El plan Lozoya, como show de Netflix

Mario Maldonado

Emilio Lozoya llegó a México entre suspicacias sobre las declaraciones que hará ante las autoridades y los resbalones del gobierno, el cual, para iniciar lo que se ha considerado un show, filtró fotos que no eran del exdirector de Pemex y trastabilló sobre su eventual ingreso al Reclusorio Norte, que no ha sucedido.

Lozoya Austin, emblema de la corrupción del sexenio de Enrique Peña Nieto, duerme cómodamente hospedado en un hospital de lujo para recuperarse de la repentina anemia que contrajo al cruzar el Océano Atlántico en un avión privado.

La FGR lo ha tratado con extrema cortesía, porque ofrece un plan irresistible: incriminar a todos los personajes incómodos para la actual administración. Si bien los pormenores de la estrategia de Lozoya no se conocen del todo, a través de filtraciones de sus asesores legales y de familiares cercanos, se sabe que “el plan Lozoya” tiene tres pilares.

El primero es lavarse las manos, tratando de justificar el origen de los pagos que sí recibió; el segundo es vengarse de quien más odia, culpándolo de todas sus conductas ilícitas; y el tercero busca involucrar a todos los adversarios políticos de la 4T que encuentre, para ofrecer a la Fiscalía de Alejandro Gertz Manero una bomba política irresistible. Es un plan audaz, de muy alto riesgo, que puede fallar.

Primera parte: lavarse las manos

El primer reto que enfrenta Lozoya es explicar los pagos de millones de dólares que recibió en sus cuentas por parte de AHMSA y Odebrecht, y con los que adquirió sus conocidas residencias de lujo en Lomas de Bezares y en las playas de Zihuatanejo (involucrando de paso a su madre, a su hermana y a su esposa).

La explicación será sorprendentemente simple: dirá que los pagos que recibió eran en realidad honorarios por asesorías que prestó a ambas empresas, y no sobornos. En el caso de AHMSA de su cercano amigo Alonso Ancira, argumentará que recibió 2 millones y medio de dólares por una asesoría entre septiembre y noviembre de 2012, respecto a una obra de ingeniería urbana. Es decir que en pleno periodo de transición en 2012 y a unas cuantas semanas de ser nombrado director de Pemex, asesoró por tres meses a AHMSA y recibió un honorario millonario, con el que después se compró una mansión de playa.

¿Y el dinero que recibió de Odebrecht? Misma historia: Lozoya argumentará que prestó servicios de asesoría profesional a la empresa brasileña, por los cuales habría cobrado honorarios en millones de dólares y que le fueron también pagados en pleno 2012. Con ese dinero se compró la casa de Lomas de Bezares, en la Ciudad de México.

La historia suena inverosímil, pero lo relevante es que cumple una función en el plan: tratar de darle una salida jurídica al incómodo tema de sus mansiones, para poder entonces entrar al siguiente paso, que es inculpar a su exjefe, Enrique Peña Nieto, y especialmente a quien fuera su archienemigo en el gobierno peñista, Luis Videgaray, de todo lo demás.

Segunda parte: la venganza

Una vez ‘explicado’ el tema de las casas, Lozoya procederá a tratar de vengarse de Videgaray. Esta etapa del plan requiere que admita que, además de sus supuestos ‘honorarios’, también recibió sobornos de Odebrecht y AHMSA, pero aclarando que no eran para él. Es decir que el plan Lozoya requiere que Lozoya se declare culpable, pero sólo un poquito. Admitirá haber recibido pagos ilícitos de AHMSA y Odebrecht mediante transferencias de dinero a sus empresas, pero culpará a otros de haber sido los beneficiados. Conforme al diseño del plan, todo es responsabilidad de Peña Nieto y Videgaray. Lozoya era sólo un humilde mensajero y obediente peón de su jefe el expresidente y del otrora poderoso secretario.

Sin embargo, una de las mayores debilidades del plan Lozoya es precisamente su obsesión por afirmar que todo lo hacía por instrucciones del secretario de Hacienda, Luis Videgaray. El argumento tiene deficiencias jurídicas y políticas, y es el hilo más delgado del plan. En lo jurídico, la debilidad viene por el lado de que el secretario de Hacienda no es el jefe del director de Pemex, ni preside su consejo de administración. El secretario de Hacienda no tiene facultades para ordenar al director, y el director no tiene obligación de hacer caso al secretario.

En lo político, el argumento también podría ser débil, pues es ampliamente conocido que la relación entre Lozoya y Videgaray era muy mala, y pasaron el sexenio peleando. Sus diferencias se hicieron evidentes desde que Lozoya se metió a cabildear temas con los que Videgaray no estaba de acuerdo en la reforma energética en 2013, y el conflicto se volvió mayúsculo cuando Lozoya desacató los recortes presupuestales ordenados por el consejo de administración, resultando en una crisis de cuentas por pagar y falta de liquidez en Pemex.
La tensión llegó a tal punto que, desde principios de 2015, Videgaray sugirió a Peña sustituir a Lozoya, hasta que Peña se convenció de hacerlo, cuando Pemex ya estaba al borde de una grave crisis de liquidez.

