El gabinete presidencial está hecho un polvorín. A mitad de la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador los ánimos entre los funcionarios clave del gobierno federal están más que caldeados, en parte por la sucesión adelantada hacia 2024 y también por el control de las relaciones con los otros Poderes de la Unión.

El nuevo relevo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) ha atizado las pugnas internas entre los funcionarios de la 4T, pues define los movimientos y prioridades de las oficinas recaudadoras y de procuración de justicia del gobierno. Esto justo cuando el Presidente sigue en el proceso de aceitado de su nuevo aparato de operación política, y cuando se ha marcado una distancia de los ministros que llegaron al cargo por su recomendación.

En más o menos seis semanas, el titular del Ejecutivo deberá enviar a la Cámara de Senadores una terna de perfiles para sustituir a José Fernando Franco , quien termina el periodo de 15 años que inició en diciembre de 2006. El elegido para ocupar su espacio será el cuarto ministro que se postule en la presente administración y el que equilibre las fuerzas con los que se heredaron de los sexenios de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón .

Las versiones de que será una mujer quien arribe como nueva ministra al recinto de Pino Suárez empiezan a ser cada vez más débiles y cuestionadas, por lo que una vez más podrían quedarse en el camino la actual integrante del Consejo de la Judicatura, Loretta Ortiz , y la excandidata de Morena al gobierno del estado de Querétaro, la exmagistrada Celia Maya . Ambas suman ya dos intentos por alcanzar el encargo.

En su lugar suenan los nombres del Procurador Fiscal de la Federación, Carlos Romero Aranda , y del titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto Castillo , quienes estarían en una carrera en la que también participa, desde un engañoso exilio, el exconsejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra . Se tiene claro en Palacio Nacional, y con el aval de la propia Corte, que este último personaje no tiene impedimento alguno para colgarse la toga de ministro.

Romero Aranda se mueve y cabildea por la posición, mientras Santiago Nieto se debate entre seguir el canto de las sirenas de la Corte o mantenerse en el área de procuración de justicia; Scherer, aunque aseguró que se enfocará en retomar sus actividades como litigante, ha expresado a sus cercanos que sí está interesado en regresar como funcionario del Estado; en esta ocasión, quizá como integrante del máximo órgano del Poder Judicial.

La puerta se abre para estos personajes tras las malas experiencias que ha tenido López Obrador con los ministros que él mismo encumbró. Margarita Ríos - Farjat , Yasmín Esquivel Mossa y Juan Luis González Alcántara han dado en ocasiones la espalda a un Presidente que en sus primeros tres años de gobierno demostró que, si bien en el discurso es un defensor de la división de poderes, en los hechos le incomoda.

Ríos-Farjat desairó una invitación para platicar en petit comité con el Ejecutivo federal y, aunque González Alcántara y Esquivel Mossa acuden a esas reuniones, al tomar decisiones judiciales olvidan lo que seguramente les recomiendan en ellas, como lo hizo Yasmín cuando resolvió que el SAT debe devolver mil millones de impuestos cobrados indebidamente a la hermana de Emilio “El Tigre” Azcárraga.

El ministro González, por su parte, se ha embarcado en redacciones polémicas como la que estableció que el gobernador de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca , sería llevado ante la justicia hasta que culmine su periodo de gobierno y, más recientemente, se ha encargado de proponer a los ministros de la Segunda Sala la posibilidad de invalidar las reformas legales que permitieron al Insabi comprar medicamentos en el extranjero y sin licitación.

En este contexto, López Obrador lanza al ruedo de las negociaciones y cabildeos a su empoderado titular de Segob, Adán Augusto López , cuya experiencia se centra en el ámbito político, pero, hasta donde se tiene conocimiento, no el ámbito judicial.

En el nombramiento del nuevo ministro o ministra de la Corte está en juego el reacomodo del gabinete presidencial.

@MarioMal
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