El crudo invierno de Luis Videgaray

Mario Maldonado

El invierno en Boston, Massachusetts, es crudo. La temperatura suele bajar a 0 grados en diciembre y hasta -15 grados en enero y febrero. En esta ciudad estadounidense vive el otrora todopoderoso secretario Luis Videgaray desde mediados del año pasado, cuando fue contratado como profesor titular y conferencista en la Escuela de Negocios Sloan y director del Proyecto de Políticas de Inteligencia Artificial del MIT.

La ciudad de arquitectura victoriana no es ajena para el excanciller mexicano. A finales de los 90 vivió allí durante dos años en los que cursó el doctorado en economía en el MIT, impulsado por su mentor, el también exsecretario de Hacienda, Pedro Aspe. A sólo 10 minutos del MIT está otra de las universidades más prestigiadas del mundo, Harvard, de donde es egresado otro pupilo de Aspe, examigo de Videgaray y su actual némesis: Emilio Lozoya Austin, el exdirector general de Pemex con quien compartió gabinete en la primera mitad del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Además del frío y la lluvia de Boston, el crudo invierno que ya comenzó a vivir Videgaray tiene que ver con una serie de acusaciones que Lozoya Austin hizo ante la Fiscalía General de la República (FGR) contra el exsecretario de Hacienda y del propio expresidente Peña Nieto, de quien decía ser uno de sus principales amigos.

Lozoya acusó a Videgaray y Peña Nieto de haber sido los responsables directos de recibir y gestionar 100 millones de pesos en sobornos de la constructora brasileña Odebrecht para financiar la campaña electoral del PRI en 2012. Asimismo, los señala por otros 120 millones de pesos que habrían sido destinados a comprar votos de legisladores para la aprobación de la reforma energética.

En respuesta, Videgaray calificó de absurdas e inconsistentes las acusaciones del exdirector de Pemex y aseguró que mintió en sus declaraciones ante la Fiscalía que encabeza Alejandro Gertz Manero para intentar librar las consecuencias de sus actos. Agregó que aunque decidió alejarse de la vida política del país y mantenerse al margen sobre el caso Lozoya, no permitirá que por una ‘venganza política’ sea difamado.

“Estoy listo siempre para atender el llamado de la autoridad competente, y contribuir así al esclarecimiento de la verdad”, dijo Videgaray.

Y el llamado de la autoridad llegó en un intento de girarle una orden de aprehensión. El martes, la Fiscalía General de la República informó que solicitó la captura de Videgaray por presuntamente operar el financiamiento ilegal de Odebrecht a campañas políticas en México, así como por los delitos de cohecho y traición a la patria. La solicitud no ha sido aceptada.

Las acusaciones están basadas en las denuncias de Lozoya ante la FGR, las cuales, a decir de los propios exdirectivos de Odebrecht que sobornaron al exdirector de Pemex, no se apegan a la realidad. El exdirector de la constructora brasileña en México, Luis Meneses Weyll, incluso retó al gobierno mexicano a que lo llamen a declarar para confirmar las denuncias hechas en las cortes de Brasil y Estados Unidos, algo que se debió haber hecho desde la administración pasada y que la FGR también ha pasado por alto.

Según fuentes del Poder Judicial, en dos ocasiones se rechazó la solicitud de orden de aprehensión contra Videgaray por falta de elementos, e incluso el exsecretario de Hacienda tenía conocimiento de ello.

Ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador exhortó a Videgaray a venir a México a declarar, bajo el argumento del “que nada debe, nada teme”. Es imposible que ahora que se ventilaron las acusaciones contra el hombre fuerte de Enrique Peña Nieto, este ponga un pie en territorio nacional.

Se asegura que permanecerá en Estados Unidos, aunque ahora más expuesto con la próxima salida de su amigo Jared Kushner, yerno de Donald Trump, de la Casa Blanca.

El invierno de Videgaray llegó casi desde que se instaló en Boston. Según uno de sus amigos, tras haber tenido todo el poder, la soledad de su oficina del MIT le ha afectado. Llegó a Cambridge distanciado de la madre de sus tres hijos y con el fantasma de la corrupción del sexenio pasado a cuestas. Durante su estancia en el MIT ha tenido que lidiar con exalumnos que piden su salida de la universidad, y también con las críticas de su mentor, Pedro Aspe, a quien sólo se ha acercado una vez tras un problema de salud. Ahora que Kushner va de salida del gobierno, el invierno se siente más fuerte y más crudo para el otrora supersecretario.

Displicencia entre auditores

En la Auditoría Superior de la Federación se niegan a recibir al Auditor Superior del Estado de Puebla, Francisco Romero Serrano, quien desde hace una semanas insiste en sostener una reunión con David Colmenares para resolver unos asuntos relacionados con el manejo de recursos en el Ayuntamiento de la capital poblana.

Resulta que existen sospechas de que la administración municipal de Claudia Rivera Vivanco está favoreciendo con contratos millonarios a empresas ligadas al propio Romero Serrano, a cambio de que las cuentas públicas de la alcaldesa morenista se aprueben sin que se identifique algún tipo de irregularidad.

Se tiene ya un caso documentado de contrataciones por 8.2 millones de pesos del Ayuntamiento angelopolitano para instrumentar el programa sanitario Sentirse Bien, un negocio en el que intervino directamente Luz Aida Deloya Cobian, secretaria Particular del Titular de la ASE Puebla, incluso para configurar y enviar las cotizaciones para servicios de desinfección, pruebas de laboratorio y cabinas para atención médica.

El escenario se observa complicado para el auditor poblano, luego de que en diversas comunicaciones que su secretaria tuvo sobre el tema con personal de la ASE se identifica a estas operaciones como un “negocio del jefe”. Adicionalmente, por tratarse de un programa de servicios de salud, los recursos seguramente forman parte del rubro que deberá auditar la instancia federal.
 

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