La salida de Manuel Romo de la dirección general de Banamex es la confirmación de que el control del banco ya cambió. A partir del 1 de junio dejará el cargo tras siete años y será sustituido por Edgardo del Rincón. El ajuste se anticipaba en el sector financiero desde días atrás y, de acuerdo con fuentes cercanas, responde a un desgaste en la relación con Fernando Chico Pardo, el principal accionista y presidente de la institución.

La llegada de Chico Pardo no se limitó a la compra de 25% del grupo financiero a finales de 2025. Desde entonces asumió un papel activo en decisiones clave, particularmente en nombramientos y en la conducción operativa. La salida de Romo es el primer ajuste visible de ese reacomodo.

Y no es el único. En las áreas de afores y seguros también hubo salidas de equipos completos meses atrás sin que se hayan formalizado sustituciones. Esos espacios sin definición reflejan que la transición no está cerrada y que varias decisiones se concentran en un núcleo reducido, donde la influencia del nuevo accionista líder es determinante.

Edgardo del Rincón es un perfil formado en Banamex, con más de tres décadas en la institución y trayectoria en la banca de consumo. Su ascenso a la dirección general será para operar el banco bajo los lineamientos de Chico Pardo. Su perfil no será el de un CEO con agenda propia, sino el de un ejecutor que no confronta al nuevo centro de poder.

Ese centro de poder es Fernando Chico Pardo, quien además de adquirir una participación relevante, se convirtió en el articulador del nuevo Banamex. El también presidente de Asur fue pieza clave en la integración del segundo bloque accionario, donde entraron General Atlantic, Blackstone, BTG Pactual, Liberty Strategic Capital, Chubb, Afore Sura y Qatar Investment Authority. Ninguno de ellos tiene control individual. Todos están por debajo de 5%.

Ese rol lo vuelve más que un socio mayoritario: es el interlocutor con el resto de los inversionistas. También es quien garantiza que el proceso avance sin sobresaltos políticos ni regulatorios.

La realidad es que el banco no se “mexicanizó” en los términos en que se ha querido presentar. El capital que acompaña a Banamex es mayoritariamente internacional. Hay fondos globales, una aseguradora con intereses directos en el negocio, un fondo ligado al entorno político de Washington y un inversionista soberano de Medio Oriente.

Incluso el propio Chico Pardo ha construido su trayectoria con estructuras que incluyen capital extranjero. Promecap, su vehículo de inversión, ha levantado recursos de fondos internacionales y ha operado con esquemas de coinversión global. Su presencia no implica que el banco opere bajo una lógica estrictamente nacional.

Con Liberty Strategic Capital introdujo a Steven Mnuchin, exsecretario del Tesoro de Estados Unidos. Y Chubb no es un inversionista nuevo, pues ha sido su socio histórico en seguros. Y el Qatar Investment Authority coloca a Banamex en el radar del capital soberano de Medio Oriente.

Citi eligió ese modelo para acelerar su salida. La venta inicial se hizo con descuento frente al valor en libros y con impacto contable relevante. A cambio obtuvo gobernabilidad y un proceso ordenado. La desincorporación total del banco del balance de Citi se proyecta hacia 2027 y la oferta pública vendrá después, si las condiciones de mercado lo permiten.

En ese contexto, la salida de Manuel Romo tiene muchas lecturas. Banamex dejó de ser el banco de Citi, sí, pero tampoco es el banco mexicano que se ha querido vender. Es un vehículo en transición, con capital global y con un eje en la figura de Chico Pardo.

Por ahora, los movimientos internos apuntan a una estructura concentrada, con pocos contrapesos y con decisiones que responden más a la lógica de control que a una estrategia de largo plazo. El desenlace se verá cuando el banco llegue al mercado público. Por ahora, Chico Pardo hace y deshace en la institución.

Posdata 1

Es verdad lo que ha trascendido sobre la posible salida de Roberto Lazzeri de Nafin-Bancomext para encabezar la representación de México en Estados Unidos como nuevo embajador. El movimiento se viene construyendo desde hace meses dentro del equipo económico del gobierno y hoy está en fase avanzada, a la espera de que se formalice la decisión y, eventualmente, se envíe el nombramiento al Senado.

Tras su paso por la jefatura de oficina de Rogelio Ramírez de la O y posteriormente de Édgar Amador en Hacienda, Lazzeri tenía como objetivo personal y profesional migrar a Estados Unidos, país de origen de su pareja y donde cursó parte de su formación académica. La presidenta Claudia Sheinbaum lo convenció de permanecer en el gobierno al inicio del sexenio, ofreciéndole encabezar la banca de desarrollo con la idea de que más adelante podría concretar ese traslado. Ese momento estaría por llegar.

El eventual relevo también responde al desgaste de la actual representación diplomática. En el gobierno se reconoce, en privado, que la gestión de Esteban Moctezuma ha sido de bajo perfil en un momento en el que la relación bilateral exige mayor capacidad de interlocución política y económica, sobre todo frente a temas como la revisión del T-MEC, las presiones regulatorias sobre el sistema financiero y la agenda de seguridad.

Lazzeri, impulsado por Ramírez de la O y con buena interlocución con funcionarios del Tesoro estadounidense, ha construido un perfil técnico que hoy resulta funcional para esa etapa. Su cercanía con equipos económicos en Washington, incluidos actores que han regresado al entorno de influencia del expresidente Donald Trump, es vista como un activo en un contexto donde la relación México–Estados Unidos se procesa cada vez más desde lo financiero y lo regulatorio que desde la diplomacia tradicional.

Posdata 2

La caída de 20% en la utilidad del negocio de seguros de Banorte fue el reflejo directo de la decisión fiscal que obligó a las aseguradoras a absorber parte del IVA para no perder clientes en un mercado altamente competido. El grupo financiero reconoció que prefirió “tragarse” ese costo antes que trasladarlo completamente.

El problema es que ese ajuste ocurre en un sector donde los márgenes ya eran estrechos. La competencia “feroz”, como la describió la propia institución, deja poco espacio para absorber impactos adicionales sin deteriorar la operación. El estancamiento de la utilidad general del banco en el primer trimestre del 2026, a niveles cercanos al 1%, tuvo que ver con eso.

Posdata 3

La disputa por la dirigencia nacional de Morena ya empezó a exhibir fricciones. Alfonso Durazo quería jugar en esa cancha, pero su desgaste en Sonora no se lo permitió. Aun así, será pieza clave en el Consejo Nacional que definirá a la nueva dirigencia. Opera como articulador de votos para empujar a Ariadna Montiel, una candidatura que genera choques dentro de distintos grupos del partido.

Montiel no es una carta de consenso. Su cercanía con el aparato de programas sociales la hace competitiva, pero también concentra críticas por el control político que implica esa estructura. Ahí es donde entra Durazo como operador que puede inclinar la balanza en un proceso donde la unanimidad está lejos de construirse.

Por su parte, Luisa María Alcalde terminó por aceptar su salida hacia el gabinete de Claudia Sheinbaum, luego de matizar públicamente su postura. Pasó de la duda a la confirmación en cuestión de horas. En su entorno se leyó como una salida anticipada frente a la permanencia de Andrés Manuel López Beltrán, con quien mantiene diferencias conocidas.

La incógnita es justamente “Andy”. Su permanencia en Morena o un eventual movimiento hacia Tabasco sigue sin definirse. La decisión impacta directamente en el control territorial y en la operación política rumbo a 2027. En el partido adelantan que la señal se conocerá después de las elecciones de junio en Coahuila, donde se medirá al partido oficialista en un territorio de oposición.

@MarioMal

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