La extraña apuesta de los Amodio en OHL

Mario Maldonado

En México, la reputación de OHL está por los suelos

Los empresarios mexicanos Luis y Mauricio Amodio sabían que con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder, y de Claudia Sheinbaum a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, su constructora no iba a ganar nada. Los nexos de Caabsa con los gobiernos de Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera fueron muy estrechos, además de que en el caso del proyecto del Tren México-Toluca dejaron un tiradero.

Fue así que, luego de más de 12 meses de negociaciones, el año pasado amarraron una inversión en la española OHL, con el objetivo de convertirse en los principales accionistas de la constructora acusada de corrupción y puesta casi al nivel de la brasileña Odebrecht.

En mayo de 2020, los hermanos Amodio adquirieron 16% de las acciones de OHL, por 50.4 millones de euros, con la posibilidad de quedarse con otro 9%. La negociación se hizo con Juan Villar Mir, mandamás de la constructora española con quien negociaban directamente el exsecretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, y el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, los contratos de la empresa con el gobierno de Peña Nieto.

El objetivo de los hermanos Amodio era adquirir hasta 35% de la empresa de capital español; sobre todo porque las acciones de OHL en la Bolsa de Madrid se desplomaron 48% hasta 0.55 centavos, nivel en el que se mantienen. Esta semana se dio a conocer que los dueños de Grupo Caabsa se consolidaron como los accionistas de referencia de la constructora española, con 26% de su capital.

Los Amodio hicieron una reunión ayer, en un jardín privado de la Ciudad de México, para celebrar los 110 años de OHL, y de paso para anunciar que le cambiaron el nombre a OHLA. La última letra que se sumó es en referencia a sus nuevos accionistas principales: los Amodio.

El objetivo central de los empresarios mexicanos es recuperar los negocios de OHL en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica, donde las acusaciones por corrupción y los malos manejos del negocio casi la llevaron a la quiebra.

En México, la reputación de OHL está por los suelos. Vendieron toda la empresa encargada de las concesiones al fondo australiano IFM Investors antes de que entrara el gobierno de AMLO, y también le cambiaron de nombre a Aleatica.

Pese a todo, OHL México, ya con la influencia de los Amodio, ha participado en algunas licitaciones públicas del gobierno federal y en la Ciudad de México, sin éxito.

La propia Caabsa, empresa principal de los hermanos Amodio, tampoco ha tenido suerte con el nuevo gobierno: en los tres intentos por quedarse con algún tramo del Tren Maya, se fueron con las manos vacías.

El problema es que traen a cuestas la sombra del tramo del Tren México-Toluca que se les concesionó en el gobierno de Peña Nieto, que va del metro Observatorio a Santa Fe, el cual dejaron incompleto y lo cobraron. También arrastran una muy cercana relación con el exjefe de Gobierno y actual senador, Miguel Ángel Mancera, quien en los próximos días será señalado por la tragedia de la Línea 12 del Metro, la cual, según los dictámenes de los próximos peritajes, apunta a una falta de mantenimiento durante su administración.

Los Amodio aún tienen una de las joyas de la corona de su negocio inmobiliario: el centro comercial Santa Fe. Sin embargo, a sabiendas de que en tiempos de la 4T su constructora Caabsa no brillaría, decidieron apostar por OHL, una empresa cuya reputación será difícil de recuperar. Es una apuesta extraña que apunta al largo plazo, en el que aspiran regresar a México a ganar contratos multimillonarios, como en los viejos tiempos.

 

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