AMLO pone a sus incondicionales a buscar dinero

Mario Maldonado

Andrés Manuel López Obrador está desesperado por encontrar dinero para que su proyecto político se mantenga y trascienda el sexenio. La iniciativa para reformar la Ley de Presupuesto, la cual busca otorgarle de manera discrecional 10% del PEF para poder reasignarlo cuando haya una emergencia económica, es una de las tantas estrategias que tiene para que sigan sus programas clientelares y sus proyectos de infraestructura, todo con la intención de llegar en buena posición a las elecciones intermedias, que serán clave para que su autodenominada Cuarta Transformación perdure.

La crisis económica y petrolera dieron al traste con las expectativas de ingresos presupuestados para 2020, por lo que una de las primeras acciones que AMLO instruyó a su secretario de Hacienda, Arturo Herrera, fue la de revisar de dónde se podían obtener recursos. La respuesta fueron los fideicomisos públicos sin estructura orgánica que por decreto pasaron a las arcas del gobierno federal.

Pero oh, sorpresa. De los 200 mil millones de pesos que conservadoramente se estimaron tendrían a su disponibilidad, Hacienda sólo ha encontrado 16 mil millones, según le reveló Arturo Herrera al periodista Carlos Puig en una entrevista de televisión.

El otro proyecto fallido del gobierno, y que por el contrario se ha convertido en una bomba de tiempo que podría terminar de explotar pronto, se llama Pemex. López Obrador nunca esperó que los precios del petróleo cayeron tanto y que producir crudo dejara de ser rentable. Tan convencido estaba de que sería una buena caja chica para sus programas sociales y obras de infraestructura –y también para fines político-electorales– que mandó a dirigir a la empresa a su exoficial mayor, Octavio Romero, un ingeniero agrónomo cuya experiencia como administrador de empresas o financiero es la misma que la de AMLO: nula. Por eso quizá no suena increíble que Pemex haya perdido el grado de inversión y hoy sea vista por sus propios auditores externos como una empresa que no tiene viabilidad.

Una de las pocas funcionarias que le ha dado resultados a medias es Raquel Buenrostro, actual jefa del SAT y exoficial mayor de Hacienda. La matemática y maestra en Economía ocasionó cuellos de botella en las licitaciones públicas del gobierno federal, particularmente en las compras de medicamentos e insumos médicos, lo que provocó un desabasto de medicinas en el sector público. También adquirió, sin licitación de por medio, 671 pipas para Pemex por 92 millones de dólares que nadie sabe dónde están.

En su paso por el SAT, Buenrostro ha aplicado, con la venia del Presidente, la estrategia más fácil para recaudar impuestos: el terrorismo fiscal. En medio de la crisis sanitaria y económica, el organismo que dirige no sólo no ha dado facilidad para el pago de impuestos a empresas y personas físicas, sino que los ha exhortado a que paguen a tiempo y por las buenas, a reserva de proceder legalmente con todos los dientes que tiene para cobrar.

Asimismo, desde la máxima tribuna del país el Presidente ha amenazado a 15 grandes contribuyentes que dice le deben 50 mil millones de pesos al SAT, aunque no aclara si se trata de créditos fiscales que se pueden aplazar o litigar en los tribunales.

Como sea, la férrea jefa del SAT le entregó resultados a AMLO. En el primer trimestre del 2020 la recaudación aumentó en términos reales 13.4% a un billón de pesos. Sin embargo, la historia del segundo trimestre va ser muy diferente, pues según el Bank of America, la economía va a caer hasta 34% a tasa anual, lo que generaría un enorme un hoyo fiscal.

Ante este escenario, López Obrador jugó una de sus últimas cartas la semana pasada con el nombramiento de Horacio Duarte como nuevo administrador general de Aduanas. Duarte es uno de los principales operadores electorales de AMLO. Qué mejor que tenerlo al frente de una de las actividades más lucrativas para el gobierno –e infestada de corrupción–, la cual el año pasado generó una recaudación de un billón de pesos.

Se dice que con mano dura y convicción, esa cantidad podría aumentar al menos 50%, es decir que por fin AMLO estaría obteniendo los tan anhelados 500 mil millones de pesos que, según él, iban a aparecer mágicamente con la abolición de la corrupción en México.

Como se ve, el Presidente ha puesto al frente de los cargos más relevantes para los ingresos del país a algunos de sus más incondicionales. A López Obrador, que dice que no le importa el dinero, la realidad es que sí le importa y lo necesita para ganar elecciones y cumplir su mayor anhelo: que su proyecto de país logre trascender su sexenio.
 

@MarioMal
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