Cambios en el gabinete: Herrera gana; Romo, última llamada

Mario Maldonado

Adalberto Palma tenía meses queriendo renunciar a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), porque simplemente no se hallaba en el organismo regulador, y porque la desbandada de funcionarios de alto nivel, derivado de las políticas de austeridad y la imposibilidad de trabajar en el sector privado al menos una década después, complicaron su gestión. 

Su amigo Alfonso Romo lo disuadió todas las veces. El jefe de la Oficina de la Presidencia le decía lo mismo que a su amiga Margarita Ríos-Farjat cuando ella le manifestaba su deseo de dejar el Servicio de Administración Tributaria. “Es tu decisión, pero el cargo es uno de las más relevantes. Aprovéchalo”. Y a los empresarios les decía: “No la dejen ir”. 

Sin embargo, la trágica muerte de su hermano Fernando Palma, ex diputado del PAN, el fin de semana en el pueblo de Santo Tomás Ajusco, marcó el punto final para Adalberto al frente de la CNBV. Y Romo no tuvo más que aceptar su renuncia.  

Sin embargo, el “jefe del gabinete” lo promovió para ocupar un cargo relevante dentro de la Oficina de la Presidencia, aunque de mucho más bajo perfil. Adalberto Palma de por sí odia los reflectores, al igual que el exsecretario de Hacienda, Carlos Urzúa, quien terminó renunciando al gabinete precisamente por la ‘intromisión’ de Romo en la designación de perfiles en la banca de desarrollo, el SAT y la CNBV. 

Junto con la renuncia de Adalberto Palma se anunció también la de Eugenio Nájera a Nacional Financiera, la institución que ni siquiera terminó de fusionarse con Bancomext. 

Nájera, uno de los mejores amigos de Romo, también tenía meses queriendo dejar la banca de desarrollo, entre otras razones porque tampoco se hallaba: no tenía el perfil financiero que se requiere para operar un banco, pues su formación es empresarial y su especialidad es la ingeniería mecánica. 

Adalberto Palma tampoco cumplía el perfil para encabezar a la CNBV, a pesar de haber estar relacionado con el sector bancario y en el IPAB en años pasados. Es ingeniero bioquímico del Tecnológico de Monterrey y tiene una maestría en Economía de Alimentos. 

Nájera, sin embargo, tendrá un puesto más visible dentro de la Oficina de la Presidencia, donde aterrizará tras salida de la banca de desarrollo. Será la mano derecha de Romo, pues fungirá como subjefe de la Oficina por la que aún pasan los empresarios para poder tener audiencia con Andrés Manuel López Obrador.

Nájera ocupará el lugar de Carlos Noriega, quien se encargará ahora de completar la fusión entre Nafin y Bancomext; y sobre todo de echar a andar la banca de desarrollo, pues ha sido un sector que no funcionado bien en lo que va de la administración. 

Carlos Noriega tampoco tiene experiencia en el sector bancario. Su último cargo en la administración pública fue en el sexenio de Enrique Peña Nieto, como director de Administración y Gestión Inmobiliaria del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, el operador del proyecto del aeropuerto de Texcoco que nunca vio la luz. 

Alfonso Romo se jugó una de sus últimas fichas con Noriega, al promoverlo como el nuevo director de Nafin y Bancomext, pues luego de la salida de Ríos-Farjat del SAT para ocupar un lugar en la Corte, y de la renuncia de Adalberto Palma a la CNBV, con lo que el regulador regresó al control de Hacienda tras el nombramiento de Juan Pablo Graf, se ha ido quedando con puestos de mucho menor relevancia, simplemente porque no han dado resultados. 

De esta manera, Arturo Herrera comienza a tomar poder en terrenos que tradicionalmente han sido del dominio de Hacienda, pero que curiosamente este sexenio habían sido controlados por el jefe de la Oficina de la Presidencia. 

Juan Pablo Graf fue fichado por Herrera y Gabriel Yorio este sexenio para encabezar la Unidad de Banca, Valores y Ahorro de Hacienda. Sus responsabilidades incluían, precisamente, la coordinación con las autoridades financieras en las áreas de regulación, supervisión y formulación de políticas para los sectores financieros bancarios, de valores y no bancarios. 

Graf viene del Banco de México, donde trabajó casi 18 años en el área de análisis del sistema financiero. Entre sus responsabilidades estaban el análisis de riesgos y la formulación de políticas en relación con el sistema financiero mexicano. Desde ese puesto participó en la implementación de Basilea III en México y representó a Banxico en el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea y el Consejo de Estabilidad Financiera. Estas dos últimas funciones, en las que el titular de la CNBV debe estar presente, habían sido olvidadas por Adalberto Palma.

En el gabinete hacendario la única manzana en discordia es Raquel Buenrostro, la nueva jefa del SAT, quien no tiene la mejor relación con Herrera (ni con nadie que no sea el Presidente), pero sí un poder absoluto para hacer y deshacer, y seguir teniendo cierta injerencia en las compras de gobierno a través de la flamante Oficial Mayor, Thalía Lagunas. 

Así, los cambios en el gabinete económico-financiero de la 4T apuntan a un fortalecimiento de Hacienda en el manejo de la política económica y las próximas reformas al sistema financiero y fiscal; esto, en medio del estancamiento y la crisis que lleva meses tocando la puerta de la 4T. 

A diferencia de su antecesor, Carlos Urzúa, Herrera es un funcionario más político: hace equipo y busca soluciones en lugar de engancharse y mandar todo al carajo.  

Su equipo, por ahora, es Alfonso Romo, el todavía enlace del Presidente con los empresarios. La misión de corto plazo es sacar un plan de inversión en el sector energético que convenza a los inversionistas globales, a los empresarios nacionales y a las calificadoras. Es la última llamada. Si ese objetivo no se cumple, todo puede pasar: la renuncia de los moderados, una mayor pérdida de confianza y, ahora sí, una crisis económica. 
 

Sin comedores en el Metro

Vaya lío se le viene a la titular del Sistema de Transporte Colectivo Metro, Florencia Serranía, pues el lunes pasado el sindicato emitió un comunicado interno para dar a conocer que los comedores permanecerán cerrados hasta el 8 de marzo, luego de que terminó el contrato con la empresa Escore Alimentos, la cual fue inhabilitada en diciembre pasado por dos años y medio. Sin embargo, las autoridades alegan que la razón es que se “dará mantenimiento y servicio de desinfección, además de que llegarán equipos nuevos…”, situación que fue rechazada por los trabajadores. 

Fue el mes pasado cuando las autoridades del Metro lanzaron la Licitación Pública Nacional número 30102015-001-2020 para proveer el servicio completo de alimentos, proceso que contemplaba el periodo del 1 de marzo al 31 de diciembre de 2020, pero el concurso se declaró desierto, a pesar de que participaron seis empresas que fueron descalificadas, entre ellas la recién inhabilitada por la Función Pública, Escore Alimentos, que el año pasado se llevó en el mismo organismo alrededor de 33 millones de pesos.
 

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