Los avisos a Del Valle y la triada Alemán-Cabal-García

Mario Maldonado

En los inicios del sexenio , el empresario Alejandro del Valle se presentaba como una especie de Rey Midas

En los inicios del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, el empresario Alejandro del Valle se presentaba ante sus cercanos como una especie de Rey Midas. El mexiquense aseguraba que, con el apoyo del excoordinador General de Programas Integrales para el Desarrollo, Gabriel García Hernández, todo lo que tocaba en la 4T se convertía en oro. Pero al igual que en el cuento de la mitología griega, el supuesto don del personaje se convirtió en maldición, y hoy sigue un proceso en el reclusorio sur de la CDMX, acusado de fraude genérico.

Desde la campaña presidencial de Morena y en el periodo de transición, Del Valle obtuvo a través de su empresa Servicios de Personal del Estado de México SA de CV (SPEM) contratos de Gabriel García y Alejandro Esquer para operar la línea 01800-SOY-AMLO, así como el centro de atención telefónica del CEN de Regeneración Nacional.

La relación del empresario con el entonces poderoso Gabriel García era tan cercana que la empresa SPEM fue la encargada de registrar ante el IMPI —el 9 de octubre de 2018— la marca Banco del Bienestar, el nombre que sustituiría al de Bansefi apenas la 4T tomara las riendas del país. Luego se supo que, de la mano de Carlos Cabal Peniche, Alejandro Del Valle tenía prometidos diversos negocios en ese banco, empezando por la venta de unos 8 mil cajeros automáticos provenientes de Corea.

La operación de los cajeros se cayó, y fue uno de los primeros indicios que debieron haber alertado a Del Valle de que las cosas no caminarían del todo bien en el sexenio y de que Gabriel García no sería eterno, mucho menos candidato a Presidente, como al propio funcionario le gustaba expresar entre sus colaboradores.

Un poco antes, el empresario había recibido otra llamada de atención, pues no gustó en Palacio Nacional que comprara en condiciones preferenciales —por 49.7 millones de pesos— la casa de “El Señor de los Cielos”. Por estos hechos, el primer titular del INDEP, Ricardo Rodríguez, fue destituido.

Tampoco cuajaron las intenciones de Del Valle para especular con la venta a instituciones de salud pública de cubrebocas N95 y KN95 durante los primeros meses de la pandemia, a través de la llamada Cámara de Comercio Intercontinental de Houston, que él mismo presidía.

Fuentes cercanas a la operación aseguran que las influencias de García Hernández no alcanzaron para conseguir los contratos en el IMSS, por lo que el propietario también de empresas como Contact Line y Telmark quedó con adeudos con los proveedores de Estados Unidos y con lotes de hasta 45 millones de cubrebocas almacenados. A finales de 2020 publicamos que las empresas de Del Valle buscaban saldar sus pasivos laborales y fiscales con la entrega de estas mascarillas.

Aun con todos estos altibajos, Del Valle se dejó convencer por Cabal Peniche para participar por las mismas fechas en el rescate de Interjet, y puntualmente de los negocios de Miguel Alemán Magnani. En el papel, parecía un gran negocio, porque se trataba de uno de los integrantes del Consejo Asesor Empresarial del Presidente, y porque, aunque se escuchaba ya de severas reprimendas de López Obrador al jefe de sus “superdelegados”, sobre Gabriel García descansaba todavía una buena parte de la operación electoral, posición más que influyente a unos meses de que Morena se jugara el control del Congreso en las elecciones del 6 de junio.

El apoyo a Alemán Magnani para entregar 35 millones de dólares que adeudaba a Televisa por la compra de Radiópolis fue la operación que hoy lo tiene momentáneamente en prisión, pues recurrió a un crédito por 30 millones con Crédito Real, de Ángel Romanos, quien terminó denunciándolo por fraude genérico, al igual que a Cabal Peniche y su esposa, Teresa Pasini. Gabriel García fue relegado al Senado, Alemán Magnani también es prófugo de la justicia y a Del Valle lo alcanza un primer proceso penal que, seguramente, será secundado por otro proveniente del SAT.
 
Posdata

El administrador general de Grandes Contribuyentes del SAT, Antonio Martínez Dagnino, está en el ojo de huracán por las relaciones personales y nepotismo que ha tejido dentro del organismo recaudador, en el que se mueve de forma independiente, sin enterarle todo a su jefa, Raquel Buenrostro. Además de las relaciones personales que ha construido con personas clave, como la secretaría particular de su jefa, María Hop, ha logrado incrustar a varios de sus conocidos en la estructura del SAT y en otras dependencias federales. Quien llegó al cargo ostentándose como un “joven maravilla” ha puesto en riesgo la buena operación que viene haciendo Buenrostro en la recaudación fiscal. Una papa caliente para el flamante secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O.
 

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