Si bien la venta de IMEVISIÓN o televisión del Estado mexicano a manos privadas se inscribe claramente en el proceso de desincorporación de empresas públicas de 1993, impulsadas por el gobierno neoliberal en turno, el nacimiento de Televisión Azteca en ese año dio esperanzas a muchos para creer en una nueva televisión, con contenido distinto y, especialmente, con el objetivo de romper el monopolio de Televisa y competir sanamente por las audiencias.
Se podría decir que la creación de TV Azteca presagiaba no sólo el agotamiento de la era priista y, por tanto, de Televisa, que actuó todo ese tiempo como aparato ideológico del priismo, próximo a sucumbir, donde México estaba llamado a modernizarse, renovarse o transformarse, como otra bondad ofrecida por el neoliberalismo.
Los que detestábamos a Televisa, no sólo por su pobre contenido, sino por la multiplicación de estereotipos de la pobreza, la mentira y la corrupción al servicio del régimen, vimos con buenos ojos la creación de TV Azteca que, por lo menos, ofrecía una televisión diferente y hasta innovadora, que conectaría de otra forma con el televidente.
Sin mayor problema, TV Azteca atrajo al nuevo público -grupos de la clase media- con producciones de calidad, particularmente, comedias con temas y personajes distintos que atraparon al televidente, sediento de algo nuevo. Ahí recuerdo con cariño a la inolvidable comedia “Mirada de mujer”, con todos sus personajes, que, sin duda alguna, se adelantó a su época, esto es, a la época actual de las mujeres.
También se importaron series de Estados Unidos que hicieron historia, entre ellas, “Los Simpson”, que provocaron la perdida de la virginidad mental de nuestros hijos e hijas, sin dolor y hasta con cierto humor. Sin dejar de lado los noticieros con los periodistas preferidos y objetivos, los nuevos programas de espectáculos, así como la importante sección deportiva, encabezada todavía por José Ramón y todo su equipo de especialistas en el deporte.
Sin duda, TV Azteca se convirtió en una alternativa de calidad para la clase media y algunos grupos de abajo -los extelevisos-, que se atrevieron a dar el salto junto con la nueva televisora. En mi opinión,
ese salto lo debimos haber dado todos y dejar que Televisa muriera con todos los horrores al haberse convertido en cómplice del sistema priista durante buena parte del siglo XX, sin que yo recuerde, haya pedido perdón o siquiera disculpas por ese triste papel y, sobre todo, por el atraso provocado en la población, parte del subdesarrollo de este país.
Si bien, Televisa ha sabido adaptarse al nuevo México del siglo XXI, que la ha obligado a rediseñarse, sigue siendo una opción muy pobre -hoy multiplicada por todas las nuevas formas de televisión, plataformas y demás opciones para producir programación- para la gente que no tiene manera de defenderse o rechazarla y sin recursos para contratar cable.
Yo no sé en qué momento ese inicial impulso de TV Azteca se fue perdiendo -pues en 2006 salí nuevamente al extranjero-, donde el objetivo de una televisión diferente y para la clase media sucumbió, posiblemente ante la preferencia de las nuevas plataformas. Hoy la otrora orgullosa televisora del Ajusco está haciendo lo mismo que Televisa con lo que quedó de la clase media, a la que no solamente no consolidó como vanguardia de nuestra sociedad y reserva cultural de México, sino que, en algún momento, decidió que era más conveniente simplificar su vida y pensar por ellos, a través de sus muchos seudo intelectuales, que les dicen qué hacer, cómo vestir, qué leer, dónde estudiar, cómo gastar y, ahora, hasta por quién votar.
Las comedias propias y con contenido sucumbieron ante el adelanto de Colombia, Brasil y, ahora, hasta de Turquía, China y Japón, cuyas telenovelas son claramente mejores o, por lo menos, diferentes, y ante las cuales no pudieron competir, no sólo TV Azteca, sino también Televisa. En cuanto a noticieros, se transformó el formato tradicional y se dio paso a las mil noticias por minuto, donde uno no sabe ni retiene si fue el Papa o Trump el que mandó su bendición a México; si fue Guterres de la ONU o la activista Tumber la que predijo el fin del mundo; si fue AMLO o Fox el que prometió irse a la tiznada; o si fue Claudia o Xóchitl la que juró ir de rodillas a La Villa si ganaba la elección. Las caras bonitas y piernas atractivas han remplazado la inteligencia, la crítica sana y la experiencia.
Más allá de todo eso, la reclamación fundamental del suscrito tiene que ver con la forma y fondo en que la principal ventana del grupo empresarial Azteca -la televisión- está siendo usada hoy en día para manipular a la opinión pública, especialmente, lo que queda de la clase media de este país, que ha dejado de pensar por sí misma, a través de información negativa hacia el gobierno, noticias de nota roja, suavizada con rostros y piernas bonitas de sus conductoras y, sobre todo, con información falsa y frívola, donde la objetividad y el equilibrio informativo se han perdido. Hoy TV Azteca se ha frivolizado y derechizado y, por tanto, se ha convertido en una oposición política al gobierno, que debiera ser tratada como tal.
En ese sentido, TV Azteca se ha transformado en la Televisa de la clase media, donde el foco de atención son los ratings, la nota roja y los interminables anuncios comerciales, que violan flagrantemente los derechos humanos de las audiencias, además de una pobre programación, sin mencionar las cuantiosas deudas de todo el grupo.
Prueba de ello es que, a partir de 2018, el grupo empresarial Azteca quiso hacer lo mismo que Televisa y congraciarse con el gobierno de AMLO, pero al ver que no conseguiría la exención de impuestos a sus empresas, intensificó toda una batalla legal, que terminó en el momento en que la vieja corte desapareció y la nueva lo obligó a pagar los 32 mil millones de pesos que adeudaba al fisco mexicano. Igualmente, la ha orillado a iniciar todo un proceso de concurso mercantil, donde busca desesperadamente reestructurar su situación financiera o enfrentar la quiebra.
Por eso digo que TV Azteca es un proyecto fallido, que no rescató a las clases populares de las fauces de Televisa, no fortaleció a la nueva clase media, no mantuvo una programación diferente, de contenido, que formara un nuevo público, crítico y consciente. Al final, TV Azteca prefirió sustituir la calidad y el contenido de sus programas, además de la objetividad y seriedad de la información, por piernas bonitas, a fin de preservar el rating. Por eso, antes de cada programa en TV Azteca se grita: ¡ piernas al aire ¡
Mario Alberto Puga
Politólogo y exdiplomático
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