El odio de Lozoya hacia Videgaray es intenso, y de ahí su sed de venganza. Al convencer a Peña de pedirle su renuncia, lo dejó sin posibilidades de seguir haciendo negocios.

Tercera parte: la bomba

Lozoya sabe que es un hombre de poca credibilidad, y su futuro –y el de su madre, su hermana y su esposa– dependen de lograr ofrecer algo políticamente irresistible. No basta con su palabra. Incluso, las pruebas que aporte serán cuestionadas por la fiscalía y por el Poder Judicial. Necesita entonces generar incentivos políticos que inclinen la balanza a su favor. Necesita una bomba política.

Para asegurarse de que el gobierno tenga un caso contundente para mostrar a la opinión pública, el plan Lozoya pretende contar una historia perfecta para la coyuntura política actual: si el villano favorito de la 4T es Felipe Calderón, su aliado incondicional Ernesto Cordero aparecerá como acusado de una conspiración para recibir dinero de Odebrecht para financiar su precampaña en 2011. Ya como senador, aparecerá señalado por conducir la operación política para la aprobación de la reforma energética y teniendo como cómplices a senadores del PAN como Salvador Vega José Luis Lavalle. Si el enemigo a vencer en 2021 es el PAN, el plan Lozoya incluirá en la trama a su exdirigente y candidato a la presidencia, Ricardo Anaya, así como a los hoy gobernadores y exsenadores Francisco Domínguez, de Querétaro, y Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas. Y hay más: el plan Lozoya podría tener actores importantes que pudieran también ser atractivos para la 4T. Es el caso de David Penchyna, actor clave en la reforma energética o su coordinador en el Senado, Emilio Gamboa. De manera más relevante, puede echar mano de José Antonio Meade, excandidato a la Presidencia por el PRI en 2018, quien, apoyado por su cómplice y amigo, José Antonio González Anaya, no sólo influyeron en el sexenio peñista, sino fueron actores decisivos en la trama de Odebrecht respecto de la planta de Etileno XXI que generó tanta controversia desde tiempos calderonistas y que forma parte del plan Lozoya para salir airoso de las acusaciones en su contra.

Incluso, si se quiere dar una apariencia de equilibrio, Lozoya puede aportar proyectiles contra el morenista gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, por haber recibido favores de Pemex cuando fue senador, o contra el recién renunciado extitular de la SCT, Javier Jiménez Espriú, cuya familia es socia de Odebrecht en la planta Etileno XXI. Tal vez ello explica su inesperada renuncia.

En resumen, el plan Lozoya ofrece una bomba seductora que potencialmente acusa ni más ni menos que a cuatro exsecretarios de Hacienda y en su trama pasa por los principales adversarios del actual gobierno. ¿Morderá la 4T el anzuelo? Hasta ahora parece que ya lo mordió. Pero todo dependerá de las supuestas pruebas que afirma tener Lozoya (videos, acuses de recibo), y que serán minuciosamente valoradas por la autoridad investigadora.

Posdata

Lozoya está de regreso en México y trae su plan bajo el brazo. Es un plan armado para irse directo a los guionistas de una serie de Netflix, y es una bomba política que ayudará a la 4T en las elecciones del próximo año. Sin embargo, el rumbo que tome el caso depende ya de la fiscalía, que será quien decida si le compra a Emilio Lozoya su plan, en todo, o por lo menos en parte. En cualquier caso, la fiscalía sabe que el éxito del plan depende de que cada palabra de Lozoya sea verdad, y pueda ser probada. Ese es el tamaño del riesgo: si el Plan Lozoya no funciona ante el Poder Judicial, la 4T habría comprado uno de sus mayores fracasos.

Cárdenas Batel, carta para SCT

El coordinador de Asesores de la Presidencia de la República, Lázaro Cárdenas Batel, se perfila como el nuevo titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. El domingo, el presidente López Obrador le pidió que estuviera listo por si entre el lunes y hoy no lograba convencer a Javier Jiménez Espriú de que la Secretaría de Marina no operará temas administrativos en todas las APIs del país, solamente en las de Altamira, Veracruz, Manzanillo y Lázaro Cárdenas, donde se supone hay más corrupción y contrabando.

Aclaración

Nos detallan que el análisis que el excomisionado de Seguridad Nacional, Renato Sales, realizó sobre la operación del crimen organizado en el puerto de Manzanillo, y que se presentó a mediados de 2019 a funcionarios de la Administración General de Aduanas, no fue encargado por la entonces titular del Servicio de Administración Tributaria, Margarita Ríos-Farjat, quien actualmente se desempeña como ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Lo cierto es que la información que aportó el ahora consultor en materia de seguridad ha sido de gran utilidad para identificar los puntos vulnerables del puerto colimense; al grado de que, en su momento, se habló incluso del arribo de Sales Heredia a las propias filas del SAT.

 
@MarioMal
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