, estas acciones eran comunes en gobiernos anteriores, sobre todo en víspera de la temporada electoral como método para recaudar recursos para las campañas. Y es que Inti Muñoz viene del gobierno de Miguel Ángel Mancera, en el que fue titular del fideicomiso del Centro Histórico. Su nombre sonó en varios medios luego de la fallida restauración de la escultura de El Caballito de Paseo de la Reforma, donde contrató a una empresa que causó severos daños a la figura, por lo cual fue acreedor a sanciones administrativas.

 
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