Entre la gloria y el proyecto

Mario Alberto Puga

Ahora que se cumplen tres años de gobierno de MORENA y, desde luego, de AMLO en la presidencia, es buen momento para reflexionar sobre lo actuado y lo que viene, donde a todas luces el presidente tendrá que optar entre buscar la gloria personal o la consolidación de un nuevo proyecto que apenas está sentando las bases, pero que requerirá -por lo menos- de un sexenio más para fortalecerse. Lo anterior, en virtud de que a estas alturas ambos propósitos se han vuelto incompatibles, luego de que algunas variables inesperadas han alterado los planes y programas iniciales y bifurcado el camino trazado en dos diferentes vías: la gloria o el proyecto.

Lo primero que hay que mencionar es el escenario que le ha tocado enfrentar a este gobierno, no previsto y no generado por él, caracterizado por una pandemia disruptiva y mortal que sorprendió no sólo a México, sino al mundo entero desde finales de 2019. En ese sentido, los resultados cuantitativos no serán objetivos en este trienio, si no ponderamos este hecho, ya que la crisis pandémica trastocó a la mayoría de las economías, convirtiéndose primero en una lucha por la supervivencia y, luego, por la recuperación y la resiliencia.

Desde esa perspectiva, es mejor hacer un balance cualitativo de estos primeros tres años de gobierno, y esperar al final para un análisis completo del sexenio, donde estoy seguro habrá logros, avances y pendientes, que definirán, sin duda alguna, la continuidad o no de la 4T.

El principal motivo que tiene AMLO para pensar en la gloria es su popularidad -por arriba del 60%-, que lo mueve siempre a pensar -con cierta razón- que la gente lo quiere y querrá por sobre todas las cosas. Sin embargo, en las elecciones intermedias de junio pasado se dio un fenómeno interesante: su popularidad no se tradujo necesariamente en mayores votos para el partido; por el contrario, bajó relativamente su porcentaje si se compara con 2018, al igual que tampoco atrajo nuevos votantes ni por él o el partido a pesar de su alta aceptación y los beneficios de los programas sociales.

La conclusión es que la popularidad de AMLO no se traduce obligatoriamente en votos para MORENA, por lo menos no en la misma proporción; tampoco los programas sociales, particularmente en la CDMX.

Existe una disociación entre AMLO y MORENA que hace que la gente no los vincule como lo mismo, y es ahí donde comienza la bifurcación.

Además, la gloria está llena de escollos, encarnados en demasiados enemigos, críticos y detractores que seguramente nunca le darán el reconocimiento e intensificarán sus posturas en aras de derrotarlo a él y, sobre todo, a su proyecto. La apuesta por la gloria, así a simple vista, parece muy alta para empecinarse en buscarla en los siguientes años para un personaje que todos los días suma enemigos y abre nuevos frentes de batalla que, de alguna forma, riñe o choca con el otro 30 - 40% de los mexicanos.

Me parece entonces que el proyecto es desde ahora más importante que cualquier intento por alcanzar la gloria personal, pues implica defender los avances y logros de su actual administración y, sobre todo, la consolidación de un gobierno y un estado que han dejado de ser botín de unos cuántos para convertirse en una opción para todos.

En mi opinión, el proyecto ha avanzado cualitativamente en sus cuatro grandes pilares: político, económico, social y seguridad.

En lo político, desde luego hay cambios significativos, tanto de estilo, como de forma y de fondo, lo que implica una verdadera transformación. La presidencia dejó de ser un juguete, un premio o un valioso botín -como sucedió en los tres últimos sexenios-, donde por primera vez en mucho tiempo, el poder presidencial se ve y se siente en todos los ámbitos de la vida, no de manera autoritaria como señala la oposición, sino de forma presencial y personalísima, pero democrática. En igual sentido, el gobierno y el estado se han depurado, tanto de una burocracia onerosa, como de instituciones que duplicaban los esfuerzos y las agendas, como parte de un proceso de reorganización y redefinición de prioridades, teniendo como marco la austeridad.

Para bien o para mal de algunos, sí ha habido un cambio cualitativo en lo político, quizá con excesos de un presidente que quiere hacer mucho en poco tiempo, pero con la intención siempre de avanzar. En consecuencia, se podría decir que la 4T ha desmantelado el estado botín en que se había convertido con los gobiernos del PRI-PAN a la cabeza. Guste o no, el gobierno y el estado mexicano se están reconfigurando para una sociedad que así lo reclama.

En lo económico, también hay noticias: a pesar de la gran contracción económica -más del 8% en 2020- a causa de la pandemia, se mantuvo la férrea disciplina fiscal y una economía sana y sin deuda, que han conservado estables la mayoría de los indicadores macroeconómicos, con lo que se evitó que la crisis de salud se convirtiera también en una crisis de consumo y/o financiera.

Si bien hubo graves consecuencias en algunos indicadores -crecimiento, empleo, salud, educación y pobreza-, los daños fueron menores a los esperados, y mucho menos a los señalados por los críticos y opositores, ya que el gobierno actuó responsablemente. Hoy se está en plena recuperación, donde la economía crecerá al 6% y los empleos volverán a como estaban antes al final de este año. Destaca el incremento del salario mínimo en 40% en este periodo que, por lo menos nos equipara ya con Centroamérica. Incluso, se lograron varios máximos históricos en medio de la pandemia.

En lo social, se han establecido una veintena de programas de apoyo hacia los más vulnerables, con lo que el estado y gobierno han definido claramente su vocación social para institucionalizar al mayor nivel posible un estado de bienestar que tendrá que afianzarse y mejorarse en los próximos años.

El tema de seguridad es necesario verlo por separado, por lo que sólo diré que también hubo cambios profundos en términos estructurales, institucionales y normativos, que buscan establecer una nueva estrategia integral y multidisciplinaria para abordar la problemática, a fin de no sólo enfrentarla, sino llegar a las causas y obtener resultados diferentes. Quizá su máximo logro en este trienio haya sido parar la curva de la violencia que, ahora que sabemos de curvas epidemiológicas, habrá que darle el mérito.

En conclusión, diría yo que mientras la oposición, críticos y detractores subrayan los malos resultados cuantitativos en estos tres primeros años, sin ponderar los efectos de una crisis pandémica, el gobierno de MORENA avanza cualitativamente al instaurar las bases de un nuevo estado y gobierno, de carácter social y de bienestar, con importantes trasformaciones en todos los ámbitos.

Entonces, más que buscar la gloria personal, creo que AMLO debe completar el proyecto, mediante las reformas que falten; concluir sus otros proyectos prioritarios en tiempo y forma; así como obtener buenos resultados en materia de seguridad: además de lograr la unidad del partido para elegir un sucesor o sucesora de manera transparente, que garantice la continuidad.

Si así lo logra, los resultados llegarán en consecuencia y quizá logre pasar a la historia -no la gloria abstracta- como un presidente que retomó el camino de un México extraviado y dividido entre los excesos de sus elites y las necesidades de las mayorías.
 

Mario Alberto Puga Politólogo y exdiplomático

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