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El ridículo de Monreal y el silencio de Hacienda

Mario Maldonado

Ricardo Monreal cometió un error histórico que marcará su carrera política. El coordinador de los senadores de Morena se dejó envolver por uno de los empresarios más astutos y maquiavélicos del país, quien a través de sus cabilderos bien identificados en el Congreso le propuso una iniciativa para reformar la Ley del Banco de México (Banxico), una institución cuasi sagrada cuya autonomía se comprometió a respetar el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Al presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado le faltó lo que tanto presume: oficio y olfato político para entender los alcances de la iniciativa, cuyo enfoque en las poquísimas remesas que llegan en efectivo al país (menos de 1% del total), vía los migrantes mexicanos, estaba errado desde el principio y no se logró sostener. En pocas palabras, Monreal propuso poner en riesgo unos 194 mil millones de dólares de reservas internacionales depositadas en el Banco de México por algo así como 10 millones de dólares que Banco Azteca, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, no logra repatriar a Estados Unidos –porque se quedó sin corresponsal bancario– ni colocar entre sus clientes y socios.

Una vez que Ricardo Monreal comenzó a entender el efecto que generaría la iniciativa en el sistema financiero y el riesgo en el que se pondría a las reservas internacionales del país, escondió la cabeza y envió a su correligionario Alejandro Armenta a defender la ominosa reforma en los medios de comunicación. “Miente el gobernador o subgobernador”, repetía en todos los noticieros el morenista, quien se ostenta como presidente de la Comisión Hacienda y Crédito Público del Senado, pero cuyo entendimiento del sistema financiero quedó más que en entredicho con su defensa de la iniciativa, basada en buena medida en su origen poblano. “Yo sé, como Ricardo (zacatecano), lo que sufren nuestros paisanos al cambiar sus dólares en efectivo”, alegaba.

A pesar de que ayer Ricardo Monreal asumió por completo la autoría de la iniciativa, fuentes de Palacio Nacional aseguran que se consultó previamente con el presidente López Obrador y resultó música para sus oídos: apoyar a los migrantes en el intercambio de dólares en efectivo y, al mismo tiempo, beneficiar a uno de los principales receptores de remesas y dispersores de recursos de sus programas sociales (Banco Azteca).

Sin embargo, la bomba les explotó en la cara. Ningún organismo financiero ni empresarial vio con buenos ojos la iniciativa. Al contrario, tanto instituciones nacionales como extranjeras alertaron del altísimo riesgo de que las reservas internacionales se contaminaran con divisas producto de actividades ilícitas. Tres integrantes de la Junta de Gobierno de Banxico (dos de ellos propuestos por AMLO: Gerardo Esquivel y Jonathan Heath) salieron a defender a capa y espada la autonomía del banco central, mientras que calificadoras de riesgo como Moody’s anticiparon una degradación de México.

La Asociación de Bancos de México, encabezada por Luis Niño de Rivera, se tardó en pronunciarse en contra, por lo que los bancos a título personal fueron deslindándose y criticaron la iniciativa. El presidente de la asociación es miembro del Consejo de Administración de Banco Azteca, lo que ya generó grietas dentro de la ABM.

Caso aparte es el de la Secretaría de Hacienda. Resulta asombroso que la dependencia encabezada por Arturo Herrera haya guardado silencio hasta ayer, que se acordó posponer la discusión de la reforma para el primer bimestre de 2021. Esto, a pesar de que el 9 de diciembre llegó una comunicación del Departamento del Tesoro de Estados Unidos alertando sobre el riesgo de lavado de dinero y financiamiento al terrorismo en el que se incurriría si se abre la puerta a los dólares en efectivo en el Banco de México.

Demasiado tarde Herrera y su subsecretario Gabriel Yorio, así como el titular de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, Juan Pablo Graf, salieron a pronunciarse con un tibio “nos parece que han tomado la medida adecuada al dar espacio para tener una discusión más técnica y profunda”.

La respuesta contrasta con aquel posicionamiento del exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, de noviembre de 2018, cuando aseguró que, ante cualquier intento legislativo o incluso presidencial, “las reservas (internacionales) no se tocan”.
En fin, luego de la vapuleada que se llevó Ricardo Monreal –padre de esta y otras iniciativas radicales, como reducir a mínimos las comisiones bancarias y regular las tasas de interés–, la intención de meterse con las reservas de Banxico se disolverá y acabará en una reforma light.

Como sea, el descrédito para Monreal, AMLO, la 4T y para México ya es irreversible.
 

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