La hecatombe económica, ¿como anillo al dedo para AMLO?

Mario Maldonado

En la ideología lopezobradorista la hecatombe económica que enfrenta México le vino como anillo al dedo. Y es que a pesar de que muchas empresas van a quebrar y se van a perder cientos de miles de empleos, Andrés Manuel López Obrador ve esta coyuntura como la idónea para ahora sí dar por ‘abolido’ el modelo neoliberal e implantar uno nuevo.

Esta hipótesis es la única que puede explicar por qué, a contracorriente de lo que están haciendo los gobiernos el mundo, el presidente de México se mantiene apegado, sin moverse un ápice, a su proyecto político-económico pese a que las condiciones macroeconómicas y sociales han cambiado radicalmente.

El gobierno de México es de los que menos apoyos ha dado a su economía para evitar que quiebren miles de empresas y se pierdan quizá millones de empleos en el sector formal e informal. Según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), hasta principios de abril se habían inyectado estímulos equivalentes a 1.1% de su Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en otros países de América Latina, como Brasil, el gasto fue superior a 7%, y en Argentina de 2.4%. De los miembros de la OCDE, México ocupa el antepenúltimo lugar, sólo superado por India y Sudáfrica.

Pero el presidente ya les dijo a los pequeños, medianos y grandes empresarios del sector formal que se rasquen con sus uñas. Que si su empresa quiebra, que sean ellos los que asuman la responsabilidad junto con sus socios y accionistas, pero que no cuenten con él. Suena ilógico para un gobierno que se supone gobierna para todos, pero justamente esta premisa de dejar que “las cosas caigan por su mismo peso”, tiene que ver con el supuesto nuevo modelo económico que pretende instaurar, el cual se busca el surgimiento de una nueva clase empresarial, y que los que sobrevivan del “viejo sistema” se ajusten al nuevo orden, mucho más apegado al socialismo que al capitalismo.

Este sábado, AMLO se refirió a las proyecciones del FMI para la economía mexicana, las cuales anticipan una caída de 6% en 2020. Raro que el presidente use como fuente a un organismo que criticó hace apenas unos días por considerarlo neoliberal. Junto con ello anticipó que al cierre de mayo se habrían perdido al menos 500 mil empleos formales –Hacienda calculó que serían 670 mil, según las bases de datos del IMSS– y aseguró que el coronavirus precipitó la caída del modelo económico neoliberal. “No es la pandemia lo que tira la economía: ya estaba en crisis, estaba mal”, dijo a modo de justificación. Pero tiene razón: en el primer año de su gobierno, la economía nacional se estancó en -0.1% y la inversión privada cayó 4.9%, su mayor baja en 10 años. O sea que sí, ya en su gobierno las cosas iban mal desde el inicio.

Así, con la crisis a cuestas y el choque fulminante del coronavirus, AMLO, en lugar de reaccionar y dejar a un lado su discurso político, propuso cambiar la forma como se mide la economía. “En vez de crecimiento se debe hablar de desarrollo, y en vez de hablar del PIB, hablar de bienestar. En vez de lo material hay que pensar en lo espiritual”, dijo. Estos conceptos intangibles, que sostienen su discurso anticapitalista y de supuesta defensa de los pobres, forman parte también de lo que imagina debe ser el modelo posneoliberal que tanto añora, pero que quizá hoy sólo vive en su cabeza y en un deslavazado manifiesto de economía moral.

Durante la transición me di a la tarea de preguntar a integrantes del equipo de AMLO a qué se refería con la abolición del neoliberalismo –fue la palabra que mencionó más veces en su discurso de toma de protesta– y qué podíamos entender por posneoliberalismo, el ‘nuevo’ modelo económico que planeaba poner en marcha.

Dos de ellos me remitieron a Turquía, con escala en Cambridge, Massachussets. Me hablaron de los postulados del economista turco Dani Rodrik, catedrático de Harvard, quien había estado un par de veces en México con dos ideólogos de AMLO: Gerardo Esquivel y Rogelio Ramírez de la O, quienes hoy por cierto parecen tener serias diferencias con él sobre cómo está enfrentando (es un decir) la crisis económica.

Las fuentes me remitieron a un libro de Rodrik que a su parecer encajaba con el discurso de la toma de protesta y la narrativa de su campaña: se llama La Paradoja de la Globalización. En un artículo de noviembre de 2018 escribí más ampliamente sobre los planteamientos de Rodrik, por lo que aquí sólo voy a usar un par de referencias que quizá ayuden a entender decisiones como la de cancelar o modificar proyectos de inversión (Texcoco, Baja California, gasoductos, energías renovables, et al.) mediante consultas populares, su desprecio por ayudar a la clase media y los empresarios en medio de la crisis, y sobre todo cómo pretende salir políticamente ileso de la hecatombe económica que se aproxima.

En su libro, Rodrik expone que los mercados globales sufren una gobernanza débil y, por lo tanto, son propensos a la inestabilidad, la ineficiencia y a una débil legitimidad popular. “Si se busca tener más y mejores mercados, se debe tener más y mejor gobierno. Los mercados funcionan mejor no donde los estados son más débiles, sino donde son fuertes”.

En el entendido de que los mercados requieren instituciones de gobierno y reguladores para funcionar bien, Rodrik plantea un trilema político de la economía mundial: “No podemos perseguir simultáneamente la democracia, la autodeterminación nacional y la globalización económica. Así que tenemos que tomar algunas decisiones”. Y al parecer AMLO tomó la suya, aunque a mi parecer mal entendida y mal ejecutada: profundizar la democracia (de ahí el poder de las consultas públicas) y la autodeterminación del Estado (que tomará un rol preponderante en las decisiones de crecimiento, desarrollo y distribución del ingreso), sobre la integración económica internacional, las empresas, los mercados y el sector financiero.

Funcionario de salud bajo la lupa

En el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) trabajan funcionarios señalados por actos de corrupción que han saltado de un puesto a otro tras haber sido exhibidos.

Un caso puntual es el de José Luis Quintana Corona, quien se encuentra boletinado por la Secretaría de la Función Pública luego de que en enero pasado
salió precipitadamente de la Delegación Norte del IMSS Ciudad de México acusado por influyentismo, para instalarse como Coordinador de Abastecimiento y Equipamiento en el IMSS Puebla, donde fue señalado de llevar a cabo licitaciones a modo.

Por si fuera poco, a inicios de mayo nuevamente fue removido de su posición para ocupar la Jefatura de Servicios Administrativos en la Delegación Zacatecas, que encabeza Sandra Durán Vázquez. Se sabe que por lo pronto ya se inició una investigación patrimonial del funcionario.
 

@MarioMal
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